El incendio de Moscú de 1812 comenzó el 14 de septiembre en Moscú, el día en que las tropas rusas y gran parte de los residentes abandonaron la ciudad durante la invasión napoleónica de Rusia.
El incendio fue provocado por el ejército ruso, ya que luego de haber sido derrotado en la batalla de Borodinó, no podían arriesgarse a dejarle los recursos y las armas rusas al Ejército Napoleónico, por lo que utilizaron la técnica militar de «tierra quemada», destruyendo sus propiedades antes de permitirle al enemigo hacer uso de las mismas.
El incendio continuó hasta el 18 de septiembre; se estima que tres cuartas partes de la ciudad de Moscú fueron destruidas por el fuego.
Después de la Invasión napoleónica de Rusia en 1812, el ejército ruso había iniciado una campaña de guerra de guerrillas y tierra quemada para negarle al ejército francés los recursos que necesitaba para sobrevivir y causarle la mayor cantidad posible de bajas, reduciendo su tamaño y efectividad de manera gradual, un plan que había sido ideado y promovido por Mijaíl Barclay de Tolly.
El plan contaba con explotar la debilidad de la logística militar del ejército francés cuyas líneas de suministros se encontraban sobreextendidas y eran por tanto vulnerables a ataques: fácilmente podían ser interrumpidas y causar escasez de suministros entre los soldados franceses.
Este plan resultó muy efectivo pero extremedamente impopular con la mayoría del pueblo, el gobierno, las fuerzas armadas de Rusia y con el mismo zar; esto debido a que requería la destrucción de sus poblaciones y propiedades y el ejército ruso debía retroceder continuamente cediendo territorio a cambio de tiempo pero reduciendo su moral.
A pesar de las medidas rusas de guerra irregular, el ejército ruso no podía abandonar Moscú sin una pelea, dado que la ciudad era considerada la capital espiritual y cultural de Rusia y la capital religiosa del mundo ortodoxo; por lo que se detuvieron en los alrededores de la villa de Borodinó para combatir a los franceses tras lo que se dio la batalla de Borodinó que quedaría en tablas, aunque los rusos terminaron retirándose y cediendo al campo de batalla a los franceses; tras esto se vieron obligados a dejar la ciudad.
El 14 de septiembre de 1812, el ejército francés entró en Moscú y comenzaron la ocupación de la ciudad.
Para cuando los franceses llegaron a Moscú la ciudad estaba virtualmente desierta: de 270,184 habitantes que había en la ciudad a principios de 1812, solo entre 6,200 y 10,000 se habían quedado en la ciudad tras la llegada de los franceses junto a entre 10 y 15,000 soldados rusos heridos que no pudieron retirarse.
La poca población rusa que quedó en Moscú se mostró abiertamente hostil a los franceses y hubo actos de resistencia pasiva así como ataques aislados contra los invasores; aunque la mayoría de los ataques contra las fuerzas francesas de ocupación se dieron a manos de cosacos, la mayor parte albergados o auxiliados por la población de Moscú.
La población civil, sin embargo, recibiría un tratamiento mixto por parte de los franceses: mientras que algunos fueron bien tratados y Napoleón se aseguró de procurar suficientes alimentos para los civiles que quedaron, otros sufrieron toda clase de vejaciones; sobre todo los sacerdotes que fueron asesinados mientras las monjas fueron violadas, al tiempo que las iglesias fueron saqueadas de todo metal precioso y convertidas en establos o letrinas; además de esto, los soldados franceses se apropiarían de lo que deseaban o necesitaban sin ninguna consideración.
El 19 de octubre de 1812 el ejército francés abandonó la ciudad voluntariamente ante la falta de suministros y la caída de las primeras nevadas de la temporada.
Durante el tercer día de la ocupación de Moscú por el ejército francés se detectó un pequeño incendio en la ciudad que se atribuyó inicialmente a un descuido de los soldados franceses.
Alrededor de las 07:00 se oyó un disparo en el portal de Kaluga tras lo cual un explosivo de pólvora estalló seguido de cohetes lanzados a la noche; esta fue la señal acordada por los incendiarios rusos para comenzar el fuego de Moscú.
Poco después se desató una tormenta de fuego cuyos vientos alcanzaron velocidades cercanas a las alcanzadas por los vientos de un huracán. En poco tiempo, entre 6000 y 7000 tiendas y negocios ubicados en las zonas más céntricas de la ciudad se encontraban en llamas.
Esa misma noche, alrededor de las 21:45 comenzaron varios incendios más masivos en diversas partes de la ciudad al mismo tiempo separados por distancias considerables que rápidamente se unieron en una conflagración masiva; para las 22:30 el general Caulaincourt tuvo que ser despertado por su ayuda de cámara con la noticia de que toda la ciudad ya se encontraba en llamas.
Las medidas de control de Napoleón y las ejecuciones de incendiarios se pusieron en práctica cuando la mayor parte de la ciudad ya estaba en llamas. El fuego se extendió rápidamente, debido a que la mayoría de los edificios de Moscú era de madera. Y aunque la ciudad tenía un cuerpo de bomberos, su equipo había sido previamente retirado o destruido por orden de Rostopchín. Cuando Napoleón se retiró al Palacio Petrovski en las afuera de la ciudad, sus tropas terminaron de perder la disciplina y comenzaron a saquear sin control por todo Moscú. Ni siquiera los duros castigos pudieron evitar el saqueo, ni que los soldados franceses golpearan a los residentes y cometieran violaciones durante el incendio.
El día 15 de septiembre Napoleón llegó al Kremlin, desde donde presencio el incendio desde el Kremlin y este lo perturbó enormemente y le causó gran impresión: permaneció varias horas con la mirada fija en el fuego mientras hablaba consigo mismo, diciendo: