John Churchill, I duque de Marlborough, I príncipe de Mindelheim, I conde de Nellenburg y príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico (Devon, Inglaterra, 26 de mayo de 1650-Windsor Lodge, 16 de junio de 1722) fue un militar, estadista y político inglés cuya carrera abarcó el reinado de cinco monarcas ingleses, entre mediados del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Fue uno de los más grandes generales de Inglaterra, liderando a los ejércitos británicos y aliados hacia importantes victorias sobre Luis XIV de Francia, durante la guerra de sucesión española, particularmente en Höchstädt (1704), Ramillies (1706) y Oudenaarde (1708).
Estas victorias consolidaron el surgimiento de Gran Bretaña como potencia de primera línea, mientras que su capacidad para mantener la unidad en la conflictiva coalición demostró sus habilidades diplomáticas. Los historiadores militares lo recuerdan a menudo tanto por sus habilidades organizativas y logísticas como por sus habilidades tácticas. Sin embargo, también fue fundamental para alejarse de la estrategia de guerra de asedio que había dominando la guerra de los Nueve Años. Churchill se ganó una reputación en Europa que no tuvo rival hasta el ascenso de Napoleón.
La célebre canción popular Mambrú se fue a la guerra procede de una deformación de la fonética de su título ducal. Fue antepasado del ex primer ministro británico Winston Churchill.
Al servicio de la familia Estuardo
John Churchill era hijo de sir Winston Churchill (1620-1688), miembro del Parlamento, que poseía propiedades pequeñas pero era lo suficientemente influyente en la corte de Carlos II como para poder mantener a sus hijos allí y en las fuerzas armadas. Tras la restauración en el trono de Carlos II en 1660, el padre de Churchill obtuvo un cargo político en Irlanda, a donde se desplazó con su familia. En 1665, la hermana mayor de John, Arabella, entró al servicio de la duquesa de York como dama de honor y pocos meses después, él mismo se convirtió en paje del marido de esta, Jacobo Estuardo (posteriormente Jacobo II). La pasión del duque de York por los temas navales y militares le llevaba a visitar frecuentemente los acantonamientos de tropas. Estas visitas favorecieron la decisión de John Churchill de convertirse en militar. A los diecisiete años, el 14 de septiembre de 1667, entró como alférez en la Primera Compañía de la Guardia Real.
En 1668, Churchill zarpó hacia el puerto norteafricano de Tánger que había pasado a manos de Inglaterra como parte de la dote de Catalina de Braganza, la esposa portuguesa de Carlos II. Allí permaneció tres años, ganando experiencia de campo en las constantes escaramuzas con los moros locales. John progresó rápidamente tanto en la corte como en el ejército, pero, al casarse por amor, siguió dependiendo durante toda su vida de su carrera en el servicio público para su sustento económico.
Entre 1672 y 1673 sirvió en la guerra franco-neerlandesa a las órdenes de Jacobo Estuardo. En 1672 fue nombrado capitán por su actuación en la batalla de Solebay combatiendo a la flota neerlandesa y en 1673 dirigió la primera oleada de fusileros que asaltaron la fortaleza. Su comportamiento le valió el reconocimiento tanto de la casa de Estuardo como la de los aliados del momento, los Borbones.
En 1673 el Parlamento inglés decidió dar por finalizada la participación de Inglaterra en esa guerra. No obstante, algunos regimientos ingleses continuaron sirviendo a las órdenes del rey de Francia, entre ellos el de John Churchill, que en 1674 fue nombrado coronel de uno de estos regimientos bajo el mando del Mariscal Turenne. Con su regimiento participó en las batallas de Sinsheim, Entzheim y Salzbach en junio de 1675, donde murió Turenne.
En 1675 volvió a Inglaterra donde se casó con Sarah Jennings, dama de honor de María de Módena, esposa de su señor, Jacobo de York. El matrimonio Marlborough se convirtió en un equipo triunfador. Lady Marlborough fue amiga íntima y confidente de dos reinas, lo que la convertía en una amiga poderosa y una enemiga temible. Este ascendiente sobre la soberana marcó decisivamente la carrera de su marido. Su influencia sobre la princesa Ana era pública y notoria y muchas figuras públicas de su época utilizaron su intermediación para conseguir algún favor de Ana.
Cuando en 1685 el duque de York se convirtió en Jacobo II, rey de Inglaterra, el hijo bastardo del difunto Carlos, James Scott, primer duque de Monmouth, apoyado por algunos conspiradores, reclamó lo que consideraba su derecho: la corona protestante de Inglaterra. El rey concedió el mando de las tropas reales a Louis de Duras, conde de Ferversham. Churchill se sintió agraviado por este nombramiento al que se consideraba acreedor. La rebelión campesina del duque de Monmouth, mal equipada y peor dirigida, fue aplastada en Sedgemoor el 6 de julio de 1685. Como reconocimiento por sus acciones durante la campaña, a Churchill se le concedió el lucrativo cargo de coronel de los “Life Guards”. Después de Sedgemoor tuvo que participar en las sangrientas persecuciones y represalias de los sediciosos, cosa que le repugnó hasta el punto de alejarlo progresivamente del que era su rey, patrón y amigo.
Gobernador de la Compañía de la Bahía de Hudson
Ver Compañía de la Bahía de Hudson, 1685-1692.
El conde de Marlborough continuó en el ejército, pero teniendo cuidado de no aparecer como excesivamente favorable al cada vez más intransigente fervor religioso del rey Jacobo. La insistencia de éste en reconducir las instituciones británicas hacia el catolicismo engendró un rechazo inicial entre sus súbditos, mayoritariamente protestantes, que condujo finalmente a una sedición abierta, la Revolución Gloriosa de 1688.
Guillermo de Orange desembarcó en Torbay el 5 de noviembre de 1688 y desde allí de desplazó con sus tropas hasta Exeter. Las tropas de Jacobo II, nuevamente al mando de Lord Feversham, se movieron a Salisbury, aunque muy pocos entre los oficiales estaban dispuestos a luchar. Incluso la princesa Ana, hija de Jacobo II, deseó suerte al rival de su padre uniéndose al invasor. En la localidad de Salisbury, Marlborough, anglicano leal, abandonó al rey católico para pasarse al bando del protestante Guillermo, dejando tras de sí una carta de disculpa destinada a su antiguo monarca.
En 1689, tras la victoria de Guillermo III y en los fastos de su ceremonia de coronación, John Churchill fue nombrado conde de Marlborough y consejero privado del nuevo rey. Ese mismo año estalló la guerra de los Nueve Años, que enfrentaba a la Francia de Luis XIV contra la Liga de Augsburgo, la cual sería conocida con el nombre de la Gran Alianza, tras el ingreso de Inglaterra.
El conde de Marlborough sirvió en Flandes e Irlanda. No obstante las relaciones del conde y su influyente esposa Sarah con la familia real fueron distantes. El 20 de enero de 1692, el conde de Nottingham, Secretario de Estado, ordenó a Marlborough renunciar a todos sus cargos civiles y militares, le expulsó del ejército y le prohibió la entrada en la corte. No se dio ninguna explicación pública de las razones que habían llevado a esta decisión.
Los rumores de una invasión francesa se hicieron más fuertes en la primavera de 1692. La reina ordenó que todos los signatarios de una carta de apoyo al partido jacobita fueran detenidos, basándose en una supuesta correspondencia entre algunos nobles ingleses y el exiliado rey Jacobo. El 14 de mayo Marlborough fue apresado y enviado a la Torre de Londres como uno de los firmantes. Allí permaneció por un periodo de cinco semanas, hasta que se llegó a la conclusión de que las cartas entre el rey Jacobo y los nobles, que habían sido presentadas por Robert Young, eran en realidad una falsificación. Marlborough fue puesto en libertad y rehabilitado. Sin embargo, el conde continuó manteniendo contactos con Jacobo II, lo que condujo al “incidente de Cameret-sur-mer”.
Los aliados habían planeado el ataque de Brest, el principal puerto francés en el golfo de Vizcaya. Los servicios de inteligencia franceses alertaron del asalto, lo que dio tiempo al mariscal Vauban para reforzar las defensas e incrementar la guarnición. El 18 de junio el desembarco, al mando del general inglés Thomas Tollemache, terminó en un fracaso completo: la mayor parte de las tropas fueron muertas o capturadas y Tollemache murió poco después a consecuencia de las heridas.