Indalecio Gómez (Molinos, provincia de Salta, 14 de septiembre de 1850 - Buenos Aires, 17 de agosto de 1920) fue un jurista y político católico argentino, que ejerció como Ministro del Interior del presidente Roque Sáenz Peña. Fue coautor y defensor de la Ley Sáenz Peña, que logró imponer en su país el voto universal, secreto y obligatorio.
Hijo de Indalecio Gómez y Ríos, salteño, y Felicidad González del Toro, chilena, nació en la finca que fuera del último gobernador realista del Virreinato del Río de la Plata, Nicolás Severo de Isasmendi. En 1862, el niño presenció el asesinato de su padre, una de las pocas víctimas salteñas de la guerra civil que siguió a la batalla de Pavón.
Cursó sus estudios en la Escuela de la Patria, fundada por Mariano Cabezón. Inició la escuela secundaria en un establecimiento privado, terminándola en Sucre, Bolivia. Allí comenzó la carrera eclesiástica, siendo alumno de Fray Mamerto Esquiú, el famoso orador de la Constitución. Si bien posteriormente abandonó los estudios eclesiásticos, fue un católico durante toda su vida.
En 1870 viajó a Buenos Aires, donde estudió Derecho en la Universidad, graduándose en jurisprudencia en 1876.
De regreso a Salta, ingresó en la legislatura y fue docente en el Colegio Nacional. También se unió a una sociedad, con la que se dedicó al comercio de ganado con el puerto de Cobija —entonces el único puerto Boliviano del Océano Pacífico— para el abastecimiento del ejército del Perú.
Posteriormente fue nombrado cónsul del gobierno argentino en el puerto peruano de Iquique, y fue testigo presencial de la Guerra del Pacífico. Apoyó públicamente la posición peruana en la misma y, en este carácter, conoció a un voluntario argentino en esa guerra, el joven abogado porteño Roque Sáenz Peña. Cuando éste fue tomado prisionero por las fuerzas chilenas, intercedió por él, logrando meses más tarde su libertad. También asesoró al enviado del gobierno argentino en Lima, que medió en la finalización de la guerra.
En 1883 contrajo matrimonio con Carmen Rosa de Tezanos Pinto, jujeña —hermana de la esposa de Uriburu, Leonor— y cuya familia estaba exiliada en Perú.
Poco después fue elegido senador provincial por el departamento San Carlos.
Diputado y ministro plenipotenciario
Muy vinculado con la aristocracia local, en 1886 fue elegido Diputado Nacional por Salta. En el Congreso Nacional participó activamente de los debates de 1893, sobre el protocolo adicional al Tratado de Límites con Chile, del año 1881.
El surgimiento del movimiento social cristiano, iniciado con la encíclica Rerum Novarum, del año 1891, lo contó entre sus principales impulsores. Junto a José Manuel Estrada, Pedro Goyena y Emilio Lamarca, fundó la Unión Católica, cuya acción política enfrentaba al dominante anticlericalismo gubernamental.
De 1892 a 1900 fue nuevamente elegido Diputado Nacional por Salta.
En 1902 se opuso en público a los “Pactos de Mayo”, tratados adicionales de paz con Chile, que se destacaron especialmente por la falta de simetría entre las condiciones aceptadas por uno y otro país. En un acto opositor, reunido en el Teatro Victoria de la capital, su discurso se constituyó en la voz de la oposición. El expresidente Carlos Pellegrini, testigo del mismo, contradijo las afirmaciones de Gómez, iniciando un largo y áspero debate en los periódicos. Se convirtió, así, en el principal impugnador de la política exterior del gobierno de Julio Argentino Roca, líder máximo del partido gobernante.
El presidente Manuel Quintana, sucesor de Roca, lo nombró el 19 de julio de 1905 ministro plenipotenciario y enviado extraordinario ante las potencias de Europa central y oriental: Rusia, Alemania y el Imperio austrohúngaro. En cumplimiento de su misión, conoció al Káiser Guillermo II, al rey Leopoldo de Bélgica, al Zar y al Papa. Mantuvo una nutrida correspondencia con su amigo Roque Sáenz Peña, embajador en Italia.
Ministerio del Interior y reforma electoral
Al asumir la presidencia de la Nación el doctor Roque Sáenz Peña, el 12 de octubre de 1910, nombró como Ministro del Interior a su amigo Indalecio Gómez. Su único y gran objetivo es la reforma electoral, a la que gustaba llamar "revolución por los comicios".
La situación política parecía obligar a algún tipo de reforma: los gobiernos elegidos hasta entonces – incluida la propia presidencia de Sáenz Peña – estaban completamente viciados en su origen: cada gobierno era resultado de la acción del gobierno anterior para favorecerlo, a través de un fraude electoral sin medida, que incluía violencia sobre los opositores, trampas en la conformación de los padrones electorales y falsificación de los votos “cantados” en mesas electorales conformadas al gusto del gobierno. Los gobiernos provinciales, por su parte, eran meras ramificaciones del partido gubernamental.
Durante el último sexenio había ocurrido una serie de cambios trascendentales, que no habían modificado la situación de fondo: una ley electoral de 1904 había introducido el sistema de circunscripciones uninominales, que había permitido la llegada del primer diputado por el Partido Socialista. Ese mismo año, la introducción del servicio militar obligatorio permitió establecer un padrón electoral sin fallas de confección, además de otorgar a los conscriptos un documento universal.