Tal Día como Hoy

Imperio almohade

Imperio bereber del Magreb (1121-1269)

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El Califato almohade, fue un Estado musulmán dirigido por una dinastía bereber, los almohades (en árabe: الموَحدون,‎, romanizado: al-muwaḥḥidun, lit. 'los que reconocen la unicidad de Dios', o Banu ‘Abd al-Mu'min​ (en árabe: بنو عبد المؤمن)), denominado por Occidente como Imperio almohade,​ que dominó el norte de África y el sur de la península ibérica desde 1147 a 1269.

El movimiento religioso almohade comenzó en el siglo XII con Ibn Túmart entre las tribus bereberes Masmuda en el Alto Atlas, pero el estado almohade y su dinastía gobernante, conocida como la dinastía de los Mu’miníes, fueron establecidos después de su muerte por Abd al-Mumin, originario de la tribu bereber Koumiya (Zanata). Los almohades tenían como objetivo derrocar a los almorávides, de origen sanhaya. Posteriormente, Abd al-Mu’min y su familia, bereberes zanata, tomaron el control y eliminaron a los ziríes y hammadíes del Magreb central y oriental. Finalmente, los almohades fueron derrocados por las dinastías bereberes de los meriníes, ziyaníes y háfsidas del Magreb.

Su historia se compone de tres fases principales: una de expansión (1117-1163) que duró hasta la muerte del primer califa; otra de apogeo (1163-1199); y una tercera de decadencia (1199-1268) hasta su desaparición, primero en al-Ándalus (1229) y luego en el Magreb (1268).​

Después de dominar el norte de África, enfrentando a la confederación de tribus bereberes de los masmuda con los lamtunas almorávides, desembarcaron desde 1145 en la península ibérica y trataron de unificar las taifas utilizando como elemento de propaganda la resistencia frente a los cristianos y la defensa de la pureza islámica. Por eso su yihad se dirigió por igual contra cristianos y musulmanes. En poco más de treinta años, los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde Santarém, en el actual Portugal, hasta Trípoli en la actual Libia, incluyendo todo el norte de África y la mitad sur de la península ibérica, y consiguieron parar momentáneamente el avance cristiano cuando derrotaron a las tropas castellanas en 1195 en la batalla de Alarcos, pero fueron sometidos en 1212 en la batalla de Las Navas de Tolosa.

Hacia 1121 Muhámmad ibn Túmart,​ fundador del movimiento fundamentalista, fue proclamado por sus seguidores mahdi («el [imam] guiado»), creencia de raíz ideológica chiita aunque también aceptada por el sunnismo, y llamó a todos los musulmanes a retornar a las fuentes primeras de su fe, es decir, el Corán.​ Fundamentalmente, su movimiento era puritano y reaccionario, hacía hincapié en el carácter único e incorpóreo de Dios y abogaba por el cumplimiento estricto de las normas islámicas.​ Siguiendo estos principios radicales, él y sus partidarios se enfrentaron con los almorávides, que habían impuesto una rígida ortodoxia malikí, pero que apenas habían transformado las costumbres populares poco acordes con el Corán. Si bien fue Ibn Túmart el que creó la doctrina que otorgó cohesión y fundamento al nuevo movimiento político y religioso, fue su seguidor y sucesor al frente de este, Abd al-Mumin el que aportó el genio militar para convertirlo en un gran imperio que dominó el Magreb y al-Ándalus.​

Expulsado de Marrakech en el 1120 por las autoridades almorávides con las que se había enfrentado a pesar de las escasas diferencias doctrinales que tenía con estas, Ibn Túmart se instaló en su región natal del Sus.​ Allí predicó contra los almorávides y, a finales del 1121, sus seguidores lo reconocieron como mahdi.​ Poco después se trasladó a Tinmal, donde tuvo que repeler sucesivas campañas almorávides.​ Su movimiento fue extendiéndose por las montañas, si bien no logró conquistar la cercana capital almorávide, que atacó en el 1129-1130.​​ Poco después de esta derrota,​ en agosto del 1130, falleció Ibn Túmart, y le sucedió al frente del movimiento Abd al-Mumin.​​ Este tuvo complicado hacerse aceptar por todos los seguidores del difunto y solo lo logró en el 1133.​ Durante este tiempo, se ocultó el fallecimiento del fundador del movimiento almohade.​ Para entonces, los almohades se habían apoderado ya de parte del Alto Atlas.​

En el 1132, Abd al-Mumin dirigió su primera campaña militar, contra las tribus de la región del río Draa, al sur del Gran Atlas.​ Aunque se desconoce su resultado, se sabe que a su regreso a Tinmel se lo proclamó califa.​ Los primeros años de su reinado fueron de redoblamiento de las correrías contra los almorávides.​A continuación tuvo lugar la larga campaña de siete años (1139-1146) que concluyó con la derrota total de los almorávides.​​ La primera derrota de estos les privó de casi toda la Tadla.​ Incluso algunos grupos de Cenhegíes de la montaña se pasaron a las filas almohades.​ Hacia el 1140 y tras varias campañas con suerte diversa, los almohades consiguieron apoderarse del alto Sus.​ Hasta entonces los choques no dejaron un claro vencedor: mientras que los almohades se extendían sin freno por las montañas, los almorávides seguían controlando las llanuras.​ La lucha contra los almohades quedó a partir del 1139 en manos del nuevo heredero al trono almorávide, Tasufín ben Alí ben Yúsef, que había descollado en la lid contra los cristianos de la península ibérica y había sustituido como tal a su hermano Sir, fallecido.​ Por entonces, sin embargo, los almorávides perdieron el control del alto Sus.​ Manteniéndose en las montañas, los almohades avanzaron por los valles del Atlas medio y lo sometieron hasta la línea del Muluya.​ A finales del 1141, en las sucesivas campañas habían dominado el Atlas medio y gran parte de la zona de los oasis, incluido Tafilalet.​ Los almorávides perdieron el contacto con su región de origen, el Sahara.​ Hacia el 1142-1143, los almohades alcanzaron los alrededores de Tremecén, en donde se les unió la tribu Kumiya, a la que pertenecía Abd al-Mumin.​ En el 1142, se apoderaron de gran parte del Marruecos septentrional montañoso, aunque sin infligir grandes derrotas al enemigo.​ El año decisivo de la contienda fue el de 1145.​ En febrero de ese año, murió defendiendo Orán Ben Alí; los almohades conquistaron inmediatamente la ciudad.​​ Luego hicieron lo mismo con Uchda y Guercif.​ Seguidamente, el califa se volvió hacia Marruecos para conquistar por fin las ciudades de las llanuras.​ Cayeron en sus manos Fez, Mequinez, Salé y Ceuta en mayo del 1146.​ El almirante de la flota enemiga se pasó a sus filas.​ En junio comenzó el asedio a Marrakech, que fue tomada por los almohades el 24 de marzo de 1147.​​ El emir almorávide pereció en los combates.​ El resto del año Abd al-Mumin se dedicó a purificar la ciudad y aplastar una revuelta en el Sus, aunque no dejó de enviar un pequeño contingente a al-Ándalus, donde los Estados cristianos estaban realizando importantes conquistas.​

Mientras se verificaba el sitio de Marrakech, los almohades perdieron varias importantes ciudades (Ceuta, Tánger, Salé y Algeciras), fundamentalmente por alzamientos contra ellos.​ Entre mayo y junio del 1148, sin embargo, aplastaron a los rebeldes y recuperaron las plazas.​ Estas victoria les dejó expedito el paso a la península ibérica.​

Expansión por la península ibérica

La petición de auxilio del señor de la Taifa de Mértola, Ibn Qasi en septiembre-octubre del 1145 impelió al califa a enviar un primer contingente militar a al-Ándalus en la primavera del año siguiente.​ Alfonso VII de León, que a la sazón sitiaba a un general almorávide en Córdoba, abandonó el cerco al conocer la noticia en mayo.​ También durante la primavera el almirante de la flota almorávide, que se acababa de pasar a las filas almohades, sometió a Cádiz a la autoridad del califa.​ Al tiempo que acaecía el largo asedio de Marrakech, varios señores andalusíes más aceptaron la autoridad del califa almohade, lo que luego facilitó la conquista de la península.​

El enviado del califa, un antiguo almorávide, pasó en la primavera del 1147 a la península ibérica donde, cooperando con las fuerzas Ibn Qasi, que se había alzado contra los almorávides, consiguió someter Jerez, Niebla, Mértola y Silves en el Algarve, Beja y Badajoz.​​ En enero del 1148, las fuerzas almohades y sus coligados conquistaron Sevilla.​​ Los almorávides se encastillaron en Carmona.​ Una gran rebelión de las tribus del Sus y del Atlas occidental, que se extendió a Ceuta, Tánger y Siyilmasa, detuvo temporalmente la expansión.​​ No solo gran parte del Magreb marroquí se alzó contra el califa, sino que también lo hicieron los territorios andalusíes que se le habían sometido, salvo Ronda y Jerez.​ El acoso de Alfonso VII al general almorávide Yahya ibn Ganiya, al que hizo pagar tributo, impelió a este a acordarse con los almohades.​ A cambio de su auxilio, les cedió Córdoba y Carmona.​ Alfonso intentó nuevamente conquistar Córdoba, pero la llegada de socorros venidos del Magreb, de Niebla, Ronda y Jerez le hicieron cejar en la empresa y retirarse.​

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