Jean-François Champollion, conocido como Champollion el Joven (Figeac, departamento de Lot; 23 de diciembre de 1790-París, 4 de marzo de 1832), fue un historiador (lingüista y egiptólogo) francés, considerado el padre de la egiptología por haber conseguido descifrar la escritura jeroglífica gracias principalmente al estudio de la piedra de Rosetta. Se doctoró en Historia Antigua por la Universidad de Grenoble. Niño prodigio en filología, dio su primer artículo público sobre el desciframiento del demótico en 1806, y ya de joven ocupó muchos puestos de honor en círculos científicos y hablaba copto y árabe con fluidez.
A principios del siglo XIX, la cultura francesa experimentó un período de "egiptomanía", provocada por los descubrimientos de Napoleón en Egipto durante su campaña allí (1798-1801), que también hizo aparecer la piedra de Rosetta trilingüe. Los eruditos debatieron la edad de la civilización egipcia y la función y naturaleza de la escritura jeroglífica, qué idioma registraba, si es que lo había, y el grado en que los signos eran fonéticos (que representan los sonidos del habla) o ideográficos (registrando conceptos semánticos directamente). Muchos pensaron que la escritura solo se usaba para funciones sagradas y rituales, y que como tal era poco probable que fuera descifrable ya que estaba ligada a ideas esotéricas y filosóficas, y no registraba información histórica. La importancia del desciframiento de Champollion fue que mostró que estas suposiciones eran incorrectas e hizo posible comenzar a recuperar muchos tipos de información registrada por los antiguos egipcios.
Champollion vivió en un período de agitación política en Francia que continuamente amenazaba con interrumpir su investigación de varias maneras. Durante las guerras napoleónicas, pudo evitar el servicio militar obligatorio, pero sus lealtades napoleónicas significaron que fuera considerado sospechoso por el posterior régimen realista. Sus propias acciones, a veces descaradas e imprudentes, no ayudaron en su caso. Le ayudaron sus relaciones con importantes figuras políticas y científicas de la época, como Joseph Fourier y Silvestre de Sacy, aunque en algunas épocas vivió exiliado de la comunidad científica.
En 1820, Champollion se embarcó en serio en el proyecto de desciframiento de la escritura jeroglífica, que pronto eclipsó los logros del erudito británico Thomas Young, quien había hecho los primeros avances en el desciframiento antes de 1819. En 1822, Champollion publicó su primer avance en el desciframiento de Rosetta, jeroglíficos, que muestran que el sistema de escritura egipcio era una combinación de signos fonéticos e ideográficos, la primera escritura de este tipo descubierta. En 1824, publicó un Précis en el que detalló un desciframiento de la escritura jeroglífica demostrando los valores de sus signos fonéticos e ideográficos. En 1829, viajó a Egipto, donde pudo leer muchos textos jeroglíficos que nunca antes se habían estudiado, y se llevó a casa una gran cantidad de nuevos dibujos de inscripciones jeroglíficas. De nuevo a casa le dieron una cátedra en Egiptología, pero solo dio unas pocas conferencias antes de que su salud, arruinada por las dificultades del viaje a Egipto, lo obligara a dejar la enseñanza. Murió en París en 1832, a los 41 años. Su gramática del Antiguo Egipcio se publicó póstumamente.
Durante su vida, así como mucho después de su muerte, se llevaron a cabo intensas discusiones entre los egiptólogos sobre los méritos de su desciframiento. Algunos lo criticaron por no haber dado suficiente crédito a los primeros descubrimientos de Young, acusándolo de plagio, y otros cuestionaron durante mucho tiempo la exactitud de sus desciframientos. Pero los hallazgos posteriores y las confirmaciones de sus lecturas por parte de los académicos que se basaron en sus resultados llevaron gradualmente a la aceptación general de su trabajo. Aunque algunos todavía argumentan que debería haber reconocido las contribuciones de Young, su desciframiento ahora es universalmente aceptado y ha sido la base para todos los desarrollos posteriores en el campo. En consecuencia, se le considera como el "fundador y padre de la egiptología".[cita requerida]
Jean-François Champollion nació el 23 de diciembre de 1790 en Figeac, un pueblo de la región de Mediodía-Pirineos, y fue bautizado ese mismo día en la Iglesia de Nuestra Señora del Puy. Su padre, Jacques Champollion, procedía de Valbonnais, una pequeña población cercana a Grenoble, y se había dedicado a la venta ambulante de libros hasta que se trasladó a Figeac y consiguió abrir su propia librería en la plaza del mercado. Allí conoció a Jeanne-Françoise Gualieu, una chica de buena familia aunque analfabeta, con quien se casó en 1773 cuando ambos tenían treinta años. Jean-François fue el último de sus siete hijos y tuvo tres hermanos: Jacques-Joseph, Guillaume, muerto al nacer, y Jean-Baptiste, fallecido cuando tenía dos años; además de tres hermanas: Thérèse, Pétronille y Marie-Jeanne.
Nacido en plena Revolución francesa, hasta los siete años no recibió ninguna educación formal ya que las escuelas, casi todas regentadas por órdenes religiosas, habían sido cerradas. Con su madre frecuentemente enferma y con un padre ausente debido a sus viajes laborales, Jean-François estuvo al cuidado de su hermano Jacques-Joseph, doce años mayor que él, y de sus tres hermanas mayores. Intentó aprender a leer, escribir y dibujar por su cuenta, hasta que Jacques-Joseph, autodidacta e interesado por la historia antigua, comenzó a darle clases, pero pocos meses después, en julio de 1798, tuvo que trasladarse a Grenoble, donde su padre le había conseguido trabajo. En noviembre ingresó en la escuela primaria, que había reabierto de nuevo, pero aunque muy inteligente, no conseguía adaptarse a la exigencia escolar, era flojo en ortografía y tenía aversión a algunas asignaturas, sobre todo a las matemáticas, así que por sugerencia de su hermano se le consiguió un profesor particular. El elegido fue Dom Calmels, un benedictino con el que hizo grandes progresos en el estudio del latín y del griego, aunque seguía manteniendo una actitud errática y, cuando Calmels juzgó que no podía enseñarle nada más, sugirió a Jacques-Joseph que para desarrollar su talento tendría más oportunidades en Grenoble. Champollion llegó a Grenoble en marzo de 1801, recién cumplidos los diez años, y con el tiempo llegaría a considerar la ciudad como su verdadero hogar por delante incluso de Figeac.
Jacques-Joseph por aquel entonces se había cambiado el apellido por Champollion-Figeac y a Jean-François también le llamaron a veces así, pero el prefería diferenciarse como «Champollion le Jeune» (Champollion el Joven). Su hermano primero le asignó un profesor particular y después le dio clases el mismo hasta que, en noviembre de 1802, lo matriculó en la escuela privada del abate Dussert, una de las mejores y más caras de Grenoble. Allí solo estudiaba idiomas (para las demás materias asistía a la escuela central) y al cabo de su primer curso había hecho tantos progresos en latín y griego que comenzó también a estudiar hebreo, árabe, siríaco y caldeo.
A los doce años de edad conoció a Jean-Baptiste Joseph Fourier, que había sido nombrado prefecto del departamento de Isère a principios de 1802, poco después de haber regresado de la expedición de Napoleón a Egipto. Fourier, que había trabajado en el Instituto de Egipto en El Cairo y estaba encargado de redactar el prefacio a la monumental Descripción de Egipto (Description de l'Égypte), se encontró con Champollion en una de sus visitas de inspección a las escuelas e, impresionado por su interés en Egipto, lo invitó a la prefectura para que viera su colección de antigüedades. Después de contemplar los hasta ese momento incomprensibles jeroglíficos salió de allí no solo decidido a intentar descifrarlos sino convencido de que lo conseguiría.
En 1804 se inauguró el Liceo de Grenoble y, a principios del mismo año, Champollion aprobó el examen de ingreso y obtuvo una beca que cubría las tres cuartas partes de los gastos. Los Lycées habían sido establecidos por una ley napoleónica en 1802, se crearon cuarenta y cinco en toda Francia y pretendían ser escuelas de elite, con un programa de estudios completamente uniforme y regidos por una disciplina militar en régimen de internado a la que Champollion no pudo adaptarse en los dos años y medio que pasó allí. Estaba agradecido a su hermano, que costeaba los gastos que no cubría su beca, pero siempre estaba falto de dinero en comparación con sus compañeros, la mayoría provenientes de familias acomodadas, y además tenía prohibido dedicarse a sus propios estudios de lenguas orientales, los únicos que realmente le interesaban incluso en sus horas libres. Aprendió en privado el copto, el italiano, el inglés y el alemán. En 1807 los estudiantes del liceo protagonizaron una revuelta en contra de las estrictas normas de estudio, y Jacques-Joseph finalmente permitió que su hermano viviera en su casa, bajo su cuidado y tan solo acudiera a la escuela cuando lo considerara necesario.