La integración latinoamericana (o latinoamericanismo), inspirada en la integración europea, es un movimiento político y social que aboga por una estrecha coordinación, relación, asociación y cooperación entre los países de América Latina, desde México hasta Argentina y Chile, acorde a sus similitudes políticas, económicas, sociales, culturales, religiosas, lingüísticas, ideológicas y geográficas, entre otras.
Consiste en un conjunto de acciones cuya finalidad es consolidar la comunicación de los países mediante una unión económica y política, abogando por una estrecha coordinación, compartiendo sus soberanías nacionales y cediendo parte de sus atribuciones de gobierno (en mayor o menor medida, dependiendo del grado de supranacionalidad) a entes superiores, como es el caso de la Unión Europea. Tal movimiento político surgió de lo experimentado en Europa con el éxito de la integración europea, el europeísmo y en menor medida del federalismo europeo. Se ha discutido también la creación de la unión Latinoamericana.
Aún habiendo existido numerosos intentos de llevar a cabo una integración del continente, hasta la actualidad no habido éxito con ninguna de las organizaciones creadas, provocando solapamiento entre ellas o duplicidades en funciones.
La región, de 20 038 800 kilómetros cuadrados (7 737 000 millas cuadradas), cuenta con más de 650 000 000 habitantes (2019) repartidos en 20 estados soberanos y 7 territorios dependientes, en los que se habla principalmente el español y portugués.
Finalizada la primera fase de la lucha de la independencia en las colonias españolas de América, hubo varios intentos de confederación entre las nuevas repúblicas, como la Gran Colombia (1819-1831), las Provincias Unidas del Centro de América (1823-1824), la República Federal de Centro América (1824-1839) y la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), pero todas fracasaron por la propia naturaleza de la crisis de la independencia y consecuentemente con las pugnas políticas, las guerras civiles, las intervenciones extranjeras y el recelo de las clases gobernantes a perder el poder.
Así, no se pudo llevar a cabo el proyecto federativo que el Libertador Simón Bolívar promovió en 1826 en el Congreso de Panamá, el primero de una serie de congresos de unión y confederación latinoamericana que tienen lugar infructuosamente a lo largo del siglo XIX: congreso de Lima (1847-1848), congreso de Santiago de Chile (1856-1857) y segundo congreso de Lima (1864-1865).
Estados Unidos aprovechó la falta de éxito de estos intentos de integración latinoamericanos para convocar en 1889 en Washington la Primera Conferencia Panamericana, dando lugar a la creación en 1890 de la Unión Panamericana, bajo el control de Estados Unidos y la congregación de México.
Las Conferencias Panamericanas, impulsadas por Estados Unidos, van conformando en la primera mitad del siglo XX un sistema de cooperación comercial y técnico de los países de América, así como la creación de una legislación y diplomacia hemisférica dentro del llamado «sistema interamericano», encarnado en la Organización de Estados Americanos (OEA), heredera de la Unión Panamericana de 1890, que se crea en la Conferencia Panamericana de Bogotá en 1948.
Desmarcándose del control ejercido por Estados Unidos sobre la OEA, los países latinoamericanos elaboraron organismos de integración propios, entre los que destacan la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI, 1960-1980) o el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA, 1975), y organizaciones intergubernamentales como la Comunidad Andina de Naciones (CAN, 1969) y el Mercado Común del Sur (Mercosur, 1991).
En la primera década del siglo XXI esta idea fue retomada por figuras políticas de izquierda en Suramérica, incluida la expresidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y el expresidente venezolano Hugo Chávez. Esto desembocó en la creación de organismos como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR, 2008, que en este momento nuclea a 5 de los 20 países latinoamericanos, con el agregado de Guyana y Surinam) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, 2010, integrado por 33 estados, 8 de los cuales reconocen como Jefe de Estado al monarca británico). Entre los sectores de izquierda que propiciaron esta etapa de la integración latinoamericana, se hizo común referirse a este constructo político con el nombre de patria grande, un título que ya había sido usado con anterioridad por figuras como Manuel Baldomero Ugarte, José Gervasio Artigas o Francisco de Miranda. Un plan de regularización de inmigrantes procedentes de países fronterizos iniciado por Argentina en 2006, bajo el gobierno de Néstor Kirchner llevó el nombre, precisamente, de Patria Grande.
Argumentos a favor y en contra de la integración latinoamericana
Latinoamérica es una región que, desde su definición misma, hace alusión a los idiomas hablados, tratándose de lenguas romances o derivadas del latín. Se incluye en la región una mayoría de países de habla hispana, mientras que una minoría lo conforman países o territorios de habla portuguesa (Brasil), o francesa (Haití, Guyana Francesa). Los países de la región que no están no incluidos Surinam, Guyana y diversos países del Caribe de habla inglesa y neerlandesa, aunque algunos de ellos forman parte de proyectos supranacionales como UNASUR.
Como factores para defender la necesidad o conveniencia de estos proyectos de integración, suele sostenerse que el hecho de hablar un mismo idioma facilita las relaciones diplomáticas, económicas y políticas. También suele sostenerse que muchos de los distintos estados de América Latina han compartido, en mayor o menor medida, períodos históricos similares: conquista, colonización, independencia, inestabilidad política, dictaduras militares o gobiernos populistas durante el siglo XX, grupos guerrilleros de izquierda a partir de la Revolución Cubana de 1959 y nuevas dictaduras militares como respuesta a ese fenómeno. También se señala que a partir de los años 1990 se logró una mayor estabilidad institucional con regímenes democráticos en la gran mayoría de los estados.
Los argumentos en contra de estos procesos hacen referencia a cuestiones económicas que tornan intrascendente la integración y la condenan al fracaso, con prescindencia de la voluntad política que eventualmente pueda existir: "Los países latinoamericanos, tanto tomados en conjunto como en sus diversos grupos subregionales, realizan entre sí menos del 20% de su comercio externo. Por comparación, ese indicador es del 65% en Europa y del 50% en América del Norte. La razón es que, en las regiones periféricas, los polos gravitacionales son extra-regionales: para América Central, el Caribe y México, la mayor parte del comercio, inversiones, turismo y remesas proviene de los Estados Unidos, mientras que para América del Sur la atracción de China es cada vez más evidente – e irresistible. Las fuerzas centrífugas generadas por las potencias mundiales contribuyen a desgarrar a América Latina más de lo que la voluntad política logra cohesionar. Si bien en la historia de la integración latinoamericana siempre convivieron proyectos paralelos (la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio y el Mercado Común Centroamericano en los ‘60, la Comunidad Andina y el Mercosur en los ‘90), el contraste entre el Mercosur y los países del Pacífico es mayor que nunca. Dado que cada grupo incluye a uno de los dos gigantes regionales, respectivamente Brasil y México, proyectos de síntesis como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) sólo pueden interpretarse como foros de diálogo y cooperación, y no como mecanismos de integración".
Organismos de América Latina y el Caribe
Territorios americanos integrados en estados no americanos
Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura
Reunificación de la Gran Colombia