Jaime Mendoza Gonzáles (Sucre, 25 de julio de 1874-Sucre, 26 de enero de 1939) fue un médico, poeta, filántropo, escritor y geógrafo boliviano. Es el autor de la famosa frase que utilizaría el presidente Daniel Salamanca Urey: "Hay que pisar fuerte en el Chaco".
Graduado como médico en 1901, Mendoza siempre se caracterizó por su faceta humanista al ejercer su profesión. Ello se evidenció en los trabajos que realizó en varias zonas mineras de su país, donde, además de su trabajo médico, realizó labores sociales adicionales. También se caracterizaba por complementar continuamente sus estudios médicos en viajes a otros países.
Además de realizar su trabajo como médico, Jaime Mendoza se desempeñó en otros campos como ser cirujano de batallón, el de la docencia (siendo catedrático, decano y rector universitario), el político (fue diputado, Senador de la República y candidato a la presidencia) y el del periodismo (dirigió algunos periódicos y colaboró en otros).
Mendoza realizó una gran cantidad de publicaciones, tanto literarias como científicas (por ejemplo, En las tierras de Potosí, El macizo boliviano y Páginas bárbaras para el primer caso y Apuntes de un médico para el segundo). Es considerado un precursor de la corriente de realismo descriptivo que tendría auge en el siglo XX. Ha recibido diversos homenajes y condecoraciones, tanto en vida como póstumos.
Jaime Mendoza nació el 25 de julio de 1874 en Sucre, hijo de José María Mendoza, quien era abogado y poeta, y Gabina Gonzáles. Se graduó como médico en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca el 2 de julio de 1901. Su tesis, llamada «La Tuberculosis en Sucre» y presentada el 22 de junio, fue novedosa desde los puntos de vista médico y social. Una vez titulado, Mendoza se trasladó a las zonas mineras de Uncía y Llallagua, donde empezó a ejercer su profesión en hospitales obreros. Su trabajo estuvo muy ligado al combate de la tuberculosis. Estando allí, fundó algunas escuelas, hospitales y centros deportivos. La experiencia le serviría como inspiración para publicar En las tierras de Potosí varios años más tarde.
En 1903, ingresó a la vida militar como médico de un batallón expedicionario de la Guerra del Acre contra Brasil. Luego de eso regresó a Llallagua, donde se casó con Matilde Loza Oporto.
En 1906, Mendoza viajó a Chile para complementar sus estudios de medicina. En el viaje conoció y trabó amistad con el escritor Gabriel René Moreno. Algunos años después, en 1911 y 1914, viajó por varios países de Europa —España, Francia, Alemania e Inglaterra— a seguir estudiando su profesión. En dichos viajes conoció a diversos escritores, americanos y europeos, como Rubén Darío, Emilio Bobadilla y Rufino Blanco Fombona, entre otros.
De vuelta en Bolivia, Mendoza fue decano de su facultad de medicina, la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde además fue catedrático de patología general, patología interna y psiquiatría. También fue catedrático de medicina legal en la facultad de derecho, y posteriormente fue rector de la universidad. Tiempo después ingresó a la política, donde ejerció el cargo de diputado y posteriormente de Senador de la República en representación del departamento de Chuquisaca, en 1931. En el senado se distinguió por intentar encontrar soluciones al problema del Chaco con Paraguay. Posteriormente fue candidato a la Presidencia de la República.
Mendoza tuvo experiencia en el periodismo al fundar y dirigir en 1917 y 1919 los periódicos La República y Nuevas Rutas, respectivamente. También colaboró en otros periódicos de La Paz (El Diario, La Razón, La Opinión y Fígaro) y de Sucre (La Mañana, La Capital, La Industria, La Tribuna, La Prensa, El Tiempo y El País).
Jaime Mendoza es considerado uno de los principales precursores de la corriente de realismo descriptivo que en el siglo XX tendría gran éxito en la literatura hispanoamericana. Fue bautizado por Rubén Darío como «el Gorki americano», en referencia a la influencia de Máximo Gorki en sus escritos.
Algunas de sus obras literarias nunca llegaron a publicarse.
Mendoza publicó En las tierras de Potosí en 1911. Tituló la obra de ese modo siguiendo la sugerencia del escritor Alcides Arguedas, quien además escribió el prólogo para esta, ya que originalmente llevaba el título de Martín Martínez.
La historia narra la vida de Martín Martínez, un estudiante de leyes que se marcha a Llallagua a trabajar en las minas, donde se asegura que hay abundante riqueza. Allí, sin embargo, encuentra una vida dura, llena de accidentes, enfermedades, vicios, injusticia y corrupción.
La novela incluye varios personajes remarcables, como Lucas, un niño que roba estaño y lo revende para ayudar a los pobres, Claudina, una mestiza con quien Martín tiene un amorío, pero que finalmente lo traiciona y se escapa con un amante, y el médico de las minas, quien pareciera proyectar los valores del autor de la obra.
Se puede evidenciar que la intención de la novela era mostrar públicamente la explotación humana en las minas bolivianas y la existencia que debían llevar los mineros, indios en su mayoría, quienes eran sometidos a trabajos inhumanos sin pagas decentes ni garantías. La obra fue una señal de alarma de dicha problemática ante el público, y sirvió como punto de arranque del ciclo de la «literatura minera» boliviana y de campañas para mejorar las condiciones de la raza india. Actualmente es considerada «uno de los documentos histórico-literarios más fidedignos que se han escrito jamás acerca de los mineros bolivianos».
En las tierras del Potosí recibió críticas muy variadas.El historiador Enrique Finot consideró la obra como mediocre pero con fuerza y realismo, afirmando que era un «título antiliterario pero lleno de sugestión». El poeta Franz Tamayo indicó que el libro no le gustaba debido al tema que describía, señalando que la vida descrita en la obra le hacía daño. En contraste, Alcides Arguedas consideró que la novela era muy objetiva y que su vigor y realismo quizá no eran superados en ninguna otra novela hispanoamericana, mientras que Fernando Díez de Medina se refirió a la obra como extraída de la realidad y a su estilo como enérgico y directo pero poco artístico. En general, un punto fuerte de la obra reside en sus descripciones de los espacios naturales bolivianos, para lo cual Mendoza tenía una gran capacidad. Se dice que es comparable por el tema e intensidad dramática, mas no por la emoción ni la altura artística, a La vorágine de José Eustasio Rivera.
El que fue el ensayo más representativo de Mendoza, El macizo boliviano, fue publicado en 1935. Buscaba promover un nacionalismo regido más por el intelecto que por la pasión, y se basaba en la idea de que la esencia de la identidad boliviana estaba constituida por las relaciones entre los pobladores de la Cordillera Occidental, Tiwanacu, el Alto Perú y Charcas.
Entre otras cosas, en El macizo boliviano Mendoza afirma que «el medio hace al hombre» y que la montaña fue un factor importante en la creación de Bolivia, así como la encarnación del destino histórico. En el texto, además, se hace un fuerte énfasis en el tema de la conexión vial en Bolivia, ya que para el autor la carencia de vías de comunicación era el problema fundamental del país. Esta obra fue incluida dentro de las 200 obras de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, en conmemoración por los festejos del Bicentenario del país.