Iliá Ilich Méchnikov (en ucraniano: Ілля Ілліч Мечников); Ivanivka, Óblast de Járkov, actual Ucrania, 15 de mayo de 1845 - París, Francia, 15 de julio de 1916, fue un prestigioso microbiólogo franco-ucraniano de ascendencia noble, galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1908 por sus investigaciones sobre la inmunidad celular. Sucedió al químico Louis Pasteur como director científico del Instituto Pasteur, donde trabajó desde 1888 hasta su fallecimiento.
Es ampliamente reconocido por sus contribuciones fundacionales a la inmunología, entre las que destaca el descubrimiento de la fagocitosis en 1882 y el desarrollo de la teoría fagocítica de la inmunidad, donde se habla de como el organismo se defiende de los microbios gracias a unas células errantes que los devoran, un hallazgo que revolucionó la medicina. Por la qué recibió el Nobel junto al médico Paul Ehrlich. Realizó asimismo importantes aportaciones a la embriología comparada, como sus teorías sobre las capas germinales y el origen de los organismos pluricelulares, y a la tanatología.
En el ámbito de la gerontología, muchos autores se refieren a Méchnikov como el «padre de la gerontología», en reconocimiento a sus decisivas y duraderas contribuciones a esta ciencia. Fue precisamente él quien acuñó el término gerontología en 1903, inspirado por sus investigaciones sobre la flora intestinal y la longevidad. Su teoría del envejecimiento, basada en la autointoxicación intestinal progresiva causada por la flora microbiana del colon, le llevó a proponer modificaciones dietéticas —como el consumo regular de leches fermentadas con bacilos lácticos— para contrarrestar dicho proceso y prolongar la vida saludable, un concepto que denominó «ortobiosis». Con estas investigaciones, Méchnikov revolucionó el estudio del envejecimiento en su época, estableciendo la gerontología como una ciencia diferenciada de otros campos con los cuales se la había asociado tradicionalmente, principalmente a la medicina.
La preocupación de Méchnikov por la vejez era, en realidad, la otra cara de una profunda reflexión sobre la vida y la muerte. Al contrario de lo que pudiera parecer, su objetivo no era una prolongación artificial de la vida a cualquier precio, sino alcanzar la ortobiosis: una vida plena, saludable y productiva que, al agotar el ciclo vital completo, conduciría a una muerte natural, digna y, sobre todo, deseable.
Méchnikov observó que, mientras la muerte prematura por enfermedad genera un terror lógico universal, la muerte en la extrema vejez podía ser un fenómeno radicalmente distinto. En sus propias palabras, expresó su convicción de que «la muerte rara vez es “natural”, pero en casi todos los casos es el resultado de un accidente o de alguna enfermedad tratable o potencialmente prevenible». Su hipótesis, revolucionaria para la época, era que si la ciencia lograba eliminar esas causas patológicas, el ser humano podría sobrevivir a toda la extensión del ciclo de vida humano y sucumbir finalmente a una muerte natural que no sería temida, sino anhelada.
Esta idea se basaba en un concepto precursor de la tanatología moderna: la posible existencia de un instinto de muerte que aparecería solo al final de una vida completa, reemplazando el instinto de conservación que domina la juventud y la madurez. En su obra La naturaleza del hombre (1903) y, de forma más desarrollada, en La prolongación de la vida: Estudios optimistas (1907), Méchnikov argumentó que, del mismo modo que el sueño es un descanso deseado tras un día pleno, la muerte natural sobrevendría como un sueño profundo y bienvenido tras una vida saturada de experiencias y realizaciones.
En honor a sus grandes contribuciones científicas, la Universidad Nacional de Odesa lleva su nombre: Universidad Nacional Odesa I.I. Méchnikov al igual que la Universidad Médica Estatal del Noroeste I. I. Mechnikov una de las facultades superiores de medicina rusa más grande y antigua.
Iliá Ilich Méchnikov nació el 15 de mayo de 1845 en Ivanivka, una pequeña aldea de la gobernación de Járkov, en el seno de una familia de la nobleza. Fue el menor de cinco hermanos. Su padre, Iliá Ivánovich, era un oficial de la guardia imperial rusa retirado; su madre, Emilia Nevajovich, hija de un escritor judío converso al cristianismo.
Iliá mostró desde muy pronto una inteligencia excepcional. A los ocho años ya dominaba varios idiomas y a los once comenzó a mostrar un interés por las ciencias naturales, alentado por su madre y lectura de obras de Charles Darwin las cuales le produjeron un fuerte impacto en su concepto científico de la naturaleza.
En 1862, con apenas 17 años, ingresó en la Universidad de Járkov para estudiar ciencias naturales. Su capacidad era tan extraordinaria que completó en dos años un plan de estudios diseñado para cuatro, graduándose en 1864 con una tesis sobre la reproducción de ciertos crustáceos.
Tras graduarse, viajó a la Universidad de Gotinga en Alemania para ampliar su formación en las universidades alemanas más prestigiosas de la época. Trabajó sucesivamente en los laboratorios de Rudolf Leuckart en la Universidad de Gießen donde realizó su primer descubrimiento científico de la alternancia de generaciones (sexuales y asexuales) en nematodos (Chaetosomatida) hasta entonces desconocido para la ciencia, recomendado por el biólogo Ferdinand Cohn. En 1865, mientras estaba en Gießen descubrió la digestión intracelular en los tremadotos y este estudio influyó en sus trabajos posteriores. Fue en este lapso cuando comenzó a desarrollar sus teorías sobre las capas germinales y el origen de los organismos pluricelulares, aportaciones que le valieron un rápido reconocimiento en la comunidad embriológica europea.
De regreso a Rusia, con solo 22 años obtuvo la cátedra de anatomía comparada y zoología en la recién fundada Universidad de Odesa (actual Universidad Nacional Odesa I.I. Méchnikov), cargo que asumió en 1867.
En 1867 ya en Rusia para doctorarse con Alexander Kovalevsky en la Universidad de San Petersburgo. Juntos ganaron el Premio Karl Ernst von Baer por sus tesis sobre el desarrollo de capas germinales en embriones de invertebrados.
La vida personal de Méchnikov estuvo marcada por la tragedia. En 1869 contrajo matrimonio con Lyudmyla Fedorovich, quien enfermó de tuberculosis poco después de la boda. La pareja se trasladó a Madeira en busca de un clima favorable, pero Ludmila falleció en abril de 1873.
La muerte de su esposa sumió a Méchnikov en una profunda depresión que lo llevó a un primer intento de suicidio mediante una sobredosis de opio (morfina). Sobrevivió gracias a que su organismo rechazó la dosis con violentos vómitos.
En 1875, dos años después de enviudar, contrajo matrimonio con Olga Belokopytova, una estudiante que se convertiría en su compañera inseparable, su colaboradora científica y la cronista de su vida. La estabilidad que Olga le proporcionó resultó decisiva para sus futuros descubrimientos.
El segundo intento de suicidio de Méchnikov, ocurrió en 1881. En 1880, su esposa Olga había contraído fiebre tifoidea, una experiencia que sumió a Méchnikov en un estado de angustia extrema. Según relató ella misma en la biografía oficial, el estrés de aquellos días lo precipitó a una neuroastenia tan profunda que, al año siguiente, decidió acabar con su vida.
Al decidir morir, Méchnikov pensó que podía utilizar esa circunstancia límite para resolver un último problema médico: determinar si la fiebre recurrente era transmisible por sangre. Según escribió Olga, también lo hizo para «evitar que su suicidio fuera evidente para su familia», un gesto de protección íntima hacia quienes amaba. De este modo, se inoculó deliberadamente sangre de un paciente infectado con fiebre recurrente, una enfermedad grave transmitida por garrapatas y piojos que provoca fiebres altísimas y puede resultar mortal. Contrajo la enfermedad y estuvo al borde de la muerte.