Isidro Gomá y Tomás (La Riba, 19 de agosto de 1869-Toledo, 22 de agosto de 1940) fue un teólogo, biblista, canonista, arzobispo católico y escritor español, cardenal primado de España durante la Guerra Civil, en la que desempeñó un destacado papel protagonista en favor de los sublevados. Ocupó los cargos de obispo de Tarazona (1927-1933) y arzobispo de Toledo (1933-1940). Fue una destacada personalidad de la cultura en la primera mitad del siglo XX, siendo académico de número de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Nació en La Riba en 1869, en el seno de una familia acomodada, siendo el cuarto de nueve hermanos. Su padre, José Gomá Pedrol, era un industrial papelero; tenía seis obreros fijos y dos aprendices trabajando en la empresa, además de otros 12 obreros que colaboraban ocasionalmente, es decir, en aquellos momentos en los que se necesitaba más mano de obra. Los obreros comían en casa de los Gomá, en la misma mesa que el patrono y sus hijos.
Hizo sus primeros estudios en la escuela de su municipio natal. Su madre, María Tomás Bosch, muy interesada en que sus hijos recibieran la mejor educación posible, había hospedado al maestro de dicha escuela en su casa para que sus vástagos pudiesen recibir más formación, por lo que Isidro Gomá y sus ocho hermanos, además de las lecciones recibidas en la escuela, tuvieron clases extraescolares en su propio hogar. Como complemento, un profesor de música venía desde fuera del municipio a casa de los Gomá para dar clases de piano a los nueve hermanos.
Cursó sus estudios eclesiásticos de latín, humanidades, filosofía, teología y derecho canónico, sucesivamente, en el Seminario Menor de Montblanch, en el Seminario Mayor de Tarragona y en la Universidad Pontificia de Tarragona, donde obtuvo el doctorado en Filosofía y el doctorado en Derecho canónico; y en la Universidad Pontificia de Valencia, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Teología.
Fue ordenado sacerdote el 8 de junio de 1895. Inmediatamente después de su ordenación fue nombrado coadjutor en la parroquia del Carmen en Valls, cargo que no desempeñó durante mucho tiempo, pues poco después fue nombrado párroco de la parroquia de san Pedro de Montbrió del Campo.
Su labor parroquial se vería detenida al ser nombrado profesor de latín en el Seminario Pontificio de Tarragona (1897), y muy pronto, rector del mismo (1899-1908). Poco antes de abandonar la dirección del seminario obtuvo, por oposición, el cargo de canónigo doctoral de la Catedral de Tarragona (1907), consagrándose desde entonces preferentemente al cultivo de la oratoria sagrada, en la que destacó grandemente, siendo considerado uno de los oradores más elocuentes de su época, cuya fama se irradiaría incluso fuera de España. Ocupó también los cargos de provisor y juez metropolitano en la curia arzobispal de Tarragona.
La mayor parte de las conferencias dictadas en congresos y conmemoraciones católicas se recopilaron e inspiraron la redacción de numerosas obras, en las que queda patente una amplia, profunda y bien vertebrada cultura religiosa y profana. La fundamentación en los grandes filósofos y teólogos cristianos (especialmente Santo Tomás de Aquino), y el influjo de autores franceses fieles a la doctrina de la Iglesia (en especial Pierre Batiffol y Andrien Gréa en su concepción de la Iglesia; y Jacques-Bénigne Bossuet en su visión de los planes de Dios) encuadran la formación intelectual de Gomá. Sus fuentes estilísticas fueron sobre todo autores franceses y los clásicos del Siglo de Oro, además de autores españoles contemporáneos, especialmente Marcelino Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu, representantes del pensamiento tradicional.
En 1922 fue nombrado arcediano de la catedral tarraconense.
Fue nombrado obispo de Tarazona por el papa Pío XI el 20 de junio de 1927, cuando las relaciones entre la dictadura del general Primo de Rivera y el clero catalán estaban sometidas a duras pruebas. Fue consagrado obispo por Francisco Vidal y Barraquer el 2 de octubre de 1927 en la Catedral de Tarragona. Tomó posesión de la sede por poder el 10 del mismo mes e hizo su entrada solemne en la diócesis el día 16.
Durante su pontificado en la diócesis de Tarazona una de sus principales preocupaciones fue el seminario diocesano, cuyo edificio estaba en un estado lamentable. Lo reformó por completo aprovechando las vacaciones estivales para hacer las obras. También le preocupó la formación religiosa de los fieles, por lo que, en 1929, creó una Junta diocesana para el fomento del catecismo. Ese mismo año organizó una Semana Catequística en Calatayud. Además, fue particularmente celoso en urgir a sus sacerdotes el cumplimiento de todo lo dispuesto en el Código de Derecho Canónico. Entre 1928 y 1930 realizó una visita pastoral completa a todas las parroquias de su diócesis.
Con el advenimiento de la Segunda República, Gomá mantuvo desde el obispado posiciones integristas y beligerantes; sus ataques contra las reformas del primer bienio republicano en temas como el divorcio, el matrimonio civil o la enseñanza pública, o sus críticas a la democracia liberal y el parlamentarismo, llegaron a alcanzar resonancia fuera de España.
Poco después de la proclamación de la Segunda República, la Santa Sede, por medio de la Nunciatura en España, manifestó su deseo de que los obispos recomendasen "a los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles de su diócesis, que respeten los poderes constituidos y obedezcan a ellos, para el mantenimiento del orden y para el bien común". Gomá, al transmitir a sus súbditos el mensaje del Papa por medio del Boletín diocesano, afirmó:
Aunque sostuvo —siguiendo la doctrina de Aristóteles, de Santo Tomás de Aquino y de los Romanos Pontífices—, que ningún sistema político (monarquía, aristocracia o república) es en sí mismo malo —aunque puede ser mejor o peor que los otros—, pues en todos se puede procurar el bien común, en su pastoral Sobre los deberes de la hora presente, del 10 de mayo de 1931, manifestó su pesar por el advenimiento de la Segunda República, al considerar que tenía un sesgo marcadamente anticatólico; por ello, en la pastoral también exhortaba a sus fieles a hacer autocrítica. Con la quema de conventos de 1931 se desengañó completamente, diciendo:
Ante el avance de la legislación secularizadora en materia matrimonial, que cristalizaría en la aprobación de la ley del divorcio del 25 de febrero de 1932, el obispo Gomá vio la necesidad de prevenir a sus fieles de los errores en materia de matrimonio, por lo que publicó un libro titulado El matrimonio (1931), que es un comentario a la encíclica Casti connubii del Papa Pío XI, enviando un ejemplar a cada parroquia de su diócesis. También publicó, en 1932, la carta pastoral Matrimonio civil y divorcio, y una instrucción pastoral titulada La ley sobre el matrimonio civil.
Ese mismo año protestó pública y enérgicamente contra la expulsión de la Compañía de Jesús de España, decretada por el gobierno de la república, denunciando que esa expulsión no sólo dañaba a la religión católica, sino también a la cultura y a la ciencia, cultivadas con esmero por los jesuitas desde su fundación en el siglo XVI.
Arzobispo de Toledo y primado de España
Fue nombrado arzobispo de Toledo y primado de España por el papa Pío XI el 12 de abril de 1933, manteniéndose como administrador apostólico de Tarazona y Tudela hasta 1935. La sede estaba vacante desde hacía dos años por la dimisión [cita requerida] del cardenal Pedro Segura. Tomó posesión de la sede por poder el 18 de junio de 1933. Su entrada solemne en la archidiócesis estaba prevista para el 2 de julio de ese año, por lo que las autoridades civiles republicanas habían prohibido poner colgaduras en los balcones y que se formasen grupos en la calle ese día. Los toledanos reaccionaron abarrotando la catedral para recibir a su nuevo arzobispo, al que acompañaron desde Madrid diversas autoridades, incluido el nuncio Tedeschini, en una caravana de 80 coches. El entonces coronel Moscardó, desafiando las disposiciones de las autoridades republicanas, acudió al acto al frente de una delegación de jefes y oficiales para recibir al arzobispo.