Jan Žižka de Trocnov ([ˈʒɪʃka] Trocnov, 1360 – Pribyslav, 1424) fue un general checo seguidor de las ideas de Jan Hus. Aunque su nombre no es tan reconocido, es recordado como una de las más grandes mentes en el arte de la estrategia militar, al lado de jefes militares como Aníbal, Belisario, Gonzalo Fernández de Córdoba, Gustavo II Adolfo de Suecia y Don Juan de Austria.
Jan de Trocznov nació en Trocnov, Reino de Bohemia, 18 km al sureste de České Budějovice (Budweis) y a poca distancia de la frontera austriaca. Su padre pertenecía a la baja nobleza y Žižka fue criado en la corte real, donde ganó experiencia militar a su servicio.
A temprana edad perdió el ojo izquierdo y fue apodado «Žižka». Algunos autores creen que este apodo se refiere al hecho de tener un solo ojo y significaría tuerto, pero otros creen que el nombre fue utilizado por la familia durante generaciones y les parece más probable que signifique “pelirrojo”.
Se desconocen las actividades de Žižka entre 1382 y 1390, excepto que al parecer ostentaba el título de cazador real en la ciudad de Zahorany, cerca del Castillo de Orlík nad Vltavou de Wenceslao IV.
Hacia el año 1405 abandona el servicio real y se convierte primero en un caballero sin dueño, para después unirse como mercenario a las bandas que servían a los barones que tomaron partido por los bandos bohemios o moravos de Jobst de Moravia en su prolongada lucha por el poder.
En 1409 Wencelao IV perdona a Žižka por sus aventuras militares y junto con Jan Sokol de Lamberk participó con el ejército polaco de Vladislao Jagellón en la guerra contra la Orden de los Caballeros Teutónicos, quienes poseían tierras que iban desde el río Óder hasta el mar Báltico.
Tomó parte en la batalla de Grunwald el 15 de julio de 1410, que terminó con la victoria polaca sobre la Orden Teutónica. Poco después se firmó la paz entre los combatientes.
Žižka regresó a la corte en 1414 y ocupó un puesto de oficial en la guardia del palacio real. Posiblemente fue destinado a la fortaleza de Vyšehrad.
Es posible que fuera entonces cuando Žižka conociese las tesis de Jan Hus e incluso asistió posiblemente a los sermones de Jan Hus en la Capilla de Belén.
Las muertes en la hoguera de Jan Hus y de Jerónimo de Praga en 1415 en el Concilio de Constanza hicieron que Bohemia se viese agitada, ya que eran muy numerosos sus seguidores en la región, quienes vieron cómo estas ejecuciones ponían fin a la esperanza de una iglesia renovada y menos corrupta. La rebelión no estalló durante un tiempo porque se tenía fe en que el Concilio pusiera fin a estos males, pero en 1418 se disolvió el Concilio sin haber resuelto prácticamente los males (se había puesto fin al cisma del Papado con la elección de Martín V).
El Papa estaba preocupado por la veneración que gozaban en Bohemia los herejes condenados y por la expansión del utraquismo. Fue enviado un legado papal, quien aseguró que nada más que la fuerza podía hacer volver a los herejes al seno de la Iglesia católica.
Los husitas se reunieron en el verano de 1418 para formar un consejo que decidiera la mejor forma de asegurar la libertad civil y religiosa del país. Eligieron un cáliz como emblema que representaba el profesado utraquismo.
El 30 de julio de 1419 tuvo lugar la primera defenestración de Praga, en la que Jan Žižka tuvo un papel activo, y que fue seguida por la muerte de Wenceslao IV, lo que hizo que la rebelión se extendiese por toda Bohemia al declararse Segismundo de Luxemburgo como sucesor, ya que era muy odiado por los husitas por haber participado en la muerte de Jan Hus.
Jan Žižka destacó pronto entre los líderes husitas, quienes por oposición a Segismundo eligieron rey a Ladislao Jagellón, quien no aceptó la corona por sentirse demasiado anciano, pero envió ayuda a los husitas. Segismundo consiguió ser aceptado como rey de Bohemia por el Papa Martín V, quien proclamó, el 14 de mayo de 1420, una cruzada contra los husitas.
La guerra comenzó con la toma por parte de Jan Žižka de la ciudad de Pilsen, a la que siguió una rápida sucesión de victorias, y todo el suroeste de Bohemia estuvo pronto en manos de los husitas.
Mientras que Žižka dominaba el sur la región, los husitas tuvieron en Praga muchos problemas para apoderarse de la capital, aunque al final logró hacerse con la ciudad, excepto la ciudadela.
Segismundo, enterado de estos movimientos, llegó con su caballería a Brünn, en Moravia, y desde allí mandó a Gaspar Selic para negociar una tregua con los insurgentes de Praga. Se llegó a un acuerdo por el que Segismundo sería rey pero debería respetar las libertades civiles y religiosas de los bohemios.
Cuando parecía que el conflicto se resolvería, la actitud de Segismundo, poco tolerante con los husitas, hizo que se levantasen sospechas entre estos y se rompiera la paz. La ciudadela de Praga fue finalmente ocupada por Jan Žižka mediante el soborno.