Irán, oficialmente la República Islámica de Irán (en persa: جمهوری اسلامی ایران, romanizado: Jomhuri-ye Eslâmi-ye Irân); también conocida históricamente en Occidente como Persia (en persa: پارس, romanizado: Pārs), es un país soberano de Oriente Próximo y Asia Occidental. Es una república islámica teocrática basada en los principios religiosos del islam chií. Limita con Irak y Turquía al oeste, con Azerbaiyán y Armenia al noroeste, con el mar Caspio y Turkmenistán al norte, con Afganistán y Pakistán al este, y con el golfo de Omán y el golfo Pérsico al sur.
Es el decimoséptimo país más extenso del mundo con 1 648 195 km². Irán tiene una población de casi cien millones de personas de diversas etnias. Es un país con una importancia muy significativa en la geopolítica al encontrarse entre Oriente Próximo, Asia Central y Asia del Sur. La capital es Teherán, centro político, industrial, comercial y cultural del país. Irán es una gran potencia regional a la que sus grandes reservas de hidrocarburos (cuartas reservas de petróleo y primeras de gas a nivel mundial) confieren una situación de superpotencia energética y le reportan desde hace décadas una sustancial renta petrolera.
La diversidad étnica de la sociedad iraní, compuesta por persas, que es el grupo étnico principal, azeríes, kurdos, luros, turcomanos y baluchíes, entre otros, forma parte intrínseca de su cultura y ha proporcionado un atractivo especial a este amplio territorio. Los árabes son una pequeña minoría en Irán (alrededor del uno por ciento).
Irán, junto a Irak, es la cuna de algunas de las civilizaciones más antiguas. Las primeras dinastías conocidas en el oeste de Irán son las de Elam, desde 2800 a. C. Los medos formaron el primer imperio que abarcó el Gran Irán en 625 a. C. Estos fueron sucedidos por el Imperio aqueménida, helenizado por los seléucidas tras la conquista por Alejandro Magno y recentrado después en referencias autóctonas por los sucesivos imperios de los partos arsácidas y los sasánidas. Los musulmanes la conquistan en el 651 d. C., con el resultado de la difusión de la lengua persa por toda la meseta iraní y de distintos aspectos de la cultura iraní a lo largo del mundo islámico.
En 1501, el surgimiento de la dinastía safávida produjo la sustitución del islam suní (que hasta entonces era la religión mayoritaria), por el chiismo duodecimano como la religión oficial del reino, además de una intensa persecución de la mayor parte de cofradías sufíes desarrolladas tras la invasión mongola del siglo xii. Bajo el gobierno de Nader Shah, iniciado en 1736, Irán alcanzó su mayor extensión territorial desde la época sasánida. Durante el siglo xix, Irán perdió grandes cantidades de territorio en el Cáucaso en la guerra ruso-persa. A principios del siglo xx, la revolución de 1906 estableció la primera asamblea legislativa del país y del continente asiático, sometiendo el poder monárquico a una constitución. En 1953, el primer ministro Mohammad Mosaddeq —que había nacionalizado el petróleo dos años antes— fue derrocado en un golpe de Estado orquestado por el Reino Unido y los Estados Unidos. Esto permitió al sah Reza Pahleví tener un mayor poder sobre el gobierno nacional. La monarquía llegó a su fin en 1979, mediante una revolución popular que derivó en una revolución islámica, pues terminó siendo liderada por chiitas dirigidos por Jomeiní, que establecieron una república islámica el 1 de abril. En 2015, se firmó el Plan de Acción Integral Conjunto con los P5+1 sobre el programa nuclear de Irán.
Irán es miembro fundador de la Organización de las Naciones Unidas, del Movimiento de Países No Alineados, de la Organización para la Cooperación Islámica y de la OPEP. El sistema político de Irán está basado en la Constitución islámica de 1979, que regula las relaciones entre los distintos órganos de gobierno. La máxima autoridad estatal es el líder supremo, aunque la dirección cotidiana de la administración corre a cargo del presidente. La religión y la lengua oficiales del país son, respectivamente, el islam chií duodecimano y el persa.
El nombre «Irán» es un cognado de «ario», y significa «tierra de los arios». El topónimo aparece por primera vez en los textos avésticos bajo la forma Aryānā vaēža, referido a una región que suele ubicarse en Asia Central. Desde la época sasánida se registran las voces Ērānšahr y Ērān, que perviven tal cual hasta el siglo xxi d. C. en distintos dialectos o idiomas orientales del persa y de las que la segunda está atestiguada ya en una inscripción del siglo iii a. C., junto a un texto paralelo en parto en el que aparece el etnónimo aryān, ya con el significado de «arios», «iranios» o «iraníes».
Hasta 1935, Irán fue conocido en Occidente como Persia, nombre derivado del griego Persis, usado para referirse a la nación irania, su pueblo y sus imperios antiguos. Los iraníes identificaban a su país con el nombre ērān («de los iraníes») desde el período sasánida. El nombre Persia proviene de la región del sur de Irán, llamada Fars/Pars, derivado de Parshua, lugar de origen del Imperio persa.
Irán presenta vestigios de ocupación humana ya desde la Edad de Piedra. Durante el Neolítico se desarrolló un proceso de sedentarización, producción estable de alimentos y establecimiento de rutas de intercambio de corta distancia. La Edad del Cobre, caracterizada por la aparición de elementos de cobre y cerámica pintada en Susiana (sudoeste de Irán) y en Sialk (centro-oeste), se extiende en Irán a lo largo del IV milenio a. C. Comienzan a surgir asentamientos urbanos, en un proceso regional que se desarrolla entre Anatolia, Mesopotamia, el Complejo Arqueológico de Bactria-Margiana y la Cultura del valle del Indo.
A comienzos del III milenio a. C. aparece en Susa una forma de escritura, posiblemente derivada del sistema sumerio para representar la lengua elamita. El Imperio elamita del sudoeste de Irán compite con los imperios vecinos de Babilonia y Asiria. A partir del 2000 a. C. los medos y los persas, pueblos arios o indoeuropeos, comenzaron a desplazarse desde las llanuras del sur de Rusia y Asia Central hacia Europa y Asia. A finales del siglo VII a. C., grupos de tribus iranias identificadas como medos, establecidos al norte y noroeste de Irán, se libran del yugo asirio, estableciendo su poder sobre la región bajo el liderazgo de Deyoces, primer Sah. Gracias a Ciáxares y Astiages se acaba con el poderío asirio, tomando Nínive en el 612 a. C. y consolidando el primer imperio iranio. De ese mismo periodo son las fuentes que mencionan a Ciro I, rey de Anshan.
El dominio meda, no obstante, fue breve, gracias a la labor emprendida por un noble persa de la familia Aqueménida, Ciro el Grande (555-529 a. C.), rey de Anshan, quien unificó a los persas, sometió a los medos y conquistó Babilonia, Siria, el Levante mediterráneo y Asia Menor. Su labor de conquista fue continuada por su hijo y sucesor, Cambises (530-522), quien se anexionó Egipto y marcó la máxima extensión del Imperio aqueménida, configurando el mayor imperio hasta entonces conocido en el Próximo Oriente.
El esplendor del Imperio persa viene marcado por la figura de Darío I (522-486). Se dedicó fundamentalmente a organizar el extenso imperio heredado a través de satrapías. Elaboró una red de caminos con los que se pretendía unir las diversas partes del imperio, el más famoso de los cuales es el Camino Real de Susa a Sardes, y también palacios y monumentos en las capitales: Susa y Persépolis. Convirtió en religión oficial el mazdeísmo. Con él comenzó también el declive del Imperio aqueménida, al emprender una lucha contra los griegos que se conocería como las guerras médicas y que continuaron sus sucesores: Jerjes I, Artajerjes I, Darío II, Artajerjes II y Darío III. Las continuas derrotas de los persas culminaron con la invasión en 334 a. C. y fin del propio imperio por Alejandro Magno (336 a. C.). A su muerte, los sucesores se repartieron sus territorios, y pasó a Seleuco I Nicátor (312 a. C.).
Los seléucidas gobernaron durante una época de gran debilidad, tanto externa como interna. El declive del imperio seléucida fue aprovechado por la dinastía arsácida de Partia, que gobernó el antiguo Irán a partir del año 250 a. C. Los partos (Parni) eran un pueblo de origen septentrional, que construyeron un imperio a partir de la región a orillas del mar Caspio. En los cuatro siglos siguientes, los partos defendieron el territorio de la antigua Persia frente a los romanos, al tiempo que funcionó como intermediario entre Roma y China. En 224 surge el Imperio sasánida (224-652) que luchó a lo largo de los siglos contra los romanos, los bizantinos y las tribus que lo acosaban desde Asia Central. Solo la invasión árabe del siglo VII, en plena expansión del Islam, pudo ponerle fin con la derrota del último sah, Yazdgard III.