Tal Día como Hoy

Indro Montanelli

Periodista italiano

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Indro Montanelli Doddoli (Fucecchio, Florencia, 22 de abril de 1909 - Milán, 22 de julio de 2001) fue un periodista, escritor e historiador italiano.​ Su talento fue reconocido y premiado también en el exterior (por ejemplo, en Finlandia y Estados Unidos, donde fue reconocido como mejor periodista internacional, y España, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 1996, ex aequo con Julián Marías). Fue un autorizado cronista de la historia italiana y entrevistó a personajes como Winston Churchill, Charles de Gaulle, Luigi Einaudi y el papa Juan XXIII.

Montanelli nació en Fucecchio, cerca de Florencia, el 22 de abril de 1909. Su padre, Sestilio Montanelli, era profesor de filosofía en un instituto y su madre, Maddalena Doddoli, era hija de un rico comerciante de algodón. Su padre eligió el nombre Indro en honor al dios hindú Indra.​

Su actividad periodística empieza de forma efectiva con su trabajo como reportero de calle para Paris Soir en 1934, especializándose en la crónica negra. Fue luego enviado como corresponsal a Noruega y de allí a Canadá como corresponsal de la agencia United Press, aunque seguía colaborando con Paris Soir. Entrevistó al magnate Henry Ford, haciendo de él un retrato muy original. Con su agencia de noticias fue como vice-corresponsal a Abisinia, pero regresó pronto a América. Posteriormente, fue voluntario, fascinado por los ideales fascistas, como comandante de un batallón de Askari; pero viendo la incapacidad, la desorganización del ejército y la abundancia de medallas sin valor ninguno, comenzó a dudar del régimen.

Se involucró a continuación en la guerra civil española, posicionándose a favor del bando republicano, llegando a ayudar en su huida hasta la frontera a Valentín González, El Campesino, comandante comunista de la 46.ª división, que lo recompensaría regalándole su carné del partido, que Montanelli conservaría durante toda su vida.

Su posición contraria al fascismo lo llevó a las primeras serias disidencias con él. Rechazó el carné del partido, por lo que, para evitar lo peor, Giuseppe Bottai le buscó, primero, un lectorado de italiano en la Universidad de Tartu, en Estonia, y luego lo hizo nombrar Director del Instituto Italiano de Cultura de Tallin. De vuelta a Italia, su ruptura con el partido fascista se hizo efectiva en una manifestación; recibe el apoyo del Corriere della Sera, que lo contrata.

Hace de reportero por toda Europa: en Alemania, donde consigue un legendario encuentro con Hitler que narraría en su libro Il testimone; en Noruega, donde asiste a la invasión alemana; y en Finlandia, de donde saldrían una serie de relatos sobre la guerra entre Finlandia y Rusia que apasionarían a los lectores italianos y en los que demostraría predilección por Finlandia.

De nuevo en Italia, vivió el colapso del 8 de septiembre de 1943 y se afilió a Giustizia e Libertà, un partido clandestino, pero descubierto por los alemanes es condenado a muerte y encarcelado. De esta experiencia sacó inspiración para uno de sus Incontri, pequeños retratos de personajes, en concreto su relato El general Della Rovere, que luego sirvió de base para que Roberto Rossellini realizara la película El general de la Rovere, la cual obtuvo el León de Oro en Venecia y una nominación a los Óscar en la categoría de mejor guion adaptado. Salió de San Vittore por intercesión del cardenal de Milán Ildefonso Schuster, ayuda que sólo conocería muchos años después gracias a uno de sus lectores.

Las revoluciones en los países comunistas

Se refugió en Suiza hasta el final de la guerra. Después de terminar ésta, su actividad de reportero lo llevó a Budapest, durante la invasión rusa con tanques de 1956, y que le inspiró la trama de una obra teatral, luego hecha película con su dirección artística, Los sueños mueren al alba (1960). Allí vive la revolución Húngara de 1956 y asiste al derribo de la estatua de Stalin. Señala en sus crónicas que estos revolucionarios eran jóvenes comunistas antiestalinistas y no "reaccionarios burgueses" como pretendían los soviéticos y la izquierda internacional. Escribe también destacados reportajes sobre la Primavera de Praga de 1968.

Entre sus amistades, se cuentan personajes fundamentales de la cultura italiana de la época como Leo Longanesi y Dino Buzzati.

Declaradamente anticomunista, anarco-conservador (como gustaba definirse), sus actitudes intransigentes y contracorriente le valieron en los años 70-80 una etiqueta de "fascista" (aunque en los 90 fue llamado también "comunista") por parte de las izquierdas, en las que él veía, en aquellos años, un peligro importante como portavoces de la entonces superpotencia soviética.

Con el Corriere della Sera, bajo la dirección de Piero Ottone, Montanelli dijo haberse convertido en una especie de extraño, y dimitió antes de ser despedido: la línea del periódico, conformista y servil con los modelos políticos dominantes, era más de lo que podía asumir, por lo que terminó fundando en 1974 su propio periódico, Il Giornale nuovo. Lo siguieron muchos colegas que, como él, no veían bien la nueva dirección del Corriere. El propio Ottone reconoció con pena que Montanelli se estaba llevando "la vajilla de plata de la familia", en referencia a los grandes periodistas que se fueron con él.

Con Il Giornale, que ya desde el principio concibió como un periódico de opinión, Montanelli tuvo la oportunidad de expresar con mayor fuerza sus posiciones, siempre poco conformistas y frecuentemente originales; a modo de interlocutor exterior a la política, orientado al debate sobre cuestiones de principios y partidario de una derecha idealista, se introdujo en el debate político, contribuyendo a la creación de la figura del analista político de procedencia periodística.

Ante el crecimiento, que él consideraba peligroso, del Partido Comunista Italiano, hizo famosa su petición electoral de taparse la nariz para votar a la Democracia Cristiana.

Fue víctima, en 1977, de un atentado de las Brigadas Rojas, que le dispararon 4 tiros, alcanzándole dos en las piernas, cuando se dirigía como todas las mañanas al periódico. Los terroristas justificaron el atentado por considerar a Montanelli un "esclavo de las multinacionales". Montanelli recibió pocos telegramas de pesar e, incluso, el Corriere le dedicó un simple suelto en donde, sin nombrarlo directamente, informa de que un periodista ha sido tiroteado: ("Milano [...] un giornalista è stato colpito [...]").

Il Giornale tuvo un público fiel durante años, sin embargo, siempre limitado en relación con otros diarios. Las crisis económicas no tardaron en hacerse notar, hasta obligarlo a aceptar la entrada como editor de Silvio Berlusconi. Su asociación duró hasta comienzos de los años 1990, cuando la entrada en política de su editor provocó las primeras disidencias entre los dos, llevando a Montanelli a abandonar el diario que había fundado por encaminarse este a una línea con la que en absoluto estaba de acuerdo. Rechaza la dirección del Corriere della Sera, ofertada por Paolo Mieli y Giovanni Agnelli, y decide fundar un nuevo periódico, La Voce, junto con cuarenta periodistas de su redacción anterior.

El diario se convirtió en una voz principal de la oposición al gobierno de Berlusconi. Montanelli organizó campañas para defender la libertad de prensa «amenazada: sentémonos en torno a la mesa, izquierda y derecha, para defender el bien común: la libertad de expresión», fue una de sus declaraciones más celebradas. La nueva empresa, sin embargo, no tuvo una larga vida, por no obtener un suficiente volumen de ventas; como él mismo tuvo que decir, La Voce proponía un fenómeno demasiado ambicioso; la página cultural resultó particularmente exitosa y fue la parte más leída.

Montanelli colaboró también con el pseudónimo Marmidone en el diario Il Tempo, donde respondía a los lectores y polemizaba con otro toscano, Curzio Malaparte.

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