Ibiza (oficialmente en catalán: Eivissa) es una isla española situada en el mar Mediterráneo y que forma, junto con Mallorca, Menorca, Formentera y diversos islotes, el archipiélago y la comunidad autónoma de las Islas Baleares. Cuenta con una extensión de 572 km² y una población de 161 485 habitantes (INE 2024), por lo que es la segunda isla de Baleares en términos de población tras Mallorca y la cuarta de todo el país. Ibiza es además la tercera isla balear en extensión, tras Mallorca y Menorca, y la octava de toda España. La capital de la isla es homónima a la misma, Ibiza.
Su longitud de costa es de 210 km. En ella se alternan más de cuarenta peñascos e islotes de diversos tamaños. Las distancias máximas de la isla son de 41 kilómetros de norte a sur y 15 kilómetros de este a oeste. Posee una morfología muy irregular formada por varias montañas, de las cuales la más alta es Atalayasa, situada en el municipio de San José, con 475 m de altitud.
La isla goza de renombre internacional por la belleza de sus calas y playas, la calidad de sus aguas y por fiestas y discotecas, que atraen a numerosos turistas. La zona del puerto de Ibiza también atrae a muchos turistas por su vida nocturna.
Está situada a 79 km al este de la península ibérica, frente a Denia, a 80 km al suroeste de la isla de Mallorca y a 3 km al norte de Formentera. Sus coordenadas son 38.98, 1.43. Su capital es Ibiza y las dos poblaciones más importantes, además de la capital, son San Antonio Abad y Santa Eulalia del Río. El mayor municipio es San José.
Las islas de Ibiza y Formentera, junto a más de cincuenta islotes (el más grande de los cuales es Es Vedrá, con una altitud de 382 m), reciben el nombre de islas Pitiusas. Forman un archipiélago diferente al integrado por Mallorca y Menorca, aunque hoy en día se hable del archipiélago Balear y formen parte de la misma unidad administrativa. Ocupa una superficie de 572 km² y por ella discurre un solo río, el de Santa Eulalia del Río, único río de Baleares, que desde hace bastantes años permanece seco en buena parte de su longitud por la excesiva explotación de los recursos acuíferos de la isla. La máxima altitud de la isla es Atalayasa con 475 m de altura.
De acuerdo con la clasificación climática de Koppen, en la isla de Ibiza se da el clima semiárido cálido (BSh) en buena parte de las zonas costeras de la mitad sur y del Noreste de la misma, especialmente en el sureste y noreste de la isla. El clima semiárido frío (BSk) se da en el resto de las zonas de baja altitud de la mitad sur y del Sureste de la misma. Por último, el clima mediterráneo (Csa) se da en la mitad norte de la isla (excluyendo el noreste) y en una zona del interior de la mitad sur.
Se han encontrado yacimientos datados en la Edad de Bronce, tanto en la isla de Ibiza (dibujos en el abrigo de Ses Fontanelles) como en su hermana menor Formentera (sepulcro megalítico de Ca na Costa), que prueban su población desde el 2000 al 1600 a. C.
La isla de Ibiza conserva restos arqueológicos fenicios y púnicos, pues fue un enclave comercial relevante dentro de la cultura náutica de estos pueblos. Tanto en la ruta del este al oeste como al revés, la isla era punto de paso propicio para los navegantes por los vientos reinantes y las corrientes del mar Mediterráneo. Aproximadamente a mitad del siglo VII a. C. se funda el primer asentamiento estable en la zona S-W, el yacimiento de Sa Caleta, que se ocupará hasta finales del mismo siglo, cuando será abandonado. Es desconocido el destino de los pobladores que pudiesen encontrar estos marinos fenicios, pero a todos los efectos desaparecen como entidad propia.
Aproximadamente en la misma época se comienza a urbanizar la ciudad de Ibiza, en la misma ubicación que la actual ciudad, debido sobre todo a su gran puerto, mucho más grande que el actual y a la situación sobre una pequeña colina de unos 100 m sobre el nivel del mar. Entre el siglo VII a. C. y un momento indeterminado, la isla quedará dentro de la órbita de las polis fenicias de Oriente Próximo –hasta la conquista de Fenicia por los asirios– y de Cartago después, hasta la destrucción de esta última por los romanos el año 146 a. C.
La ocupación extensiva de la isla hará que crezca su producción y riqueza de productos hasta ser nombrada por los historiadores romanos por su lana, higos, los vinos y su sal. Prueba de su auge económico son las acuñaciones propias hechas en la isla desde finales del siglo IV a. C. con el símbolo de la isla, el dios Bes, al que quizás se deba el nombre de ʾībošim (en fenicio 𐤀𐤉𐤁𐤔𐤌, ʔybšm, interpretado como «islas de Beš» —haciendo referencia a Formentera también—, con una posible influencia de berōs, pinos, o «islas de la Fragancia», entre otras posibilidades), sincretismo del dios de la fertilidad fraternal egipcio. También es buen ejemplo de este auge la fundación en Mallorca de una serie de asentamientos económicos en la zona sur cerca de las salinas para su aprovechamiento, así como de las relaciones económicas con los isleños de la cultura talayótica.
Ibiza aparece ya durante la segunda guerra púnica asediada y asolada por los hermanos Escipiones tras su victoria en Cissa; los romanos la abandonaron al creer que una flota cartaginesa estaba de camino. Aparece nuevamente mencionada como última ciudad leal a Cartago cuando el general púnico Magón Barca huyó a ella tras ser rechazado por Gadir. Magón se rearmó en Ibiza y marchó a Menorca a reclutar mercenarios, fundando allí Mahón.
Ibiza no tardó en ser pragmática y se unió libremente a los romanos pasando a ser Civitas Foederata, lo que le permitió mantener sus sistemas sociales y su cultura púnica hasta bien entrado el principado romano. Es en esta época cuando Ibiza también es conocida como Insula Augusta, en continuidad a su nombre sagrado fenicio de isla de Bes como lo prueban la acuñación de moneda (semis) con dicho título. No tardó en recibir el estatus de municipio romano (Municipium Flavium Ebusitanum), lo cual le confirió mayores derechos. Esto, sin embargo, no pudo frenar la lenta decadencia de este puerto e isla. Tras la elección de Tarraco/Tarragona como capital de la provincia de la Tarraconense, el tráfico marítimo cambió y empezó a tomar unas rutas más cercanas a la recién conquistada Mallorca (123 a. C.) como el puerto de Pollentia.
También los romanos comerciaron con las Islas Baleares, que poseían ciertas riquezas como la sal, higos, vino o la extracción de minerales (minas de galena-argentífera y minio en s´Argentera - San Carlos). ʾībošim (en fenicio 𐤀𐤉𐤁𐤔𐤌, ʔybšm) fue el nombre que le dieron los fenicios (englobando el nombre tanto a Ibiza como a Formentera), y Ebusus su adaptación al latín. Junto a Formentera, se las conoce como las islas Pitiusas, debido a la abundante presencia de pinos de tres clases diferentes. Mientras en las islas mayores habitaban tribus menos desarrolladas culturalmente y con tradiciones bárbaras a los ojos de la cultura helenística, en las Pitiusas vivían gentes de tradición semita, descendientes de emigrantes de Oriente Próximo, Qart Hadasht o las factorías y establecimientos fenicios del sur de la península ibérica. La razón para poner este nombre a las islas sólo pudo ser la de no llamarlas «islas de los cananeos», que marcaría la pertenencia a dicha órbita, pues pinos, a los que la tradición aduce el nombre, hay tantos o más en Mallorca y Menorca como en las Pitiusas.
Tras las ocupaciones vándala[cita requerida] y bizantina (siglos VI-VIII), las islas Baleares, entre ellas Ibiza, cayeron en una etapa de anarquía. Los árabes tomaron posesión de su territorio en el 902 y se asentaron en la ciudad que hoy pervive como capital, la parte antigua de la cual recibe el nombre de Dalt Vila (‘Encima de la Villa’). Llegan a la isla nuevos colonos bereberes que se suman a la población local que se convierte en su mayoría al islam. Jaime I de Aragón concedió la reconquista de las islas Pitiusas, pertenecientes en ese momento a la Taifa de Denia, al arzobispo electo de Tarragona, Guillermo de Montgrí, que se asoció con el conde del Rosellón, Nuño Sánchez, y con el infante Pedro de Portugal para el empeño. Las tropas de la corona de Aragón ocuparon el castillo de Ibiza el 8 de agosto de 1235. La población autóctona musulmana fue entonces deportada masivamente, tal como pasó en Mallorca y el Levante y se trajo a nuevos pobladores cristianos desde Gerona. Ibiza fue incorporada al recién fundado reino de Mallorca, dentro de la corona de Aragón. El reino de Mallorca no tendría cortes, por lo que el rey de Mallorca tendría que acudir a las de Aragón para prestar homenaje al rey.