Tal Día como Hoy

Imperio colonial francés

Imperio colonialista de Francia

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El Imperio colonial francés fue el conjunto de las colonias de ultramar, protectorados y territorios bajo mandato que estuvieron bajo el dominio francés desde el siglo XVI en adelante. Generalmente se hace una distinción entre el «Primer Imperio colonial», que existió hasta 1814, momento en el que la mayor parte se había perdido o vendido. En su apogeo (1680), se extendió por más de 10 000 000 km², siendo el segundo imperio más grande del mundo en ese momento solo detrás del Imperio español. El «Segundo Imperio colonial» comenzó con la conquista de Argel en 1830. En su cúspide, fue uno de los imperios más grandes de la historia: incluyendo Francia metropolitana, la cantidad total de tierra bajo soberanía francesa alcanzó los 13 500 000 km² en 1939, con una población de 150 millones de personas en 1939.

La superficie total del Imperio colonial francés, con el primer (principalmente en Norteamérica) y segundo (principalmente en África) Imperio colonial francés combinados, alcanzó los 24 000 000 km², el segundo más extenso del mundo, siendo el primero el Imperio británico.

El Imperio colonial francés tuvo un enorme impacto en la historia mundial. Francia tenía alrededor de 80 colonias a lo largo de su historia, la segunda mayor cantidad de colonias del mundo solo por detrás del Imperio Británico. Alrededor de 40 países se independizaron de Francia a lo largo de su historia, el segundo más en el mundo solo por detrás del Imperio Británico.​ Más del 50 % de las fronteras del mundo hoy en día se trazaron como resultado del imperialismo británico y francés.​​​

​ En el libro de Stuart Laycock, All the Countries We've Ever Invaded: And the Few We Never Got Round To, cita que el 90 % de los países del mundo han sufrido una invasión británica en algún momento de su historia, con solo 22 salvados. Francia es el rival más cercano al récord de Gran Bretaña con el 80 % de los países del mundo invadidos por Francia con solo 43 salvados. Entre los años 1500 y 1880, más de 3,2 millones de africanos fueron transportados por la fuerza al Nuevo Mundo en barcos franceses. Con un total de 11.118 travesías registradas, Francia fue responsable del 25 % del comercio transatlántico de esclavos, siendo el tercer país con mayor participación en esta trata. Solo fue superada por el Reino Unido, que transportó aproximadamente 3,4 millones de personas esclavizadas (27 %), y Portugal, que lideró con cerca de 5,8 millones de personas esclavizadas (46 %).​​​

Los remanentes de este gran imperio son cientos de islas y archipiélagos localizados en el Atlántico norte, el Caribe, el océano Índico, el Pacífico sur, el Pacífico norte y el océano Antártico, así como también un territorio continental en América del Sur, totalizando juntas 123.150 km², lo cual representa tan solo el 1 % del área del Imperio colonial francés anterior a 1939, con 2 790 000 personas viviendo en ellas en 2018. Todas estas gozan de representación política total a nivel nacional, así como también varían los grados de autonomía legislativa y algunas: Guayana Francesa, Guadalupe, Martinica, Mayotte, Reunión, San Martín, San Pedro y Miquelón y San Bartolomé forman parte de la región ultra-periférica de la Unión Europea y tienen como moneda el euro. Nueva Caledonia, la Polinesia francesa y Wallis y Futuna en tanto están fuera de la Unión Europea y del euro. Estas usan como moneda el franco CFP. Los vínculos entre Francia y sus antiguas colonias persisten a través de la Organización Internacional de la Francofonía. El legado del Imperio francés es considerable. Entre 300 y 500 millones de personas hablan francés, lo que convierte al idioma en la segunda lengua latina más hablada del mundo después del español, en términos de número total de hablantes. El francés es idioma oficial en aproximadamente 30 países.

La mayor parte del imperio estuvo controlado por las «Fuerzas Coloniales Francesas».

Durante el siglo XVI, comenzó la colonización francesa de América. Los franceses llegaron al Nuevo Mundo como exploradores en busca de una ruta al océano Pacífico y riqueza. Las exploraciones francesas en América del Norte se iniciaron durante el reinado del rey Francisco I. En 1524, fue enviado Giovanni da Verrazzano, italiano de origen, a explorar la región entre la Florida y la isla de Terranova para hallar una ruta al océano Pacífico. Verrazano llamó Francesca y Nova Gallia a los territorios entre Nueva España y Terranova, con el objeto de promover los intereses franceses.​

Las excursiones de Giovanni da Verrazzano y Jacques Cartier a principios del siglo XVI, así como los frecuentes viajes de barcos y pescadores franceses a los Grandes Bancos frente a Terranova a lo largo de ese siglo, fueron los precursores de la historia de la expansión colonial de Francia.​ Pero la defensa de España de su monopolio americano, y las distracciones adicionales causadas en la propia Francia a finales del siglo XVI por las guerras de religión, impidieron cualquier esfuerzo constante de establecer colonias. Los primeros intentos franceses de fundar colonias en Brasil en 1555 en Río de Janeiro ("France Antarctique") y en Florida (incluido Fort Caroline en 1562), y en 1612 en São Luís ("France Équinoxiale"), no tuvieron éxito, debido a la falta de interés oficial y a la vigilancia portuguesa y española.​ Diez años más tarde, Francisco I envió a Jacques Cartier a explorar la costa de Terranova y el río San Lorenzo. En agosto de 1541, este grupo establece una colonia fortificada, bautizada como Charlesbourg-Royal, sobre el emplazamiento del actual distrito de Cap-Rouge en la ciudad de Quebec; sin embargo, más tarde, se decidirá abandonar el lugar debido a las enfermedades, el clima execrable y la hostilidad de los autóctonos. La ubicación precisa de esta colonia fue por mucho tiempo un misterio para los historiadores hasta el descubrimiento, en agosto de 2006, de sus restos arqueológicos.​

La historia del imperio colonial de Francia realmente comenzó el 27 de julio de 1605, con la fundación de Port Royal en la colonia de Acadia en América del Norte, en lo que hoy es Nueva Escocia, Canadá. Ya unos años antes, Samuel de Champlain había hecho su primer viaje a Canadá en una misión de comercio de pieles. Si bien no contaba con un mandato oficial con respecto a este viaje, redactó una carta y escribió, a su regreso a Francia, una rendición de cuentas titulada Des sauvages (relación de su estancia en una tribu innu cerca de Tadoussac).​ Luego, en 1608, Samuel de Champlain fundó Quebec, la cual se convertiría en la capital de la enorme, pero escasamente poblada, colonia trampera-peletera de Nueva Francia (también llamada Canadá).​

Nueva Francia tenía una población bastante pequeña, lo que resultó de un mayor énfasis en el comercio de pieles que en los asentamientos agrícolas. Debido a este énfasis, los franceses se basaron en gran medida en la creación de contactos amistosos con la comunidad local de las Primeras Naciones. Sin el apetito de Nueva Inglaterra por la tierra, y al depender únicamente de los aborígenes para que les proporcionaran pieles en los puestos comerciales, los franceses formaron una compleja serie de conexiones militares, comerciales y diplomáticas. Estas se convirtieron en las alianzas más duraderas entre los franceses y la comunidad de las Primeras Naciones. Sin embargo, los franceses estaban bajo la presión de las órdenes religiosas para convertirlos al catolicismo.​

A través de alianzas con varias tribus nativas americanas, los franceses pudieron ejercer un control flexible sobre gran parte del continente norteamericano. Las áreas de asentamiento francés generalmente se limitaban al valle del río San Lorenzo. Antes del establecimiento del Consejo Soberano de 1663, los territorios de Nueva Francia se desarrollaron como colonias mercantiles. Solo después de la llegada del intendente Jean Talon en 1665 Francia dio a sus colonias americanas los medios adecuados para desarrollar colonias poblacionales comparables a las de los británicos. La propia Acadia se perdió para los británicos en el tratado de Utrecht de 1713. En Francia había relativamente poco interés en el colonialismo, que se concentraba más bien en el dominio dentro de Europa, y durante la mayor parte de su historia, Nueva Francia estuvo muy por detrás de las colonias británicas de América del Norte tanto en población como en desarrollo económico.​​

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