Isabel I de Inglaterra (Greenwich, 7 de septiembre de 1533-Richmond, 24 de marzo de 1603), apodada la Reina Virgen, Gloriana o la Buena Reina Bess, fue la reina de Inglaterra e Irlanda desde su ascenso al trono, el 17 de noviembre de 1558, hasta su fallecimiento, en 1603. Su reinado, de más de cuatro décadas, fue conocido como la era isabelina. También fue la quinta y última monarca de la dinastía Tudor.
Isabel era hija del rey Enrique VIII de Inglaterra y de Ana Bolena, su segunda esposa, que fue ejecutada dos años y medio después del nacimiento de Isabel. El matrimonio de Ana con Enrique VIII fue anulado e Isabel fue declarada ilegítima. Su medio hermano, Eduardo VI, gobernó hasta su muerte en 1553, legando la corona a lady Juana Grey y desdeñando las reclamaciones de sus dos medias hermanas, la católica María y la menor Isabel, a pesar de que la ley establecía lo contrario. El testamento de Eduardo fue dejado de lado y María se convirtió en reina, destituyendo a Jane Grey. Durante el reinado de María, Isabel fue encarcelada durante casi un año bajo sospecha de apoyar a los rebeldes protestantes.
Tras la muerte de su media hermana en 1558, Isabel la sucedió en el trono y se dispuso a gobernar, apoyada por un grupo de buenos consejeros. Ella dependía en gran medida de este grupo de asesores de confianza, dirigido por sir William Cecil. Una de sus primeras acciones como reina fue el establecimiento de una Iglesia protestante independiente de la Santa Sede, de la que se convirtió en gobernadora suprema. Esta decisión terminaría por provocar el nacimiento definitivo de la Iglesia de Inglaterra. Se esperaba que Isabel se casara y tuviera un heredero; sin embargo, a pesar de numerosos noviazgos, nunca lo hizo. Finalmente fue sucedida por su pariente, Jacobo VI de Escocia, quien sentó las bases del futuro Reino de Gran Bretaña. Anteriormente, Isabel había sido responsable del encarcelamiento y ejecución de la madre de Jacobo, María I de Escocia.
Durante su gobierno, Isabel fue mucho más moderada que su padre y sus hermanos. Uno de sus lemas fue «video et taceo» (en latín: ‘veo y callo’). En religión, fue relativamente tolerante y evitó la persecución sistemática. Después de que el papa Pío V la declaró ilegítima en 1570 y liberó a sus súbditos de la obediencia a ella, varias conspiraciones amenazaron su vida, todas las cuales fueron descubiertas con la ayuda del servicio secreto de sus ministros. Isabel fue cautelosa en los asuntos exteriores, maniobrando entre Francia y España, las principales potencias de la época. Apoyó a medias una serie de campañas militares ineficaces y con pocos recursos en los Países Bajos, Francia e Irlanda. A mediados de la década de 1580, Inglaterra ya no podía evitar la guerra con España. El fracaso de la invasión a Inglaterra por parte de la Gran Armada en 1588, asoció a Isabel con una de las principales victorias militares de la historia inglesa.
A medida que envejecía, Isabel se hizo famosa por su virginidad. A su alrededor creció un culto a la personalidad que se celebró en retratos, desfiles y la literatura de la época. El reinado de Isabel se conoció como la era isabelina. El período es famoso por el florecimiento del teatro isabelino, dirigido por dramaturgos como William Shakespeare y Christopher Marlowe, y por la destreza marinera de aventureros ingleses como Francis Drake. Algunos historiadores describen a Isabel como una gobernante de mal genio, a veces indecisa que disfrutó de su momento de suerte. Hacia el final de su reinado, una serie de problemas económicos y militares debilitaron su popularidad. Isabel es reconocida como una gobernante carismática y una obstinada sobreviviente en una era en la que el gobierno era tan destartalado como limitado y cuando las monarquías de los países vecinos afrontaban problemas internos que ponían en peligro sus tronos. Después de los breves reinados de sus medio hermanos, sus 44 años en el trono proporcionaron una notoria estabilidad al reino y ayudaron a forjar un sentido de identidad nacional. Su reinado ha sido el sexto más largo de la historia inglesa, por detrás de los de Isabel II, Victoria, Jorge III, Enrique III y Eduardo III.
Isabel nació en el palacio de Placentia, el 7 de septiembre de 1533, siendo la hija de Enrique VIII de Inglaterra y de su segunda esposa, Ana Bolena. Fue bautizada en honor a sus dos abuelas, Isabel de York e Isabel Howard, el 10 de septiembre de 1533 por el arzobispo Thomas Cranmer, con el marqués de Exeter, la duquesa de Norfolk y la viuda marquesa de Dorset como sus padrinos. En la ceremonia, Jorge Bolena, vizconde de Rochford, John Hussey, barón de Hussey, Lord Thomas Howard y William Howard llevaron un dosel sobre la niña de tres días.
Aunque Enrique habría preferido un varón para asegurar la sucesión de la Casa de Tudor, Isabel se convirtió en heredera presuntiva del trono de Inglaterra, ya que su hermana María, hija de Catalina de Aragón, había sido declarada ilegítima tras la anulación del matrimonio de esta con Enrique. Sin embargo, fue por poco tiempo. Isabel tenía dos años y ocho meses cuando su madre fue decapitada el 19 de mayo de 1536, cuatro meses después de la muerte de Catalina de Aragón por causas naturales. El hecho de no haber dado Ana un heredero varón al rey hizo perder interés de este por su esposa, por lo que se orquestó un proceso que permitió a Enrique hacer ejecutar a la reina bajo la acusación de traición (el adulterio al rey se consideraba traición) y brujería, por haber mantenido relaciones incestuosas con su hermano, cargos que hoy se consideran falsos. Isabel fue declarada ilegítima y privada de su lugar en la sucesión real.
Cuando su madre murió, fue dejada al cuidado de lady Margaret Bryan hasta que su hermano nació y después fue educada por Katherine Ashley. Isabel tenía entonces tres años cuando fue declarada hija ilegítima, por lo que perdió su título de princesa. Vivió retirada de la Corte, lejos de su padre y de sus sucesivas esposas, aunque la última de estas, Catalina Parr, medió para que padre e hija se reconciliaran. Isabel, gracias a la Tercera Acta de Sucesión de 1543, recobró sus derechos en la línea sucesoria detrás de su hermano el príncipe Eduardo (hijo de Juana Seymour) y de su hermana María Tudor (hija de Catalina de Aragón), quien también fue restituida en esa misma Acta de Sucesión.
Entre sus asistentes, durante la época del exilio, destacaron Katherine Champernowne y Matthew Parker. La primera fue incluida entre los miembros de la casa de Isabel, previamente a la muerte de su madre y mantuvo con la futura reina una amistad que se prolongó hasta su posterior deceso. Matthew Parker fue el sacerdote favorito de Ana Bolena, quien le hizo prometer, antes de su ejecución, que se preocuparía del bienestar de su hija.
En cuanto a su personalidad, Isabel tenía mucho en común con su madre: neurótica, carismática, enamoradiza y fervientemente protestante. También heredó su delicada estructura ósea, así como sus rasgos faciales; del rey, solo su cabello rojizo.
Tras la muerte de Enrique VIII en 1547 y el ascenso al trono de su hijo, Eduardo VI, Catalina Parr contrajo nuevo matrimonio con Thomas Seymour —tío de Eduardo— llevándose a Isabel consigo. Allí, ésta recibió una exquisita educación que le propició una excelente expresión en su inglés natal,[cita requerida] en francés, en italiano, en griego y en latín. Bajo la influencia de Catalina, Isabel se formó como protestante.
Mientras su hermano se mantuvo en el trono, la posición de Isabel fue inestable. Sin embargo, en 1553, Eduardo murió a la temprana edad de 15 años. Antes de su fallecimiento, y contraviniendo el Acta de Sucesión dictada por su padre en 1544, Eduardo declaró heredera a lady Jane Grey, que sería depuesta unos días después de su proclamación, el 19 de julio de 1553. Apoyada por el pueblo, María regresó triunfante a Londres acompañada de su media hermana.
Sin hacer caso de la opinión pública, María contrajo matrimonio con el príncipe Felipe de España, futuro rey de España bajo el nombre de Felipe II. La impopularidad de esta unión provocó en María el miedo a ser derrocada por una rebelión popular que nombrara a Isabel como nueva monarca. Este temor casi se hizo realidad cuando la rebelión de Thomas Wyatt de 1554 intentó evitar su boda. Tras su fracaso, Isabel fue hecha prisionera en la Torre de Londres, pero su ejecución, solicitada por algunos miembros del séquito español, nunca se materializó debido a la resistencia de la corte inglesa a enviar a un miembro de los Tudor al patíbulo. La reina intentó entonces apartar a Isabel de la línea sucesoria como castigo, pero el Parlamento se lo impidió. Tras dos meses de encierro en la Torre, Isabel fue puesta bajo vigilancia de Sir Henry Bedingfield. A finales de ese año, corrió el falso rumor de que María se encontraba embarazada. Se permitió entonces que Isabel retornara a la corte, ya que Felipe guardaba cierto recelo a que su esposa muriera durante el parto, en cuyo caso prefería que el trono pasara a la recluida. Al instante en el que se desmintió el hecho, María, incapaz de evitar que Isabel la sucediera, intentó convertirla al catolicismo, cosa que esta última fingió aceptar pese a que en su interior siguió siendo fiel a la fe protestante.