Tal Día como Hoy

Invasión lusobrasileña

Conflicto bélico entre las Provincias Unidas y el Imperio portugués (1816-1820)

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La invasión lusobrasileña, también conocida como invasión portuguesa de 1816 o segunda invasión portuguesa de 1816,​ (en portugués: Guerra contra Artigas) es el nombre que los contemporáneos de los hechos e historiadores han dado al conflicto armado que se produjo entre 1816 y 1820 en la totalidad del territorio actual de la República Oriental del Uruguay, en la Mesopotamia argentina y el sur del Brasil, y que tuvo como resultado la anexión de la Banda Oriental al Reino del Brasil, con el nombre de Provincia Cisplatina.

Los beligerantes fueron, de un lado, los orientales artiguistas,​ liderados entonces por el caudillo José Gervasio Artigas y algunos caudillos de otras provincias que componían la Liga Federal y que optaron por seguirlo, como el comandante guaraní Andresito Guazurarí. Del otro lado combatieron las tropas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, dirigidas por el portugués Carlos Federico Lecor (1764-1836).

En el frente naval, el conflicto excedió ampliamente la región del Río de la Plata y el litoral argentino para extenderse globalmente, ya que los corsarios artiguistas acosaron a los buques portugueses y españoles en Europa, África y el Caribe.

La invasión lusobrasileña fue un conflicto militar que en la actualidad posee pocas fuentes de información en comparación con otros temas. Esto se debe principalmente a dos causas: el desinterés hacia este conflicto mostrado por los fundadores de la historiografía uruguaya (Juan Zorrilla de San Martín, Francisco Bauzá, etc.) debido a que pretendían crear una apoteosis de la figura de Artigas​​ y el desinterés de los historiadores actuales, que prefieren abordar otros temas que les parecen más relevantes de la época, como los cambios sociales, políticos y culturales, producidos y fomentados por Artigas.​

Las causas que llevaron al rey de Portugal Juan VI de Braganza, instalado desde 1808 en Río de Janeiro, a lanzarse a la conquista de la Banda Oriental pueden dividirse en «generales y circunstanciales».

Entre las primeras se encuentra, en lugar principal, la antigua aspiración portuguesa de llevar las fronteras del Brasil hasta la costa del Río de la Plata, sosteniendo que el límite coincidía con la Línea de Tordesillas, mediante la cual España y Portugal se habían dividido el mundo en 1494. Por esa razón, la región del Río de la Plata fue área de frontera entre España y Portugal y como tal, zona de alta conflictividad y teatro de cruentas luchas a lo largo de los siglos, incluso luego de que las colonias americanas se independizaran de las potencias europeas. El historiador argentino Liborio Justo (1902-2003), quien calificó de «atávico» a este conflicto, cita las siguientes palabras de Ramón J. Cárcano:

El Río de la Plata resultaba estratégico debido a que es el punto de salida de una extensa cuenca fluvial, la quinta del mundo, que se interna hasta el corazón de América del Sur, desde cerca de las zonas mineras del Potosí en la actual Bolivia, pasando por el Paraguay, el Mato Grosso y llegando hasta São Paulo. Adicionalmente, la Banda Oriental, en el siglo XVIII y comienzos del XIX, era una zona de importante riqueza agropecuaria, en la que, organizada sobre las antiguas vaquerías,​ se producía el tasajo, alimento básico de los esclavos de origen africano que constituían la base de la economía brasileña.​

Siguiendo esa línea histórica conflictiva, en 1536 Buenos Aires fue fundada con el fin de impedir que los portugueses remontasen el Río de la Plata.​ Durante el periodo en el que el reino de Portugal estuvo integrado en la monarquía católica, entre 1580 y 1640, se relajaron las precauciones españolas para cuidar las mal definidas fronteras entre ambos reinos, circunstancia que aprovechó Portugal para extender el territorio del Brasil, hacia el oeste y hacia el sur.​

En 1680 el Reino de Portugal fundó la Colonia del Sacramento, primer asentamiento en el actual territorio uruguayo, exactamente frente a Buenos Aires, en la otra margen del Río de la Plata. Desde ese momento se suceden varios enfrentamientos y acuerdos precarios entre portugueses y españoles en la Banda Oriental y la zona de Las Misiones, conocidas como las guerras del Río de la Plata.​

Portugal aprovechó también las agitadas circunstancias políticas producidas a partir de la invasión napoleónica a España en 1808, presentando a la princesa Carlota Joaquina, esposa de Juan VI y hermana del rey Fernando VII, cautivo de Napoleón, como la mejor alternativa para preservar los intereses de la corona española. Empero, la lucha común contra Napoleón Bonaparte ―quien invadió España con el objetivo de atacar a Portugal, ya que su gobierno no acataba el bloqueo continental impuesto por este a Gran Bretaña― llevó a Portugal a evitar un desacuerdo con España y la ocupación fue postergada.

Antecedentes directos de la empresa conquistadora de 1816 fueron la ocupación de las Misiones Orientales en 1801 por tropas portuguesas, comandadas por el bandeirante José Francisco Borges do Canto y los intentos de generar un protectorado durante la crisis de 1808. Dicha crisis se originó cuando el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, entró en conflicto con el virrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers, que llegó a la ruptura política con la constitución de la Junta de Montevideo el 21 de septiembre de ese año. La monarquía portuguesa aprovechó la situación enviando al militar y diplomático Joaquín Javier Curado ―lo que se conoce como Misión Curado― a ofrecer, en términos conminatorios, la aceptación del protectorado en la Banda Oriental con el argumento de preservarla de un virrey al que consideraba «afrancesado».​ Elío, en un principio, rechazó dicha oferta, pero el devenir de los hechos políticos a partir de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires permitió a los portugueses, en dos ocasiones, intentar la toma armada del territorio oriental. Esas ocasiones fueron las de 1811 y las de 1816.

Debe mencionarse que las ricas y estratégicas Misiones Orientales siguieron siendo un territorio disputado por los nuevos países (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) hasta la Guerra de la Triple Alianza, en que la soberanía brasileña quedaría finalmente asegurada.​

La invasión portuguesa de 1811, fue producto de una solicitud del entonces devenido en virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, en apoyo de las autoridades españolas contra los revolucionarios artiguistas. Dicha invasión se realizó en el contexto, como ya se ha mencionado, de la Revolución de Mayo, donde por influencia de la misma Elío fijó la capital del Virreinato del Río de la Plata en Montevideo, convirtiéndose de esa forma en virrey. La revolución se había logrado infiltrar en la Banda Oriental tras el Grito de Asencio. José Artigas y José Rondeau comandaban las tropas rebeldes que, tras la batalla de Las Piedras, pusieron sitio a Montevideo el 21 de mayo de 1811. Elío, a pesar de estar sitiado y en considerables dificultades, logró bloquear con una flota naval realista el puerto de Buenos Aires y llamó en su auxilio a los portugueses. Un mes después, en julio, se despachó desde Río de Janeiro hacia el Sur un ejército de 4000 hombres al mando del general Diego de Souza. Derrotado en Paraguay y Alto Perú ―actual Bolivia― y con el comercio impedido por el sitio naval de Elío, el gobierno bonaerense buscó a partir de agosto un acuerdo con Montevideo y el territorio oriental a cambio de retirar el bloqueo portuario y la retirada de los portugueses. Los orientales rechazaron el acuerdo, que los abandonaba en poder del enemigo, y siguieron a Artigas en el episodio conocido como el Éxodo del Pueblo Oriental. Las tropas portuguesas no habían abandonado el territorio oriental sino hasta agosto de 1812 cuando, con el apoyo del gobierno británico, Buenos Aires aseguró el cumplimiento del Armisticio de 1811 a través del Acuerdo Rademaker-Herrera de 1812.​

La coyuntura de 1816, contra la revolución agraria artiguista en pleno desarrollo ―que supuso la derrota militar del caudillo José Gervasio Artigas―, la situación de guerra entre el movimiento federal y Buenos Aires (que prácticamente aseguraba la neutralidad, por lo menos, del gobierno central de las Provincias Unidas ante la ocupación del territorio oriental) y la realidad europea, signada por la Restauración y el legitimismo que negaba a las colonias su derecho a independizarse de las monarquías titulares (lo que garantizaba a Portugal contra la eventual reacción hostil de España), resultó ideal para la realización del antiguo objetivo. Esas fueron las principales circunstancias.

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