Isabel de Baviera (Elisabeth Amelie Eugenie Herzogin in Bayern; Múnich, 24 de diciembre de 1837-Ginebra, 10 de septiembre de 1898) fue una duquesa bávara conocida por haber sido emperatriz de Austria (1854-1898) y reina consorte de Hungría (1867-1898), entre otros muchos títulos inherentes a la Casa de Habsburgo-Lorena. En el ámbito germanófono es más conocida como Isabel de Austria (Elisabeth von Österreich).
Perteneciente a la Casa de Wittelsbach, nacida con la dignidad de duquesa en Baviera y tratamiento de Alteza Real, era hija del duque Maximiliano de Baviera y de la princesa real Ludovica de Baviera.
Globalmente se la conoce por su hipocorístico, originalmente Sisi, pero transformado en Sissi a raíz de las películas de Ernst Marischka, gracias a las cuales todavía se la recuerda. Algunos autores sostienen, sin embargo, que su sobrenombre habría sido en realidad Lisi, derivado de Isabel (Elisabeth en alemán).
Nació a las diez y cuarenta y tres minutos de la Nochebuena de 1837 en el Herzog Max Palais, el palacio del duque Max, la residencia de invierno que sus padres tenían en la avenida Ludwigstrasse de Múnich, en el entonces reino de Baviera. Su primer nombre Isabel fue en honor a una de sus tías, Isabel de Baviera, hermana de su madre, la cual se convertiría en 1840 en reina de Prusia. Isabel nació con un diente fuera, un signo que se consideró de muy mal agüero.
Fue la hija del duque Maximiliano de Baviera, quien procedía de una rama menor de la Casa de Wittelsbach, la de Condes Palatinos de Zweibrücken-Birkenfeld-Gelnhausen, y ostentaba el título de Duque en Baviera. En cambio; su madre, Ludovica de Baviera, era hija del rey Maximiliano I de Baviera y de su segunda esposa, Carolina de Baden. Ludovica era, por tanto, princesa real de Baviera, un rango mucho mayor que el de su marido, y se había criado acorde a su rango entre el palacio real de Múnich y el palacio de Nymphenburg, la residencia de verano de la familia real bávara. El matrimonio entre el duque Maximiliano y la duquesa Ludovica fue muy desdichado y se sabe que él tuvo muchas amantes, por lo que las peleas entre ellos eran continuas y a ella se la veía llorar con frecuencia.
Isabel tuvo siete hermanos: Luis, Elena (más conocida como Néné de Babier), Carlos Teodoro (a quien apodaron Gackel, gallo en alemán), María, Matilde, Sofía Carlota y Maximiliano Manuel (apodado Mapperl). Isabel fue educada, como el resto de sus hermanos, lejos de la Corte de Baviera. Los inviernos los pasaban en el Herzog Max Palace, en Múnich, un edificio que estaba considerado uno de los más bellos de la capital y cuya fachada recordaba a los palacios renacentistas de Roma (era de piedra blanca con ventanas con frontispicios y columnas corintias). Los veranos los pasaban en el castillo de Possenhofen, a orillas del lago de Starnberg, un edificio de estilo medieval que su padre había adquirido como residencia de verano y que pronto se convirtió en el hogar favorito de la familia ducal. Isabel se refería a él como Possi.
Isabel fue educada en casa por institutrices. Sus primeras lecciones las recibió de la baronesa Luisa Wülffen: las clases se impartían por la mañana después del desayuno y hasta la hora de la comida. Fue una estudiante algo distraída, se le hizo imposible aprender francés (por entonces el idioma de la realeza), le costó bastante el inglés (aunque llegó a dominarlo) y no demostró ninguna habilidad para la música (odiaba especialmente las clases de piano). Pero destacó en dibujo y, sobre todo, en poesía. Desde muy joven leyó los poemas de Heinrich Heine.
Conoció a Francisco José en la localidad austríaca de Innsbruck, en 1848. Ella tenía entonces once años y él, dieciocho. Ambos eran primos, porque sus madres, Ludovica y la archiduquesa Sofía, eran hermanas. Por aquel entonces, Francisco José aún no era emperador (lo era su tío, Fernando I de Austria). Eran momentos muy convulsos en Austria: la revolución de 1848 sacudió con especial fuerza al Imperio austríaco y las manifestaciones y protestas para pedir más libertades llegaron a tal virulencia que la familia imperial tuvo que abandonar Viena e instalarse provisionalmente en Innsbruck, en el sur del país. Las tensiones políticas y la diferencia de edad hicieron que Francisco José no se fijara en su prima bávara. En cambio, uno de sus hermanos, el archiduque Carlos Luis, se enamoró perdidamente de ella. Después de que Isabel regresara a Baviera, Carlos Luis le envió numerosas cartas y regalos, entre ellos un anillo y un reloj de bolsillo con una larga cadena.
En agosto de 1853, a los quince años, Isabel y Francisco José se vieron de nuevo. Él ya era emperador (su tío, el emperador Fernando, había abdicado el 2 de diciembre de 1848) y su madre, la archiduquesa Sofía, llevaba tiempo buscándole una esposa. Francisco José se había fijado en varias mujeres y había estado muy enamorado de la princesa Ana de Prusia, sobrina del rey Federico Guillermo. Pero su relación, aunque vista con muy buenos ojos por la corte de Viena, no llegó a fraguarse porque ella estaba comprometida con otro hombre.
Después de descartar a varias candidatas, la archiduquesa Sofía pensó en emparentar a su hijo con Néné, una de sus sobrinas de Baviera. De ahí que escribiera una carta a su hermana Ludovica y propusiera que ambas familias se encontrasen en Bad Ischl, el pequeño pueblo conocido por sus balnearios donde la familia real de Austria solía pasar los veranos. La excusa para verse era la celebración del próximo cumpleaños de Francisco José.
A pesar de que el encuentro estaba amañado para que el emperador se fijase en Néné y la tomase como prometida, en cuanto Francisco José, entonces de veintitrés años, vio a su prima Isabel, se enamoró perdidamente de ella. Al día siguiente, y pese a las objeciones de su madre, el emperador manifestó sus deseos de casarse con ella. Cuando Isabel lo supo, se pasó una noche entera llorando, pero no precisamente de alegría. Sin embargo, era impensable rechazar al mismísimo emperador de Austria, con lo que no le quedó más remedio que aceptar su propuesta de matrimonio. Él estaba tan feliz que a uno de sus primos, Alberto de Teschen, le dijo que estaba «enamorado como un cadete». Ella, sin embargo, estaba sobrepasada por los acontecimientos y tenía ataques continuos de angustia.
Después de un fugaz noviazgo en el que Francisco José visitó personalmente varias veces a su prometida en Baviera, Isabel partió de Múnich el 20 de abril de 1854 hacia Viena. El viaje duró tres días y dos noches. La boda se celebró a las seis y media de la tarde del 24 de abril de 1854 en la Iglesia de los Agustinos de Viena. En el momento del sí, quiero, Isabel se convirtió inmediatamente en emperatriz. No se sabe qué traje llevó exactamente Sissi en su boda, aunque es más que probable que llevara varios, dado que además de la ceremonia religiosa, hubo varios eventos y recepciones. Desgraciadamente, los trajes no se han conservado porque, siguiendo la tradición, se descosieron y cortaron para hacer casullas y mantos eclesiásticos que se donaron a la basílica de Maria Taferl de Viena y la iglesia de Matías, en Budapest.
Isabel estaba tan cansada y nerviosa, que justo antes de atender a la recepción diplomática tras su boda, tuvo un ataque de pánico y se encerró en una sala a llorar. La noche de bodas tampoco fue como se esperaba y se sabe que Isabel y Francisco José no consumaron sexualmente su unión hasta la tercera noche. Todo aquello generó un escándalo enorme en la corte de Viena, que veía a su nueva emperatriz como a una chiquilla sin cultura y sin el pedigrí adecuado. Isabel tuvo que aguantar muchas miradas de burla e insultos a sus espaldas de las damas de la corte. Por los documentos que se han conservado, se supo posteriormente que todo aquello le provocó la primera de las múltiples y severas depresiones que sufrió a lo largo de su vida.
El emperador e Isabel tuvieron cuatro hijos:
Sofía Federica de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria (1855-1857), fallecida a los dos años de edad aquejada de tifus.