El iberismo es un movimiento político que defiende el acercamiento de las relaciones entre España y Portugal, incluyendo recientemente a Andorra.
Originalmente, esta ideología fue promovida principalmente por movimientos republicanos y socialistas de España y Portugal, desde el siglo XIX, cuando tuvieron mayor predicamento ideales nacionalistas de carácter integrador, como los movimientos equiparables del Risorgimento italiano o la unificación alemana. Posteriormente, dicha corriente no tendría una continuidad histórica relevante. Compite con los relatos de construcción nacional de ambos países, y en el caso particular de Portugal a menudo se entiende como una cesión de su soberanía para integrarse en un «todo peninsular». Aparte del iberismo político, el autor Sérgio Campos Matos también distinguió un iberismo cultural y un iberismo económico.
Se diferencia del paniberismo en que, mientras el iberismo atañe estrictamente a los territorios peninsulares, el paniberismo incluye los territorios que históricamente han estado vinculados a las dos culturas ibéricas principales: la española y la portuguesa; comprendiendo de esta forma gran parte del continente americano, así como territorios de África y Asia, por este orden.
Portugal y España comparten una unidad geográfica que se manifiesta en la larga frontera común (1214 km), en el cruce de importantes ríos (Miño, Duero, Tajo, Guadiana), en el mismo clima, misma economía rural que produce los mismos alimentos: aceite de oliva, vino, cereales, leguminosas, carnes...; mismo aprovechamiento de la tierra de base romana y árabe, o mismo tipo de sociedad vinculado a la comarca o valle de origen.
Además, ambos países participan de una historia, a veces común, a veces paralela, con una evolución coherente y diferenciada del resto de Europa. Desde la dominación romana, visigoda, árabe, hasta la conformación de los reinos cristianos medievales y el ideal común de la Reconquista fundamentado en el doble objetivo de la expulsión del Islam y la unificación de los reinos bajo una misma corona, continuando por la era de los descubrimientos, la unión dinástica aeque principaliter de las tres coronas de la península ibérica bajo el mismo soberano de la Casa de Austria, la guerra de la Independencia española (llamada en Portugal Guerra Peninsular), la Cuádruple Alianza (1834) frente a las guerras carlista y miguelista, el Pacto Ibérico (1942), y terminando en el ingreso de ambos países en la Unión Europea.
El idioma portugués, hablado por más de 200 millones de personas en el mundo, comparte enormes similitudes con el gallego, ya que provienen de la misma lengua medieval, el galaicoportugués. Además, es de gran parecido al español, hablado por más de 500 millones de personas en el mundo. Ambos poseen una similitud léxica del 89 %, más que el castellano con el catalán (85 %), con el italiano (82 %) o con el francés (75 %).
Durante el imperio romano, se llevó a cabo un proceso de asimilación cultural llamado romanización. La actual España y Portugal acabaron dentro de una misma región administrativa del imperio romano, llamada diócesis de Hispania, dónde se generalizó el uso del latín, el derecho romano, religión, costumbres ...etc.
La primera unidad política independiente que englobaba toda la península ibérica, fue el reino visigodo de Toledo. En el 585 Leovigildo conquistó la Gallaecia, dominando casi toda la península ibérica, y dotando al reino de una consistencia como nunca habían tenido los visigodos, avanzando en una unidad legislativa con el código de Leovigildo, y con una moneda común, el tremís visigodo. Historiógrafos de la época como Isidoro de Sevilla, Julián de Toledo, Juan de Biclaro, Gregorio de Tours, Fredegario se refieren por primera vez al rey godo Leovigildo, como rey de Hispania, pero es desde el 625 que se produce la total conquista de la Península Ibérica, cuando se generaliza la asociación de reino visigodo con el de Hispania. En el 589 se establece la unidad religiosa con la conversión de los visigodos al catolicismo, y en el 654 se afianza la unidad legislativa con el Código de Recesvinto.
Hasta la escisión de Portugal del Reino de León en 1143, Portugal estaba dentro del Reino de León avanzando conjuntamente en la reconquista de la península sobre los musulmanes. De 1072 a 1157 surge el título de Imperator totius Hispaniae en la pretensión de los reyes de León de controlar toda la península ibérica, y fue con Alfonso VII cuando este hecho se acercó más a la realidad al obtener el vasallaje de los otros reyes de la península ibérica e incluso del sur de Francia.
Durante el Antiguo Régimen, los intentos de unión ibérica surgieron de la política matrimonial fomentada entre la Casa de Avís portuguesa y la Casa de Trastámara y posteriormente la Casa de Habsburgo por parte española.
Como resultado de la muerte del rey Enrique I de Portugal en enero de 1580, su sobrino el rey Felipe II de España, hijo de Isabel de Portugal y por tanto nieto del rey Manuel I de Portugal, hizo valer su reclamación al trono portugués, su ejército derrotó a su rival Antonio, prior de Crato en la batalla de Alcántara y se aseguró la sucesión proclamándose rey en septiembre. Felipe II fue finalmente reconocido rey de Portugal en las Cortes de Tomar (1581), en la que se estableció la integración del reino de Portugal dentro de la Monarquía Hispánica. De este modo el reino de Portugal se integró en el sistema polisinodial en el que el Consejo de Portugal era el órgano que mediatizaba y negociaba la orientación de las decisiones del monarca español respecto a los asuntos concernientes al reino portugués.
Sin embargo, las guerras del monarca español en Europa afectaban a los territorios y al comercio portugués en sus territorios ultramarinos, y además el intervencionismo desde Castilla en los asuntos portugueses, especialmente los financieros, produjeron una rebelión que puso en el trono al duque de Braganza, proclamado rey como Juan IV. Finalmente, el Tratado de Lisboa (1668) puso fin a la guerra, y España reconoció la independencia de Portugal. Desde entonces, tanto España como Portugal se condujeron de forma antagónica.
Antes de la guerra de Independencia, existieron planteamientos aislados acerca de la unión de España y Portugal, de ellas destaca la del abate José Marchena, quien, a finales de 1792 en una memoria para extender la Revolución a España dirigida al ministro de exteriores francés Charles-François Lebrun planteaba la creación de una República federal ibérica. Pero el verdadero detonante del inicio del iberismo se produjo durante la guerra de la Independencia (1808-1814), en la que tanto españoles y portugueses se aliaron de nuevo en un proyecto común —la expulsión de los franceses—.
No obstante, acabada la contienda y restaurado el absolutismo en España, se reanudó la confrontación diplomática entre España y Portugal acerca de la cuestión de la devolución de Olivenza a Portugal. En este contexto, el iberismo se desarrolla como forma de establecer y consolidar el Estado liberal entre las minorías intelectuales de ambos países.
La Revolución liberal de Oporto de 1820 que trajo un periodo liberal en Portugal, propició la difusión en Portugal de ideas iberistas por sociedades masónicas y liberales españolas, con propuestas que iban desde unir España con Portugal en un solo reino o repartir la península ibérica en siete repúblicas federadas, de las cuales cinco estarían en España y dos en Portugal. No obstante, la posición política, incluso de los liberales, era considerar la recomposición de las relaciones de España y Portugal con sus antiguas posesiones en América, lo que chocaba con la unión de España y Portugal.
Tras el retorno al absolutismo en 1823 tanto en España como en Portugal, los liberales españoles refugiados en Londres, prosiguieron sus contactos con los liberales de exilio portugueses prosiguiendo la idea unificadora de la península ibérica. En la prensa publicada en el exilio, en El Constitucional Español o en O Campeão Português, aparecieron artículos a favor de la unión ibérica.