Ignacio Zuloaga Zabaleta (Éibar, 26 de julio de 1870-Madrid, 31 de octubre de 1945) fue un pintor español, de los más destacados del siglo XX. Obtuvo grandes premios y distinciones tanto a nivel nacional como internacional. La crítica de París lo denominó «el último gran maestro de la Escuela Española de pintura».
El tercero de cinco hermanos, fue el único que se dedicó a las artes, como su padre, Plácido Zuloaga, el gran damasquinador del siglo XIX, su abuelo, Eusebio Zuloaga, último arcabucero de la Casa Real de España, y sus tíos, entre los que destaca el ceramista Daniel Zuloaga.
Se formó en Kontadurekua, la casa torre y escuela-taller familiar, ubicada en la localidad guipuzcoana de Éibar. Ahí ejercitó el arte del dibujo, disciplina muy valorada y apreciada por su progenitor. Sin embargo, sus deseos por ser pintor no fueron aprobados por su progenitor, quien esperaba que estudiara arquitectura.
Su formación escolar fue primero en Vergara con los dominicos, y posteriormente en un internado parisino regentado por jesuitas.
Vivió a caballo entre España y Francia, teniendo taller activo en París, Segovia, Madrid y Zumaya.
Nació en Éibar en 1870, dentro del seno de una familia vinculada con el mundo del arte. Su abuelo, Eusebio Zuloaga González, fue el último arcabucero de Su Majestad y el primer armero español en lograr fama y prestigio internacional. De hecho, obtuvo un premio en la Primera Exposición Internacional, celebrada en Londres en 1851.
En 1887 visitó el Museo Nacional de Pintura y Escultura. Allí descubrió a los grandes maestros de la pintura española (el Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán y Goya), cuya obra le impactó de manera significativa. De hecho, fue el primero en la revalorización de la obra del artista cretense, y lo mismo hizo con el pintor de Fuendetodos.
Ese mismo año participó en la Exposición de Bellas Artes de Madrid, con el cuadro Un sacerdote rezando en una habitación, lienzo que, sin embargo, pasó inadvertido.
En septiembre de 1888, envió tres obras al certamen convocado con motivo de las Fiestas Euskaras celebradas en Guernica. En esa ocasión, la crítica fue muy favorable y logró vender uno de ellos a un coleccionista británico.
En 1889, viajó a Roma, donde residió seis meses. Allí pudo admirar a los artistas del Renacimiento, y su vocación por ser pintor era ya un hecho. Durante esta estancia pintó Forjador herido, que en 1890 presentaría en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid.
De Italia marchó a París, instalándose en el barrio de Montmartre. En la capital gala, asistió primero a la Academia Libre dirigida por Henri Gervex y posteriormente a la Academia La Palette, donde fue alumno de Eugène Carrière. A esta formación reglada se suman sus constantes visitas al Museo del Louvre para admirar y copiar la obra de los grandes maestros, entre los que se encontraba de nuevo el Greco.
Su círculo social parisino lo formaban Toulouse-Lautrec, Degas, Gauguin, Van Gogh, Blanche, Emile Bernard, Paul Maurice y Máxime Dethomas, con cuya hermana se casó. Así como artistas españoles: Santiago Rusiñol, Paco Durrio, Pablo Uranga y Ramón Casas.
El mismo año de 1890 presentó en el Salón de los Artistas Franceses su obra La forja, cuya crítica fue muy favorable. En 1891, participó con dos cuadros en la exposición inaugural de la famosa y tan importante galería de arte parisina para artistas jóvenes, propiedad del marchante Le Barc de Bouteville, ubicada en la rue Le Peletier.
Hacia 1893 viajó a Bilbao para fundar junto a otros jóvenes representantes de la sociedad vasca la Sociedad Festiva Kurding Club o El Escritorio. Además, participó junto a Manuel Losada y Adolfo Guirard en la decoración de sus paredes, realizando el panel Amanecer, hoy en la Sociedad Filarmónica de Bilbao.
De regreso a París, se instala con sus amigos artistas catalanes (Rusiñol, Jordá y Ramón Casas) en la Île Saint-Louis. La fortuna y su admiración por la obra del Greco le deparó hallar dos cuadros de dicho pintor en París. Al no poder adquirirlos, convenció a su gran amigo Rusiñol para que lo hiciera.
En Andalucía y con el pueblo gitano
El año de 1892 es crucial en la vida y en la obra de Zuloaga. Su admiración por el pueblo gitano, sus costumbres, su lengua, su forma de vida..., lo llevan a visitar Andalucía.
Durante su primera estancia, se instala en la localidad de Alcalá de Guadaira. Posteriormente lo hará en la capital hispalense, donde alquiló una pequeña estancia en un corral de vecinos, situado en un popular barrio habitado principalmente por población calé. En esa atmósfera, Zuloaga fue feliz. Se empapó de todas sus tradiciones, aprendió caló y durante un periodo de tiempo intentó ser torero, asistiendo como alumno a una escuela de tauromaquia, años más tarde su nombre aparece en el cartel de una corrida en la plaza de toros de Manuel Carmona. Su obra, durante este tiempo, se centró en bailarinas, gitanos, toreros y todo tipo de escenas llena de vida y alegría.