Isabel de Valois, Isabel de Francia o Isabel de la Paz - (en francés, Élisabeth de France; Fontainebleau, 2 de abril de 1545-Aranjuez, 3 de octubre de 1568), princesa francesa, la tercera esposa del rey Felipe II de España —fruto del Tratado de Cateau-Cambresis que estableció la paz entre España y Francia— y reina consorte de España desde 1559 hasta su muerte.
Isabel de Valois era la segunda hija del rey Enrique II de Francia y Catalina de Médici. Sus padres influyeron en Isabel, ella siempre tuvo un especial cariño a su padre, y a lo largo de su vida su madre también tuvo una gran influencia. Ya viviendo en España, hubo una fluida correspondencia entre madre e hija, en donde Catalina, le daba consejos de todo tipo (relaciones con su marido, súbditos, medicinas, etc). La infancia de Isabel pasó en la guardería real francesa, donde su padre insistió en que compartiera su habitación con su futura cuñada, María, reina de Escocia, que era aproximadamente tres años mayor. Aunque Isabel tuvo que dar prioridad a María (debido a que María ya era una reina coronada), las dos seguirían siendo amigas cercanas por el resto de sus vidas. Pasó sus primeros años en una corte renacentista, llena de lujo, donde el arte predominaba en todos los ámbitos.
Isabel de Valois tuvo una especial relación con sus padres, pero por quien sentía adoración, era por su padre el rey Enrique II de Francia. Por eso la relación que mantuvo su padre con su amante Diana de Poitiers, que se hizo pública en 1536, siempre le disgustó. Enrique dio el castillo de Chenonceau, que Catalina quería para ella, a su amante, quien además se situó en el centro del poder. Esta relación marcaría la personalidad de Isabel de Valois, que se vería reflejada en su matrimonio, cuando sufrió alguna infidelidad por parte de su marido, siempre pensaba en el daño que hizo Diana a su madre, y le hacía sufrir mucho, porque no quería pasar por la misma situación.
A medida que Isabel de Valois iba creciendo, se iba convirtiendo en una pieza clave para las políticas matrimoniales de la monarquía francesa. La reina Catalina planeó un matrimonio ventajoso, y el primer pretendiente de Isabel fue Eduardo VI de Inglaterra, pero falleció prematuramente en 1553. Este matrimonio buscaba la alianza con los ingleses, siendo bien visto por ambas monarquías, porque era una manera de unir fuerzas y poder oponer más resistencia al poder español. Pronto aparecería un nuevo proyecto matrimonial que culminaría las ambiciones de su madre, y encima con la nación más poderosa en esos momentos: España. España y Francia eran dos naciones enemigas, ya que ambas buscaban ostentar el máximo poder en Europa.
Compromiso con el príncipe de Asturias
Tras la repentina muerte de Eduardo VI, su prometido sustituto fue el príncipe Carlos, al decidir Francia y España hacer las paces mediante una unión matrimonial. El 3 de abril de 1559 se firmaba en Cateau-Cambrésis un tratado, que pretendía eliminar todas las causas de discordia entre Francia y España, consiguiendo una paz justa en la que no hubiera ni ganadores ni perdedores. Las dos partes principales renunciaban a algo pero obtenían otra cosa, jurándose perpetua amistad entre reyes, sucesores y súbditos. La verdadera garantía del tratado de Cateau-Cambrésis, la constituía el matrimonio.
El desarrollo físico del príncipe Carlos era deficiente, a causa de haber enfermado de malaria a los 11 años, lo que le provocó un desarrollo anómalo de la columna vertebral y las piernas, de modo que no podía caminar erguido y cojeaba. Felipe II pensó en casarlo con María I de Escocia, un matrimonio arriesgado, pues suscitaría la enemistad de Francia, Inglaterra y posiblemente del Sacro Imperio Romano Germánico. Estas razones, unidas a la personalidad del príncipe, hicieron que Felipe fuese enfriando las negociaciones. Por otro lado, Carlos quería gobernar los Países Bajos de los Habsburgo como su padre le prometió en 1559, pero la inestabilidad en aquellos territorios unida a la desconfianza del monarca, hicieron que incumpliese dicha promesa, y de hecho ni siquiera lo convocó para tratar la cuestión.
El padre de Carlos, Felipe II, se había casado con María I de Inglaterra, no tenía ningún sentimiento amoroso hacia ella y solo buscó la alianza matrimonial por intereses políticos y estratégicos. María murió sin descendencia el 17 de noviembre de 1558 y Felipe no deseaba cortar su relación con Inglaterra, por lo que le envió una propuesta de matrimonio a la hermana de su difunta esposa, Isabel I de Inglaterra. Sin embargo, ella tardó en contestar, y en ese momento supo que Felipe también estaba considerando una alianza con la casa Valois. Además, un informe llegó a la corte de Felipe: Isabel “tenia algo que la incapacitaba para el matrimonio”; al parecer sufría una malformación genital con carencia de reglas y aplasia vaginal. Es por esto que Felipe II, al quedar viudo por segunda vez, con la inminente necesidad de conseguir un heredero varón sano, y habiendo rechazado a la nueva reina inglesa, decide modificar los planes de la alianza entre Carlos e Isabel, siendo él mismo quien se convirtió en esposo de la joven princesa francesa.
Las posteriores acusaciones vertidas sobre la supuesta infidelidad de Isabel con Carlos de Austria, y la teoría de que su muerte fue provocada por este motivo, no tienen ningún fundamento histórico, ya que por el contrario, Felipe II confió ciegamente en su esposa. Prueba de esa confianza, es que en 1565, la envió en misión diplomática a Francia, acompañada por el duque de Alba, para que Catalina de Médici cambiara la orientación de su política frente a los protestantes. A pesar de que las conversaciones de Bayona no tuvieron éxito, Felipe no tuvo reproches por la actuación de Isabel, de hecho, fue la única de sus esposas que participó en la política del reino.
Teniendo el rey los naturales deseos de conocer a la novia en persona lo antes posible, y siendo contraria a las buenas costumbres y al protocolo cualquier cita previa a la ceremonia, los caballeros de su cámara se las ingeniaron para que pudiese entreverla desde una tribuna oculta.
La boda por poderes tuvo lugar el 22 de junio de 1559 en París. El rey Felipe II, fue representado por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba. Hubo una gran celebración, y como parte de la tradición de la época, los novios debían consumar el matrimonio de forma casi inmediata. Sin embargo, Felipe estaba ausente, por lo que, en la noche de bodas, no fue a su esposo, sino al duque de Alba a quien Isabel recibió en su habitación. Estuvo presente un numeroso grupo de nobles franceses para ser testigos de lo que sucediese en la habitación, y también estuvieron presentes los reyes de Francia, padres de Isabel. El duque realizó un acto simbólico para semejar la consumación del matrimonio, sin existir un contacto físico real. El acto culminó con una reverencia del duque a Isabel, quien desde entonces generó un profundo resentimiento por él. El 2 de febrero se celebró la misa de velaciones, ya que la ceremonia del casamiento no la incluía.
A las ventajas políticas que contenía la alianza, se unía la esperanza de que Isabel de Valois fuera tan prolífica como su madre, Catalina, quien había dado nueve hijos a Enrique II. Al momento de esta unión ella tenía solo 13 años y el rey tenía 33. Los 13 años, a punto de cumplir los 14, de la princesa francesa no eran causa de escándalo en los matrimonios reales de la época, ya que éstos suponían un compromiso vital cuya consumación se posponía a la edad núbil. Con un año menos se había casado su hermana Claudia, y su madre a los 14. Con el enlace, llegaría el fin de las diferencias entre estos países. Era una paz muy deseada por todos, de esta manera a la joven Isabel se le llamó de manera cariñosa y popular entre el pueblo español, como Isabel de la Paz.
Entre los festejos por la celebración, se incluyó un torneo, en el cual su padre, Enrique resultó gravemente herido, pues la lanza del conde de Montgomery, que justaba con Enrique, penetró en el ojo del rey. Murió unos días después, el 10 de julio de 1559. Isabel estaba presente cuando sucedió el accidente. La muerte de su padre el rey Enrique II, no solo causó un sufrimiento incomparable a Isabel, sino también propició que la marcha su viaje a España, se retrasase. Ella le guardaría luto hasta el momento en que llegó a España.