Tal Día como Hoy

Johann Gottfried Herder

Filósofo, teólogo y crítico literario alemán

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Johann Gottfried von Herder (Mohrungen, 25 de agosto de 1744-Weimar, 18 de diciembre de 1803) fue un filósofo, teólogo y crítico literario alemán, cuyos escritos contribuyeron a la aparición del romanticismo alemán. Como instigador del movimiento conocido como Sturm und Drang (“tormenta e ímpetu”), la vertiente alemana del prerromanticismo europeo, inspiró a muchos escritores, entre ellos, y muy especialmente, al joven Johann Wolfgang von Goethe, a quien conoció en Estrasburgo en 1770 y que posteriormente se convertiría en la principal figura del clasicismo literario alemán, por lo que se distanciaría notablemente del romanticismo de Herder.

De unos padres fervorosamente pietistas, estudió Teología en la Universidad de Königsberg y fue muy influido, por un lado, por el catedrático y filósofo alemán Immanuel Kant y, por el otro, por el contrailustrado Johann Georg Hamann. Entre las primeras obras críticas de Herder se encuentran los Fragmentos acerca de la literatura alemana moderna (1766-1767), que preconizaba la emancipación de la literatura alemana de las influencias extranjeras. En 1769 se embarcó en un viaje por mar que, con sucesivas escalas, lo llevó de Riga a París, cuyas impresiones escritas constituyen un testimonio de los ideales prerrománticos que después cristalizaron en el nacimiento del Sturm und Drang.

Herder mostraba su deseo de emancipación a través de poema y dramas, con un personaje principal caracterizado por un héroe, el cual era dominado por emociones incontroladas y rodeado por conflictos. Tuvo una importante recepción en el Romanticismo alemán, aunque la mayoría de los románticos no lo reconocieron explícitamente. Murió el 18 de diciembre de 1803 en Weimar.

Herder impulsó una ruptura con lo tradicional como monolito autoritario: para él, la razón viva y la naturaleza como movimiento eran lo que impulsaban la vida y conciencia de los pueblos, que a su vez impulsaban la vida y conciencia de las personas.

Herder se opone como su modelo Hamann a la idea ilustrada de la razón, pues el hombre es un organismo completo y no se lo puede fragmentar: la naturaleza dinámica es la verdad del sujeto, la vida pasada es algo oscuro pero creador, y la naturaleza pasa a ser algo inquietante y angustiante, con un núcleo fundamental inefable (en oposición al racionalismo y al empirismo).

Para alcanzar esta ruptura, Herder decidió crear dos movimientos:

El primer movimiento literario que ocasionó la revolución de la literatura alemana, conocido como Sturm und Drang (tormenta e ímpetu), adquirió su nombre gracias a la obra teatral Tormenta de Friedrich Maximilian Klinger. Se manifiesta por primera vez en la novela de Goethe, “Die Leiden des jungen Werthers” (Las desventuras del joven Werther, 1774), donde el héroe, cargado de sentimientos de desamor, decide suicidarse.

Por ello, en la siguiente generación se crea una ruptura con el mundo neoclásico. Muchos jóvenes como Goethe y románticos alemanes fueron influenciados por los estudios de este crítico literario, se interesaron por la poesía nacional y popular de los pueblos primitivos, contribuyendo a desarrollar más el uso de elementos nacionales o populares con el objetivo de restaurar una literatura alemana y excluir a la poética francesa, desembocando en el segundo movimiento conocido como Expresionismo alemán.

El expresionismo alemán y el sturm und drang fueron las ideas que permearon el romanticismo en Alemania, donde el lenguaje se entendía como una forma de articular ideas y pensamientos, y no solo para expresar sentimientos. Otros planteamientos que aportaron peso a esta revolución también se ven arraigados en la vida y el pensamiento de Herder:

Herder consideraba a la imaginación como forma creadora, es por ello que para él, el poeta era como un dios creador. Y esto era revolucionario en su época, porque rechaza la idea de que la inspiración puede ser tenida como una inspiración divina, afirmando que la creación reside en el propio poeta, como un dios que crea a partir de la nada, y por eso niega la tradición. Él está en contra de la Ilustración, negando que la literatura deba seguir unas pautas o unos modelos predeterminados, sino únicamente la inspiración del genio, enraizado en su época y su entorno cultural. Pone en duda la vigencia de la tragedia griega como modelo de todo teatro, pues para él cada literatura está enraizada en sus circunstancias concretas, y solamente puede comprenderse desde ellas. Con ello, Herder será uno de los precursores del relativismo cultural, aunque sigue manteniendo la idea —inspirada por Kant y la Ilustración— de la unidad profunda de la humanidad, que es manifestada en la diversidad.

Otro planteamiento de Herder fue que el lenguaje necesita adquirir una voz. Afirma que el lenguaje es algo activo y creador, capaz de expresar pasiones y emociones, como una fuerza positiva del pensamiento, y llega a la conclusión que la razón nunca será suficiente para el texto, es decir, una persona no puede separarse de su contexto: predomina el lenguaje, que no nos sirve solo para transmitir ideas, sino que es algo vivo que centra sentimientos y razón. La razón está unida al lenguaje y no se puede pensar sin lenguaje, pero para Herder no es algo artificial en el hombre, sino que es una creación espontánea y popular: el lenguaje no es un mero instrumento, como afirmarían ciertos ilustrados, sino que tiene vida propia. Concluye que no hay un solo lenguaje, sino varios como el metafórico o incluso otro anterior basado en gritos o gestos. A medida que el lenguaje se vuelve más reflexivo, pierde interés, y por eso Herder investiga sobre las obras literarias más antiguas.

Por otra parte, para él, el verdadero creador literario simbolizaba pasiones incluso sin ser su objetivo, representaba las ideas de Platón y de Aristóteles sin saberlo: un autor presenta unas verdades universales, sin ser concreto y específico. Así es como el romántico pide la pérdida de la razón para ser totalmente libre, porque la realidad es una limitación para el proceso creativo, mediante la imaginación.

Además, Herder fundará el estudio de la Filología Eslava. Herder rechaza la idea del gusto, con el que se medía la belleza de las obras de arte en el siglo XVIII. Herder plantea que no hay ideales del gusto, sino que estos dependen de cada cultura y momento histórico. El arte también puede servir para conocer el momento histórico y cómo eran los hombres antiguos. La poesía (arte) no es para Herder la poesía de un autor individual, sino que es el Espíritu del Pueblo que, cargado de la sangre del pueblo, explota en el Espíritu del Poeta. Los valores son relativos y cada cultura tiene su centro de gravedad dentro de esa misma cultura, y a veces está alejada de las demás; por ese motivo hay que estudiarlas desde dentro. Los aspectos culturales tienen un valor por sí mismos, por ejemplo, el gótico o la poesía medieval, que en el siglo XVIII habían perdido valor.

En 1773 Sobre el estilo y el arte alemán, escrito en colaboración con Goethe— fue un canto a la literatura popular, a la poesía de William Shakespeare y Homero y a desarrollar la idea concebida por Herder del Volksgeist (‘espíritu del pueblo’), expresada en la lengua y la literatura de una nación. El carácter nacional de la literatura española le interesó mucho y realizó una versión del Cantar de mío Cid.

En 1776, Herder consiguió, con la ayuda de Goethe, un cargo estatal en Weimar. Allí escribió su obra más importante, los cuatro volúmenes del estudio Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad (1784-1791), en la que intenta demostrar que la naturaleza y la historia humana obedecen a las mismas leyes y que, con el tiempo, las fuerzas humanas antagónicas se reconciliarán. Aunque inacabado, este tratado encarna la mayoría de las ideas de Herder y ha quedado como su contribución más importante a la filosofía. Destaca también su Ensayo sobre el origen de la lengua (1770, publicado en 1772), escrito como respuesta a una pregunta planteada por la Academia de las Ciencias de Berlín, la cual finalmente premió y publicó la obra. En ella, Herder aborda el origen de la lengua desde un punto de vista antropológico, rechazando la teoría del origen divino de esta según Johann Peter Süßmilch. Así, Herder explica el surgimiento del lenguaje como un acto inherente al ser humano en cuanto animal racional y desprovisto por tanto de los instintos unívocos propios de los animales, que necesita comunicarse para poder sobrevivir y autoafirmarse como especie en el mundo.

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