Tal Día como Hoy

Irán-Contra

Escándalo político estadounidense

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El escándalo Irán-Contra, también conocido como Irangate, fue un escándalo político ocurrido entre 1985 y 1986, en el cual altos cargos del gobierno de los Estados Unidos, bajo la administración del presidente Ronald Reagan, facilitaron secretamente la venta de armas a Irán, país contra el cual pesaba un embargo armamentístico decretado por los propios Estados Unidos, así como la utilización del narcotráfico para financiar a los grupos armados creados y organizados por ellos, conocidos como Contras, para derrocar mediante acciones armadas al gobierno nicaragüense surgido de la Revolución Sandinista tras el triunfo de esta el 19 de julio de 1979. Ambas operaciones, la venta de armas y la financiación de los Contras, estaban prohibidas por el Senado estadounidense.​

La operación de venta de armas a Irán produjo más de 47 millones de dólares, dinero que fue gestionado por Oliver North mediante un entramado de cuentas bancarias en Suiza y fue utilizado, principalmente, para la financiación de la lucha contra al gobierno sandinista de Nicaragua y apoyo a la Contra.

El 5 de octubre de 1986, el Ejército Popular Sandinista (EPS) de Nicaragua derribó un avión de transporte de la Fuerza Aérea de la República de El Salvador, pilotado por Eugene Hasenfus, que sobrevolaba el espacio aéreo de Nicaragua con suministros para la Contra. Poco después, el día 5, Hasenfus fue hecho prisionero pues fue el único que sobrevivió al derribo. El 3 de noviembre de 1986 un semanario libanés publicaba la venta de armas de guerra a Irán por parte de los Estados Unidos. El 25 de noviembre en una rueda de prensa, el presidente Ronald Reagan y el procurador general de la República Edwin Meese reconocían que ambos hechos estaban relacionados y que existía una nota escrita de Oliver North de abril de ese mismo año donde se especificaba que 12 millones de dólares de las ventas de armas serían utilizados para ayudar a los Contras.​ Todo ello llevó a la creación, por parte del Senado de los Estados Unidos, de una comisión de investigación.

El 20 de julio de 1979 las columnas guerrilleras del Frente Sandinista de Liberación Nacional entraron en Managua, con un amplio respaldo popular, consumando la derrota de Anastasio Somoza Debayle y con ello la sucesión de los gobiernos dictatoriales, controlados por la familia Somoza desde el asesinato de Augusto César Sandino en 1934.​

En este momento comienza el periodo conocido como Revolución Sandinista que se extendió hasta febrero de 1990 cuando el FSLN perdió las elecciones presidenciales, a favor de la Unión Nacional Opositora (UNO) (presidida por Violeta Chamorro), que aglutinaba a diferentes partidos y fuerzas opuestas a los sandinistas y apoyadas por los Estados Unidos.

Tras la entrada de los sandinistas en Managua y la huida de Somoza se instaura un nuevo gobierno, formado por un amplio espectro ideológico con presencia socialdemócrata, socialista, marxista-leninista y con una influencia muy grande de la teología de la liberación, que trató de introducir reformas en los aspectos socioeconómicos y políticos del Estado nicaragüense, tratando además los problemas relativos a la sanidad, la educación y reparto de la tierra, logrando avances significativos y reconocidos internacionalmente.​

Desde el triunfo de la Revolución y el desmantelamiento de la Guardia Nacional, grupos aislados de guardias, con base en Honduras, mantuvieron hostilidades armadas contra el nuevo Gobierno nicaragüense. Esto debido a que el gobierno sandinista se alineó con el bloque soviético y con la ayuda de Fidel Castro formaron un estado de corte marxista, que fue confiscando y coartando las libertades individuales de los ciudadanos nicaragüenses. A finales del año 1981 estos grupos armados recibían apoyo del Proceso de Reorganización Nacional de Argentina, y una ayuda secreta de los Estados Unidos.​

Los grupos contrarrevolucionarios se fueron alimentando de los descontentos por los abusos del gobierno sandinista, como el Servicio Militar Patriótico, la destrucción de la empresa privada, el creciente desempleo y la inflación económica del país. Incluso algún relevante sandinista, como Edén Pastora creó su propio grupo armado de oposición, en este caso con base en Costa Rica, al cual intentaron asesinar en el atentado de La Penca. También algunos grupos étnicos como los misquitos se sumaron a estos movimientos antisandinistas, quienes fueron reprimidos durante la Navidad roja. A todo este conglomerado contrarrevolucionario se le denominó contras (acortamiento de «contrarrevolucionarios», en contraposición de compas, acortamiento de «compañeros», como se denominaban los sandinistas entre sí).

Desde la llegada al poder de la administración de Ronald Reagan, el apoyo a los Contras se generalizó e incrementó, mientras que bloqueaban y presionaban al gobierno nicaragüense, impidiendo la ayuda de otros países y diversos organismos e instituciones internacionales. Se estima que entre 1982 y 1990, los Estados Unidos gastaron en el apoyo a la Contra más de 300 millones de dólares.

La contra, en la que militaban muchos exguardias somocistas y estaba dirigida por agentes ligados a los Somoza, cometió grandes atrocidades entre la población civil nicaragüense llegando a ser acusada de no respetar los derechos humanos. En esta coyuntura se comenzó a cuestionar dentro de los Estados Unidos, el apoyo que se prestaba a estos grupos armados (que habían llegado a ser denominado por Ronald Reagan como «defensores de la libertad»). El Congreso de los Estados Unidos comenzó a restringir el apoyo a los Contras, llegando a prohibirlo totalmente en 1985, prohibición que se ejecutó hasta octubre de 1986.

El gobierno estadounidense mantuvo en todo momento la financiación de la intromisión armada en Nicaragua, hasta la salida del poder de los sandinistas.​ La intromisión de los Estados Unidos llegó a ser tan intensa y evidente que la Corte Internacional de Justicia condenó la misma en la sentencia del 27 de junio de 1986, por el apoyo a la contra y el minado de las aguas nicaragüenses (ver Caso Nicaragua contra Estados Unidos).​

Ya en 1983, el Congreso estadounidense había limitado el presupuesto de ayuda a la Contra nicaragüense en 24 millones de dólares. Este presupuesto era gestionado por la CIA. Para saltarse la limitación del Congreso, la CIA pasó al Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos presidido por Oliver North las responsabilidades de financiación de las acciones en contra de Nicaragua. Oliver North junto a otros miembros de la administración Reagan realizaron una solicitud de fondos privados para mantener el nivel de financiación de la contra.​ No se ha encontrado evidencia que demuestre que él autorizó dicho plan.​​​

En 1980 comienza la llamada guerra Irán-Irak y Estados Unidos apoya al gobierno de Irak en contra del gobierno islamista de Irán donde hacía poco tiempo acababa de triunfar la revolución iraní. La guerra finalizó en 1988 sin un claro vencedor. Tras la revolución iraní y la crisis de los rehenes en Irán, EE. UU. había roto relaciones con Irán.

A comienzos de los años ochenta son secuestrados en el Líbano media docena de estadounidenses por el grupo chiita libanés Hezbolá, que estaba relacionado con los guardias de la revolución islámica del gobierno de Irán. A comienzo de 1985, informaciones llegadas desde el gobierno de Israel e Irán hacen creer a los responsables de la política exterior de los Estados Unidos que el suministro de armas al gobierno de Teherán favorecería la liberación de los rehenes en el Líbano mediante la influencia que Teherán tenía en el grupo que los había secuestrado.

Oliver North, un teniente coronel del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, fue el ideólogo del plan, sin que se haya podido establecer la responsabilidad directa de Ronald Reagan.​

Está acción contradecía el discurso público de Ronald Reagan que rechazaba cualquier trato con terroristas. Iba contra la política oficial de EE. UU. de no vender armas a Irán. Se debía de hacer de espaldas al Congreso y no había garantía alguna de que el grupo que tenía secuestrado a los ciudadanos estadounidenses en el Líbano accediera a las presiones de Irán. De hecho, entre 1985 y 1986, mientras EE. UU. suministraba armas a Irán, se produjeron más secuestros de estadounidenses en el Líbano.

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