Tal Día como Hoy

Jesús Moncada

Escritor español

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Jesús Moncada Estruga (Mequinenza, 1 de diciembre de 1941-Barcelona, 13 de junio de 2005) fue un escritor español en lengua catalana.

Considerado uno de los autores en catalán más importantes de su época, recibió varios premios por su obra, entre otros el Premio Ciudad de Barcelona o el Premio Nacional de la Crítica en 1989 por Camí de sirga (Camino de sirga) o la Creu de Sant Jordi, otorgada por la Generalidad de Cataluña en el año 2001. En el 2004 recibió el Premio de las Letras Aragonesas que recogió unos meses antes de su muerte.

Jesús Moncada es uno de los autores más traducidos de la literatura en catalán contemporánea. Camí de sirga ha sido traducido a quince idiomas, entre ellos el japonés y el vietnamita. Moncada también tradujo al catalán numerosas obras en español, francés e inglés, de autores como Guillaume Apollinaire, Alejandro Dumas, Jules Verne y Boris Vian.

Infancia y juventud en Mequinenza

Jesús Moncada nació el 1 de diciembre de 1941 en la antigua Mequinenza, una localidad situada junto a la confluencia de las aguas los ríos Ebro, Segre y Cinca perteneciente a la comarca del Bajo Cinca, en la provincia de Zaragoza. Fue el hijo primogénito del matrimonio formado por José Moncada y María Estruga. Vivía en una casa situada en la esquina de la calle de Zaragoza con el callejón de San Francisco, de la que todavía se pueden ver sus ruinas. Los padres tenían una tienda y el padre, además, junto con unos socios, era propietario de un molino de aceite. En la tienda, de boca de clientes y transportistas, empezó a oír de niño historias sobre el río y el pueblo, anécdotas que le divertían, al tiempo que le despertaban la imaginación, como lo harían más tarde las que se contaban en las tertulias de los cafés.

Tenía al alcance una buena biblioteca familiar y sintió, desde muy pequeño, una gran afición por la lectura, la escritura y el dibujo. Moncada siempre recordó la infancia como una época muy feliz que transcurrió enmarcada en un espacio formado por las minas de la cuenca de Mequinenza, el castillo y los ríos, especialmente del Ebro, el eje de toda la vida económica de los aldeanos y al mismo tiempo, un mundo casi mágico para a las criaturas donde el pequeño Moncada iba con los amigos a pescar, a nadar y a navegar. Y, de hecho, la fascinación que sintió por el mundo del río se evidenció a lo largo de sus libros. No es de extrañar, pues, que años después, al ver amenazada la pervivencia de este mundo por las construcciones de los embalses de Mequinenza y Ribarroja que debían dejar una parte de la población sumergida, comenzara a recoger información mediante largas conversaciones con calafates y navegantes; material que, posteriormente, le resultaría muy útil para los libros, tanto a la hora de servirse del léxico propio del río, como en el momento de caracterizar los personajes que aparecen.

Zaragoza y retorno a Mequinenza

En el momento en que ya no pudo continuar preparándose en Mequinenza, los padres optaron por un internado laico de Zaragoza, ya que en Lérida sólo los había religiosos. El colegio elegido fue el centro Santo Tomás de Aquino, fundado por el padre del diputado y cantante José Antonio Labordeta y del poeta Miguel Labordeta; un centro de carácter liberal en el que un Moncada adolescente recibió su primer premio literario: el libro Memorias de infancia y juventud de Ramón y Cajal, por la recreación de una leyenda mequinenzana. En Zaragoza, donde estudió entre los años 1953 y 1958, terminó el bachillerato elemental y mientras hacía el bachillerato superior estudió Magisterio.

Una vez terminada la carrera de Magisterio, con Premio Extraordinario, solicitó una plaza de maestro interino en Mequinenza, pero se la denegaron porque todavía no había cumplido dieciocho años. Pudo empezar a trabajar como ayudante de maestro, ya que la plaza había quedado desierta. Más tarde, a pesar de haber ganado las oposiciones, renunció a la plaza que le tocaba en un pequeño pueblo y prefirió ejercer un par de meses en un centro de Zaragoza hasta que tuvo que hacer el servicio militar. Finalizado el servicio militar, volvió a Mequinenza consciente, sin embargo, que lo que a él realmente le gustaba era pintar y escribir.

Siguiendo los consejos de Edmon Vallès, historiador, ensayista y traductor mequinenzano, Moncada se trasladó a Barcelona en septiembre de 1966 con la intención de dedicarse plenamente a la pintura y la literatura. Los inicios, sin embargo, no fueron nada fáciles para el proyecto editorial en el que Edmon Vallès confiaba encontrar un puesto de trabajo no salió adelante y Moncada se encontró sin trabajo, lejos de la familia y en un lugar que le resultaba del todo ajeno. Pasó el primer año en la ciudad Condal trabajando en el taller de un pintor mequinenzano, Santiago Estruga. Dividían la jornada en dos partes, dedicaban la mañana a hacer pintura comercial para ganarse la vida ─cuadros para colgar sobre el tresillo, recordaba él riendo─ y la tarde en el tipo de pintura que les gustaba. Cuando acababan, aún le quedaba tiempo y ganas para ir a estudiar grabado en la Escuela de Artes del Libro.

Un año más tarde gracias al mequinenzano Edmon Vallés, tuvo la oportunidad de entrar en la editorial Montaner y Simón donde buscaban alguien que se encargara de revisar la traducción de una enciclopedia juvenil de Mondadori. Le contrató Pere Calders, que hacía poco que había retornado del exilio en México y trabajaba como jefe del departamento de producción. Moncada, que aún no había escrito nada desde que se había instalado en Barcelona, escribió lo que sería su primer cuento en lengua catalana: "Joc de Caps". A Pere Calders le gustó mucho aquel primer cuento y animó a continuar escribiendo y continuar incorporando a las narraciones formas genuinas del habla de Mequinenza. Durante mucho tiempo, al terminar el horario laboral, se quedaban los dos a la editorial a escribir o se iban juntos al Ateneu Barcelonés. Comentaban lo que escribían y Calders, en aquellos primeros tanteos con el catalán, le ayudaba en el aprendizaje de la ortografía.

Fue presentándose a premios literarios a fin de dar a conocer las narraciones y conseguir que alguna editorial se interesara por editarlas. Con "La lluna, la pruna" ganó el Premio Brugués (1970), con la recopilación "Historias de la mano izquierda" el premio Joan Santamaria (1971), con "Crónica del último ron" el segundo premio de la Crida de la revista Serra d'Or (1971) y con "Narraciones del Ebro" el Premio Jaume March (1980). El primer texto que le publicaron fue "Crónica del último ron", que salió en la revista Serra d'Or de marzo de 1971, narración donde ya se pueden observar algunas de las claves del mundo literario Moncada.

Poco a poco, sin embargo, fue dándose cuenta de que dada su manera de trabajar lenta y meticulosa no podía continuar dedicándose simultáneamente a la pintura y a literatura una vez acabada la jornada laboral. Finalmente, animado por los premios literarios y la publicación en Ediciones de la Magrana de su primer libro "Historias de la mano izquierda y otras narraciones" ─que reunía diecisiete narraciones─, se decantó por dejar de lado la obra plástica y dedicar las horas que el trabajo le dejaba libres a escribir. Esto le permitió publicar cuatro años más tarde el segundo libro de cuentos: "El Café de la Rana".

Siempre recordó el paso por la editorial Montaner y Simón como una etapa muy enriquecedora tanto para la gente que trabajaba: Pere Calders y Josep Soler, como por la gente que los iba a ver: Avel·lí Artís Gener "Tísner", Félix Cucurull, Xavier Benguerel, el escultor Giménez Botey... y las anécdotas que vivió. Y, de hecho, cuando enfermó estaba trabajando en una novela que llevaba el título provisional de "Dante S.L.", donde pensaba recrear el ambiente vivido durante aquellos años. La novela quedó inacabada, ya que le diagnosticaron un cáncer de pulmón en otoño de 2004 y murió en una clínica de Barcelona el 13 de junio de 2005. A petición del autor, sus cenizas fueron llevadas a Mequinenza y fueron dipositadas en el solar que había ocupado su casa en el Pueblo Viejo de Mequinenza. El 9 de julio se le concedió a título póstumo la distinción de "hijo predilecto" de Mequinenza.

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