Tal Día como Hoy

Ingmar Bergman

Guionista y director sueco de cine y teatro (1918-2007)

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Ernst Ingmar Bergman (Upsala, Suecia; 14 de julio de 1918 - Fårö, Suecia; 30 de julio de 2007), conocido como Ingmar Bergman, fue un guionista y director de teatro y cine sueco, considerado uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo XX.

Segundo hijo del pastor luterano Erik Bergman (1886-1970) y Karin Åkerblom, Ingmar Bergman nació en Upsala. El mundo metafísico de la religión influyó tanto en su niñez como en su adolescencia. Su educación estuvo basada en los conceptos luteranos: «Casi toda nuestra educación estuvo basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, factores concretos en las relaciones entre padres e hijos y con Dios», escribe en sus memorias. «Los castigos eran algo completamente natural, algo que jamás se cuestionaba. A veces eran rápidos y sencillos como bofetadas y azotes en el trasero, pero también podían adoptar formas muy sofisticadas, perfeccionadas a lo largo de generaciones».​ Muchas de sus obras están inspiradas en esos temores y relaciones violentas. El ritual del castigo y otras anécdotas de su infancia aparecen escenificadas en una de sus más reconocidas películas, Fanny y Alexander, donde Alexander es un niño de diez años que es trasunto del pequeño Bergman.

Progresivamente, el joven Bergman buscó la forma de encauzar sus propios sentimientos y creencias independizándose cada vez más de los valores paternos a fin de buscar su propia identidad espiritual, pero, a lo largo de su vida, siempre mantuvo un canal abierto con su infancia, y en ella había penetrado con fuerza el cine con el regalo de un cinematógrafo elemental, que le condujo a todo tipo de ensoñaciones y conocimientos técnicos.​

A partir de los trece años estudió bachillerato en una escuela privada de Estocolmo; después se licenció en Letras e Historia del Arte en la Universidad. Encontró en el teatro, y luego en el cine, los dos medios más apropiados para expresarse y centrar su capacidad y potencial creativos. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, ya distanciado de su familia, inició su carrera como ayudante de dirección en el Teatro de la Ópera Real de Estocolmo. No obstante, las imágenes y valores de su niñez, que lo seguirían por el resto de su vida, y la proximidad con el quehacer de su padre, lo habían sumergido en las cuestiones metafísicas: la muerte, la autonomía, el dolor y el amor.

La carrera cinematográfica de Bergman comenzó en 1941 trabajando como guionista. Su primer guion lo concibió en 1944 a partir de un cuento suyo, Tortura (Hets), que fue finalmente un filme dirigido por Alf Sjöberg. Simultáneamente a su trabajo como guionista, ejerció como script; y en su segunda autobiografía, Imágenes, Bergman señala que él hizo el rodaje final de exteriores (fue su inicio como director profesional), y que su historia obsesiva y violenta fue retocada por Sjöbert, siendo este el que dio una tensión interior especial al personaje.​ La película estuvo producida por Victor Sjöström, por lo que Bergman tuvo de este modo un contacto próximo con dos grandes directores. Sjöström le apoyará, participando como actor en dos filmes suyos.​

El éxito internacional de Tortura le permitió a Bergman iniciarse como director, un año después, con Crisis. Durante los siguientes diez años escribió y dirigió más de una docena de películas, que incluyen Llueve sobre nuestro amor (Det regnar på vår kärlek), Prisión (Fängelse) en 1949, Noche de circo (Gycklarnas afton) y Un verano con Mónica (Sommaren med Monika), ambas de 1953. La actriz de la última, Harriet Andersson, era a su juicio uno de los «raros ejemplares resplandecientes de la jungla cinematográfica».​

Curiosamente, el primer reconocimiento internacional, tanto de público como de crítica, se dio en países periféricos de la industria cinematográfica, con la exhibición de Sommarlek (Juegos de verano en España y Juventud divino tesoro en Uruguay y Argentina) en el Festival de Cine de Punta del Este de 1952. El éxito obtenido en ese festival dio lugar a la exhibición de toda la obra inicial de Bergman en Río de la Plata así como inmediatamente en Brasil, cuando obtuvo una alta valoración tanto por el público como por la crítica, antes de su reconocimiento internacional en Europa y América del Norte.​​ La adhesión del público y la crítica cinematográfica del Cono Sur latinoamericano persistió durante toda la obra posterior de Bergman.

El reconocimiento internacional en Europa y América del Norte le llegó con Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955), donde «hay una porción de nostalgia, una relación padre-hija reflejo de mi vida, la gran confusión y la tristeza», además del complicado amor;​ con ella ganó el premio «Best poetic humor» y es nominado para la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1956.

Fue seguida por los rodajes de El séptimo sello (Det sjunde inseglet) y Fresas salvajes (Smultronstället), estrenadas con diez meses de diferencia en Suecia en 1957. El séptimo sello —para muchos, su primera obra maestra, aunque Bergman, que la apreciaba, no la considerase impecable—​ ganó el Premio Especial del Jurado y fue nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Y Fresas salvajes ganó numerosos premios, como el Globo de Oro, el Oso de Oro en el Festival de Berlín y estuvo nominada al Óscar al mejor guion. Es el comienzo de la mejor etapa del director, que enlazaría numerosas obras maestras hasta finales de la década de 1960.

A continuación rodó dos películas: En el umbral de la vida (Nära livet, 1958), que recibió numerosos premios —es de las primeras obras de cámara del director (con pocos personajes y desarrollada prácticamente en un solo escenario)— y El rostro (Ansiktet, 1959) —única incursión del director en el cine de misterio mezclado con humor negro— con la que ganó el premio BAFTA. El rostro, a pesar de no ser un gran éxito de crítica y público, es uno de los títulos más reivindicados de su filmografía, por el Bergman maduro o por su admirador Woody Allen, quien se inspira en su producción.

Rodó El manantial de la doncella (Jungfrukällan, 1960), una cruda fábula medieval basada en una vieja historia sueca de violación y venganza, por la que recibe el Óscar a la mejor película extranjera, el Globo de Oro y un premio especial en el Festival de Cannes. Bergman se encuentra en la cima y, justo en esta época, comienza a pasar largos periodos de tiempo en la isla sueca de Fårö, donde rueda muchos de sus filmes claves.

Tras filmar el divertimento El ojo del diablo (Djävulens öga) —una interesante comedia olvidada con el paso de los años sobre el mito de Don Juan—, Bergman dirigió tres de las películas más importantes de su filmografía: Como en un espejo (Såsom i en spegel, 1961), Los comulgantes (Nattvardsgästerna, 1963) y El silencio (Tystnaden, 1963), en las que explora temas como la soledad, la incomunicación o la ausencia de Dios. Los críticos trataron las obras como un tríptico y Bergman inicialmente desmintió tal afirmación (argumentando que no había planeado sus rodajes como una trilogía y que no veía similitudes entre los tres filmes), pero terminaría aceptando dicho rótulo para los trabajos por su temática.

Como en un espejo ganó nuevamente el Oscar a la mejor película extranjera, además de ser nominada a numerosos premios. La película abordaba con un cuarteto de personajes, un caso de locura histérico-religiosa, como escribiera el autor.​ Por su parte, El silencio se convirtió en una de las obras más aplaudidas del director y su mayor éxito de taquilla hasta la fecha. No obstante el precio de la fama fue caro, debido al contenido argumental desesperado (que anticipaba en su realización parte del estilo formal de obras posteriores de Bergman) y a sus explícitas escenas de sexo; El silencio fue prohibida en numerosos países, y Bergman recibió varias amenazas de muerte por parte del sector más conservador y cínico de los espectadores de la época, que veían la película como pornografía. En este periodo de creatividad desaforada y gran éxito de público y crítica, Bergman rodó una comedia menor parodiando el cine de Fellini: ¡Esas mujeres! (För att inte tala om alla dessa kvinnor, 1964).

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