El internet de las cosas (IdC) describe objetos físicos (o grupos de estos) con sensores, capacidad de procesamiento, software y otros entes que se conectan e intercambian datos con otros dispositivos y sistemas a través de internet u otras redes de comunicación. El Internet de las cosas se ha considerado un término erróneo porque los dispositivos no necesitan estar conectados a la Internet pública. Sólo necesitan estar conectados a una red y ser direccionables individualmente.
Este campo ha evolucionado gracias a la convergencia de múltiples tecnologías, como la informática ubicua, los sensores, los sistemas integrados cada vez más potentes y el aprendizaje automático. Los campos tradicionales de los sistemas embebidos, las redes de sensores inalámbricos, los sistemas de control y la automatización (incluida la domótica y la inmótica) hacen posible, de forma independiente y colectiva, el Internet de las cosas. En el mercado de consumo, la tecnología del IdC es más sinónimo de productos sobre el concepto de «hogar inteligente», que incluye dispositivos y aparatos (dispositivos de iluminación, termostatos, sistemas de seguridad del hogar, cámaras y otros electrodomésticos) que soportan uno o más ecosistemas comunes. Puede controlarse a través de dispositivos asociados a ese ecosistema, como los móviles y altavoces inteligentes. El IdC también se utiliza en los sistemas sanitarios.
Hay muchas preocupaciones sobre los riesgos en el crecimiento de las tecnologías y productos del IdC, especialmente en lo que respecta a la privacidad y la seguridad. En consecuencia, la industria y los gobiernos han comenzado a tomar medidas para hacer frente a estas preocupaciones, incluyendo el desarrollo de normas internacionales y locales, directrices y marcos regulatorios.
Por ejemplo, la Unión Europea implementó el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en 2018, que exige la protección de datos cuando se trata de almacenar y administrar datos de personas en la Unión Europea. Aunque la legislación sólo se aplica a los ciudadanos de la UE, tiene un impacto global porque afecta a organizaciones globales que tienen mercados europeos.
Bill Joy imaginó la comunicación D2D (del inglés: Device to Device, de dispositivo a dispositivo) como parte de su estructura de las "Seis Webs" (en 1999 en el Foro Económico Mundial de Davos); pero hasta la llegada de Kevin Ashton, la industria no dio una segunda oportunidad al internet de las cosas.
En un artículo de 2009 para el diario RFID, «Esa cosa del “internet de las cosas”», Ashton hizo la siguiente declaración:Los ordenadores actuales —y, por tanto, internet— son prácticamente dependientes de los seres humanos para recabar información. Una mayoría de los casi 50 petabytes (un petabyte son 1000 terabytes) de datos disponibles en internet fueron inicialmente creados por humanos, a base de teclear, presionar un botón, tomar una imagen digital o escanear un código de barras. Los diagramas convencionales de internet, dejan fuera a los routers más importantes de todos: las personas. El problema es que las personas tienen un tiempo, una atención y una precisión limitados, y no se les da muy bien conseguir información sobre cosas en el mundo real. Y eso es un gran obstáculo. Somos cuerpos físicos, al igual que el medio que nos rodea. No podemos comer bits, ni quemarlos para resguardarnos del frío, ni meterlos en tanques de gas. Las ideas y la información son importantes, pero las cosas cotidianas tienen mucho más valor. Aunque, la tecnología de la información actual es tan dependiente de los datos escritos por personas que nuestros ordenadores saben más sobre ideas que sobre cosas. Si tuviéramos ordenadores que supieran todo lo que tuvieran que saber sobre las “cosas”, mediante el uso de datos que ellos mismos pudieran recoger sin nuestra ayuda, nosotros podríamos monitorizar, contar y localizar todo a nuestro alrededor, de esta manera se reducirían increíblemente gastos, pérdidas y costes. Sabríamos cuándo reemplazar, reparar o recuperar lo que fuera, así como conocer si su funcionamiento estuviera siendo correcto. La internet de las cosas tiene el potencial para cambiar el mundo tal y como hizo la revolución digital hace unas décadas. Tal vez incluso hasta más.Los estudios relacionados con la internet de las cosas están todavía en un punto muy temprano de desarrollo. Como resultado carecemos de una definición estandarizada para este término. Una encuesta realizada por varios investigadores resume de alguna manera el término.
El concepto de Internet de las Cosas (IdC, o IoT en inglés) tiene sus raíces en la idea de conectar dispositivos a Internet para permitir la comunicación y el intercambio de datos de forma remota. Los primeros conceptos sobre la creación de una red de dispositivos inteligentes se discutieron en 1982, cuando una máquina de Coca-Cola modificada se convirtió en el primer electrodoméstico conectado a Internet. Durante la década de los 90 se publicaron distintos artículos en el ámbito académico y el término Internet de las cosas se hizo popular en 1999. A partir de ese momento, el concepto de Internet de las cosas y su evolución estuvieron relacionados con la incorporación de sensores y conexiones en cualquier tipo de dispositivo que pudiera admitirlo. Básicamente se trataba de incorporar “inteligencia” en distintos objetos electrónicos que pudieran admitirlo.
1999: Kevin Ashton, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), acuña el término "Internet de las Cosas" (IoT).
2008: La primera versión del protocolo IPv6 es estandarizada, lo que proporciona un gran número de direcciones IP para dispositivos IoT.
2010: El número de dispositivos conectados a Internet supera al número de personas en el mundo.
2014: Google adquiere Nest Labs, una empresa dedicada a dispositivos domésticos inteligentes, lo que marca un gran paso en la popularización del IoT en el hogar.
2016: La compañía de software estadounidense PTC adquiere la empresa de IoT ThingWorx por 112 millones de dólares, demostrando el crecimiento del mercado de IoT.
El funcionamiento de los sistemas IoT convencionales consiste en el envío, la recepción y el análisis continuo de datos en un ciclo de retroalimentación. Dependiendo del tipo de tecnología utilizada en IoT, los datos pueden ser analizados por humanos o sistemas de inteligencia artificial y aprendizaje automático (IA/ML) de manera casi inmediata o tras un período de tiempo determinado.
El término IoT describe el conjunto de dispositivos físicos que se comunican entre sí mediante redes inalámbricas y requieren de una mínima intervención humana. Este sistema se logra gracias a la incorporación de dispositivos informáticos en diversos objetos de uso cotidiano.
Se suelen establecer cuatro etapas:
Adquisición de datos: Los dispositivos de IoT capturan datos de su entorno mediante sensores. Estos datos pueden variar en complejidad, desde información tan simple como la temperatura hasta feeds de video en tiempo real.
Compartición de datos: Los dispositivos IoT envían los datos capturados a través de conexiones de red disponibles a un sistema en la nube pública o privada (dispositivo-sistema-dispositivo), a otro dispositivo (dispositivo-dispositivo), o los almacenan localmente para su procesamiento en el edge.
Procesamiento de datos: En esta etapa, el software se programa para llevar a cabo ciertas acciones basadas en los datos adquiridos, como encender un ventilador o enviar una advertencia.