El Imperio británico (en inglés: British Empire) comprendió los dominios, colonias, protectorados, mandatos y otros territorios gobernados o administrados por el Reino de Inglaterra y su sucesor, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, entre los siglos XVI y XX. Ha sido el imperio de mayor extensión hasta la fecha. Hoy en día, el legado tangible del Imperio británico es la creación de la angloesfera y la Mancomunidad de Naciones.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el Imperio británico abarcaba una población de cerca de 458 millones de personas y unos 35.000.000 km², lo que significaba aproximadamente una cuarta parte de la población mundial y una quinta parte de las tierras emergidas. La época culminante del imperio se produjo durante unos cien años (la llamada Pax Britannica, desarrollada entre 1815 y 1914), a través de una serie de fases de expansión relacionadas con el comercio, la colonización y la conquista, además de períodos de actividad diplomática. Probablemente, el punto de máximo auge imperial puede situarse entre los años 1884 (reparto de África) y 1922 (independencia de Irlanda).
El Imperio británico tuvo un enorme impacto en la historia mundial. Tuvo el mayor número de colonias en la historia del mundo con ciento veinte, por delante de Francia con ochenta colonias. Alrededor de sesenta y cinco países se independizaron del Reino Unido, la mayor cantidad que cualquier otro país en la historia del mundo, por delante de Francia, donde cuarenta países se independizaron del Imperio colonial francés. Más del 50 % de las fronteras del mundo hoy en día se trazaron como resultado del imperialismo británico y francés. Alrededor del 36 % del comercio de esclavos en el Atlántico entre 1600 y 1885 fue realizado por el Imperio británico, por delante del Imperio colonial francés, con el 30 % del comercio de esclavos en el Atlántico entre 1600 y 1885 realizado por Francia.
El Imperio extendió la tecnología, el comercio, el idioma inglés y el gobierno británico por casi todo el mundo. La hegemonía imperial contribuyó al espectacular crecimiento económico del Reino Unido y al peso de sus intereses en el escenario mundial.
Después de la independencia, muchas antiguas colonias británicas se unieron a la Mancomunidad de Naciones, una asociación libre de Estados independientes. Quince de estos, incluido el Reino Unido, conservan un monarca común, actualmente el rey Carlos III del Reino Unido.
Crecimiento del Imperio en ultramar
El Imperio británico de ultramar, —en el sentido de la exploración y los asentamientos británicos a lo largo y ancho de los océanos fuera de Europa y las islas británicas—, comienza a partir de la política marítima del rey Enrique VII, que reinó entre 1485 y 1509. Iniciando líneas comerciales para el comercio de la lana, Enrique VII estableció un moderno sistema para la marina mercante inglesa, que contribuyó al crecimiento de los astilleros y la navegación de la isla. La marina mercante aportó las bases para instituciones mercantiles que desempeñarían un importante papel en la aventura imperial posterior, como la Compañía de la Bahía de Massachusetts (Massachusetts Bay Company) o la Compañía Británica de las Indias Orientales (British East India Company). Enrique VII ordenó también la construcción del primer dique seco en Portsmouth y mejoró notablemente la pequeña Marina Real (Royal Navy).
Los cimientos del poder marítimo de Inglaterra, que fueron establecidos durante el reinado de Enrique VII, se ampliaron gradualmente para proteger los intereses comerciales ingleses y para abrir nuevas rutas. El rey Enrique VIII fundó la moderna Marina inglesa, triplicando el número de barcos de guerra que la componían y construyendo los primeros bajeles con armamento pesado de largo alcance. Comenzó la construcción de su Marina a través del aparato administrativo centralizado del reino. Además hizo construir muelles y faros que facilitaban la navegación costera. Enrique VIII creó la Marina Real, cuyas innovaciones fueron la base del dominio marítimo de Inglaterra durante los siguientes siglos.
La parte del reinado de Isabel I, entre 1577 y 1590, coincidió con una época de gran esplendor en la que se cimentaron los inicios del Imperio británico. Inglaterra comenzaba su expansión ultramarina con John Hawkins y luego con Francis Drake, librando numerosas guerras contra el Imperio español de Felipe II. Drake dio la vuelta al mundo, y fue el tercer hombre en conseguirlo, tras la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. En 1579, Drake atracó en algún lugar del norte de California y reclamó para la Corona lo que llamó Nova Albion ('Nueva Inglaterra'), aunque su reivindicación no fue seguida de ningún asentamiento. Los siguientes mapas situaron Nova Albion al norte de la Nueva España. El consultor personal de Isabel, John Dee, fue el primero en utilizar el término Imperio británico.
Los intereses de Inglaterra fuera de Europa aumentaron considerablemente. Humphrey Gilbert siguió el curso de Cabot cuando partió hacia Terranova en 1583 y la declaró colonia británica el 5 de agosto en San Juan. Walter Raleigh organizó la primera colonia de Virginia en 1587, en el lugar llamado Roanoke. Tanto el asentamiento de Gilbert en Terranova como la Colonia de Roanoke duraron poco tiempo, y tuvieron que ser abandonados debido a la escasez de alimentos, el duro clima, los naufragios y los encuentros con tribus indígenas hostiles.
En 1587 Felipe II, rey de España, comenzó a preparar el plan de invasión de Inglaterra que se apoyaba en la Armada Invencible y los tercios de Flandes, dirigidos por Alejandro Farnesio, mientras Isabel reforzaba la marina de su reino. En 1587, Drake atacó con éxito Cádiz, destruyendo varios barcos y retrasando efectivamente hasta 1588 a la Armada Invencible. Sin embargo, la Armada vio frustrado su propósito de invasión por el mal tiempo. La victoria sobre la Armada llenó de alivio a Isabel, que ya no habría de temer una invasión de los tercios españoles. Pero el ambiente en Inglaterra tras la batalla distó de ser una algarabía de fervor patriótico y festejos por el fracaso de la invasión española. Además, al año siguiente, en 1589, Isabel intenta aprovechar la ventaja estratégica obtenida sobre España tras el fracaso de la Armada Invencible enviada por Felipe II y envía su propia flota (conocida como "Contraarmada" o "Invencible Inglesa") contra las posesiones españolas, acabando también en un auténtico desastre, perdiendo gran cantidad de barcos y tropas y agotando el tesoro real de Isabel, pacientemente amasado durante su largo reinado, por los costes de la expedición. Tras el desastre, Drake cayó en desgracia.
Es probable que la derrota de la Armada Invencible española en 1588 consagrase a Inglaterra como potencia naval, aunque lo cierto es que después de la derrota de la Contraarmada, España siguió como imperio dominante en los mares. Así, en 1604, el rey Jacobo I de Inglaterra negoció el Tratado de Londres con el que acababan las hostilidades con España, y el primer asentamiento permanente de Inglaterra en América se estableció en 1607 en Jamestown (Virginia).
Sin embargo, la política exterior se vio detenida por una serie de problemas internos: la guerra civil (1642-1645), la República y el protectorado de Oliver Cromwell (1649-1660) y la posterior restauración, todo ello aderezado con luchas internas entre católicos y protestantes. No fue hasta la Revolución Gloriosa de 1688 cuando el reino recuperó la necesaria estabilidad interna.
Durante los siguientes tres siglos, Inglaterra extendió su influencia internacional y consolidó su desarrollo político interior. En 1707, los Parlamentos de Inglaterra y Escocia se unieron en Londres dando lugar al Parlamento de Gran Bretaña. En 1704, en el contexto de la guerra de sucesión española, Gibraltar es entregado al príncipe de Hesse-Darmstadt que representaba al archiduque Carlos de Austria. La posesión sería reconocida como británica en el Tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la guerra. España cedía a perpetuidad el peñón al Reino de Gran Bretaña sin jurisdicción alguna, estableciéndose, no obstante, una cláusula por la cual si el territorio dejaba de ser británico, España tendría la opción de recuperarlo.