John Adams (Braintree; 30 de octubre de 1735-Quincy; 4 de julio de 1826) fue un estadista, abogado, diplomático y escritor estadounidense y padre fundador que se desempeñó como primer vicepresidente (1789-1797) y segundo presidente de los Estados Unidos (1797-1801). Fue abogado, diplomático, teórico político y líder del movimiento por la independencia de los Estados Unidos. También fue un cronista y corresponsal dedicado, particularmente con su esposa y asesora más cercana, Abigail.
Adams llegó a la prominencia en las primeras etapas de la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Como delegado de Massachusetts al Congreso Continental, desempeñó un papel importante en persuadir al Congreso para declarar la independencia, y ayudó a Thomas Jefferson en la redacción de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776. Como representante del Congreso en Europa, fue uno de los negociadores principales del Tratado de París (1783) con Gran Bretaña, y uno de los principales responsables de la obtención de préstamos importantes de banqueros de Ámsterdam. Teórico político e historiador, Adams escribió en gran medida la Constitución de Massachusetts en 1780, pero estaba en Europa cuando la Constitución federal se redactó en principios similares. Uno de sus grandes papeles se dio a la hora de elegir a personas para distintos cargos: en 1775, nombró a George Washington como comandante en jefe del Ejército Continental, y, veinticinco años más tarde, nombró a John Marshall como presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.
Las credenciales revolucionarias de Adams le aseguraron dos mandatos como vicepresidente de George Washington y su propia elección en 1796 como el segundo presidente de la nación. Durante su mandato presidencial, se encontró con feroces ataques por parte del Partido Demócrata-Republicano de Thomas Jefferson, así como la facción dominante de su propio partido, el Partido Federalista liderado por su acérrimo enemigo Alexander Hamilton. Adams firmó las polémicas Actas de sedición y extranjeros, y construyó el Ejército y la Marina, especialmente en el contexto de la guerra naval no declarada llamada Cuasi Guerra con Francia, desarrollada entre 1798 y 1800. El gran logro de su presidencia fue la solución pacífica de la Cuasi-Guerra frente a la oposición belicista de Hamilton.
En 1800, Adams fue derrotado en la reelección por Thomas Jefferson y se retiró a Massachusetts. Más tarde reanudó su amistad con Jefferson. Él y su esposa, Abigail Adams, fundaron una línea familiar de políticos, diplomáticos e historiadores en los Estados Unidos. Fue el padre de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos. El 4 de julio de 1826 falleció a los 90 años, el mismo día del 50.º Aniversario de la Declaración de Independencia. Ese mismo día, horas antes, había muerto Thomas Jefferson. Paradójicamente, las últimas palabras de John Adams fueron: «Thomas Jefferson está vivo».
Sus logros han recibido mayor reconocimiento en los tiempos modernos, a pesar de que sus contribuciones no fueron inicialmente tan célebres como las de los otros Padres Fundadores.
John Adams, Jr. fue el mayor de tres hijos. Nació el 30 de octubre de 1735 en la localidad de Quincy (Massachusetts), que en 1792 se separaría de Baintree. Sus padres fueron John Adams, Sr y Susanna Boylston. El lugar de nacimiento de Adams es ahora parte del Parque Histórico Nacional Adams. Su padre, también llamado John (1691-1761), era descendiente por quinta generación de Henry Adams, quien emigró de Braintree (Inglaterra) en 1638. Era descendiente de un galés llamado John Ap Adams. Su padre era un agricultor, diácono de la iglesia congregacionalista (es decir, puritano), teniente de la milicia y concejal que se dedicaba a supervisar las escuelas y carreteras. Su madre, Susanna Adams Boylston, era una descendiente de los Boylston de Brookline.
Adams nació en una familia modesta, pero sentía profundamente la responsabilidad de vivir de acuerdo a su herencia familiar: la generación fundadora de puritanos, que llegó al Nuevo Mundo en la época colonial de 1630 y se estableció en América. Los puritanos de la Gran migración «creían en la vida según la Biblia. La Inglaterra bajo los Estuardo era como Egipto, y ellos eran Israel huyendo... para establecer un refugio de piedad, una ciudad sobre la colina». En el momento del nacimiento de John Adams en 1735, dogmas puritanos tales como la predestinación ya no eran tan ampliamente aceptados, y muchas de sus prácticas más estrictas se habían suavizado con el tiempo, pero John Adams «los consideraba portadores de la libertad, una causa que todavía tenía una sagrada urgencia». Fue un sistema de valores en los que creía, y un modelo heroico en el que deseaba estar a la altura.
El joven Adams fue a la Universidad de Harvard a los dieciséis años de edad en 1751. Su padre esperaba que se convirtiera en clérigo, pero Adams tenía dudas. Después de graduarse en 1755, fue profesor de escuela por algunos años en Worcester, lo que le permitió darse un tiempo para pensar en la elección de su carrera. Después de mucha reflexión, decidió convertirse en abogado y estudió derecho en la oficina de James Putnam, un prominente abogado de Worcester. En 1758, Adams fue admitido en la abogacía. Desde temprana edad, desarrolló el hábito de escribir las descripciones de los acontecimientos que observaba y las impresiones de los hombres están dispersas a través de su diario. Desarrolló habilidad y buen oficio como abogado, a menudo registrando casos con los que pudiera estudiar y reflexionar. Su informe de 1761 sobre el argumento de James Otis en el tribunal superior de Massachusetts, en cuanto a la legalidad de la Orden de asistencia es un buen ejemplo. El argumento de Otis inspiró a Adams para la causa de las colonias americanas.
El 25 de octubre de 1764, cinco días antes de cumplir 29 años, se casó con Abigail Smith Adams (1744-1818), su prima tercera e hija de un ministro de la Congregación, el reverendo William Smith, en Weymouth, Massachusetts. Sus hijos fueron Abigail (1765-1813), el futuro presidente John Quincy (1767-1848), Susanna (1768-1770), Charles (1770-1800), Thomas (1772-1832) y la niña muerta al nacer Elizabeth (1777).
Adams no era un líder popular como su primo segundo, Samuel Adams. En cambio, su influencia surgió a través de su trabajo como abogado constitucionalista y su capacidad para el análisis exhaustivo de ejemplos históricos, junto con su profundo conocimiento de la ley y su dedicación a los principios del republicanismo. Adams encontraba a menudo que su conflictividad innata como abogado era un obstáculo en su carrera política.
Vida política antes de la Revolución
Oposición a la Ley del Sello de 1765
Adams primero saltó a la fama como un opositor a la Ley del Sello de 1765 (Stamp Act), que fue impuesta por el Parlamento británico sin consultar a las asambleas de las colonias. Los americanos protestaron con vehemencia dado que la medida violaba sus derechos tradicionales como ingleses. La resistencia popular, como se observó más tarde, fue provocada por un sermón numerosas veces reimpreso del reverendo de Boston, Jonathan Mayhew, donde interpretaba un pasaje bíblico (Epístola a los romanos, 13) en el que aclaraba el principio de la justa insurrección.
En 1765, Adams redactó las instrucciones que fueron enviadas por los habitantes de Baintrée a sus representantes en la asamblea de Massachusetts, y que sirvió de modelo para otras ciudades a la hora de dar instrucciones a sus representantes. En agosto de 1765, contribuyó de forma anónima con cuatro artículos notables en The Boston Gazette (reeditados en The London Chronicle en 1768 como «Los verdaderos sentimientos de América», también conocido como «Una disertación sobre el derecho canónico y feudal». En los escritos sugirió que había una conexión entre las ideas protestantes que los antepasados puritanos de Adams habían llevado a Nueva Inglaterra y las ideas detrás de su resistencia a aceptar la Ley del Timbre. En el primer caso, explicó que la oposición de las colonias a la Ley del Sello se debía a que esta privó a los colonos norteamericanos de dos derechos básicos garantizados a todos los ingleses y que todos los hombres libres merecían: los derechos a la libertad de prensa, ya que con la Ley del Sello se obliga a que todos los escritos que se publicasen llevasen un sello fiscal que se debía pagar como un impuesto en moneda británica válida y no en papel moneda colonial, y el derecho a ser juzgados por un jurado de sus iguales.