Ibarra, también conocida como San Miguel de Ibarra, es una ciudad ecuatoriana; cabecera municipal del Cantón Ibarra y capital de la Provincia de Imbabura, así como la urbe más grande y poblada de la misma. Se localiza al norte de la región interandina del Ecuador, en la hoya del río Chota, en un valle atravesado en el este por el río Tahuando, al sureste de la laguna de Yahuarcocha, se encuentra a una altitud de 2215 m s. n. m. y con un clima templado seco de altura, con 18 °C en promedio.
Es conocida como "La Ciudad Blanca" por sus fachadas blancas con las que se bendijo la reconstruida ciudad en 1872 después del devastador terremoto de 1868. También llamada "Ciudad a la que siempre se vuelve" por su pintoresca campiña, clima veraniego y amabilidad de sus habitantes. En el censo de 2022 tenía una población de 157.941 habitantes, lo que la convierte en la decimoquinta ciudad más poblada del país. La ciudad es el núcleo de la conurbación de Ibarra, la cual está constituida además por ciudades y parroquias suburbanas cercanas. El conglomerado alberga a más de 280.000 habitantes.
Fue fundada por Cristóbal de Troya, el 28 de septiembre de 1606, por orden del marqués Miguel de Ibarra y Mallea; y en la actualidad es uno de los principales núcleos urbanos del Ecuador. Es uno de los más importantes centros administrativos, económicos, financieros y comerciales del norte de la nación. Las actividades principales de la ciudad son el comercio, el turismo, los servicios educativos, la agroindustria, el sector inmobiliario y las manufacturas.
Su nombre proviene de la homónima localidad española de Ibarra, ubicada en la provincia de Guipúzcoa, País Vasco; donde en lengua euskera Ibarra significa "la vega".
"San Miguel" en honor al arcángel al cual fue consagrada la ciudad desde su fundación.
Fue un enfrentamiento militar librado entre las fuerzas del Incanato y rebeldes caranquis (divididos en caranques, cayambes y otavalos). La victoria fue de los primeros, que acabaron por masacrar a los vencidos. Tras esto quedaron unos pocos bastiones de resistencia. Píntag organizó una guerrilla en la moderna provincia de Pichincha hasta que fue capturado y enviado a Cusco. Su hermano Nazacota de Puento logró alzar a los feroces carangues y caranquis, que había combatido lealmente al mando del difunto Cacha. Ante esto el Sapa Inca se decide acabar de una vez por todas con la guerra, dividiendo su ejército en tres unidades, una bajo su mando personal y las otras al mando de sus generales Michi, noble (Orejón) del Hurin Cusco, y Toma Auqui, del Hanan Cusco. Tras destruir los fuertes de Aloburo y Yuracruz se dio la batalla final en torno a una fortaleza cercana a la actual laguna de Ecuador. y atacados tras varios días de batalla el ejército incaico no había logrado tomar el pucara y se dio orden de retirada, los carangues dejaron sus posiciones para perseguirlos. Pero en ese momento la división del Inca, 30.000 hombres, se dio media vuelta y les presentó batalla, mientras que las de sus generales, 40.000 guerreros, salieron de sus escondites por ambos flancos a los rebeldes. Tras la victoria campal esta fue completada con un asalto a la fortaleza. Las represalias fueron, al estilo del Inca, muy severas. Como dice el historiador Raúl Porras Barrenechea, Huayna Capac "deseaba ser tan temido que de noche le soñaran los indios".
Consecuencias para la historia ibarreña
En las distintas crónicas se dice que a causa de la matanza brutal las aguas de la laguna se hicieron rojas por la sangre y esto llevó a que se le cambiara el nombre, de Cochacaranqui, según Espinosa Soriano, o de Otavalo al de Yahuarcocha que en quechua significa lago de sangre. Sin embargo, estas no coinciden ni en el número de muertos ni en como fallecieron. Según Murúa la matanza se produjo durante la batalla que terminó a orillas del lago. Inca Garcilaso de la Vega y Pedro Cieza de León acusan que Huayna Cápac capturó a miles de prisioneros tras la batalla y los hizo degollar en la orilla. Según Herrera y Tordesillas el Inca ordenó sacarles el corazón a sus enemigos y lanzarlos al lago pero Frederick Alexander Kirkpatrick dice que fueron decapitados y sus cuerpos lanzados a las aguas tras lo cual dijo: ahora sois todos unos niños. Esta última frase coincide con las informaciones que señalan que en ambas tribus tras la batalla no había ningún varón mayor de doce años, por lo que fueron apodados huambracunas. Nazacota de Puento murió en la batalla.
Sobre el número de muertos muy impresionantes. Garcilaso de la Vega da la cifra más baja, 2000 muertos, pero Cieza de León multiplica ese número por diez. Herrera y Tordesillas señala 150.000, lo que es la cifra más alta.
La ciudad se construyó entre Quito y Pasto, y cerca al mar. En la época de la colonia los viajes comerciales entre estas dos ciudades proveían a Ibarra de un movimiento comercial por lo que se la consideraba como un pueblo en progreso continuo. El intercambio productivo hizo que la ciudad creciera rápidamente y sus características para la agricultura propiciaron el desarrollo de la zona. El asentamiento y la villa de San Miguel de Ibarra fueron construidos en el valle de los Caranquis, en los terrenos de Juana Atabalipa, nieta del Inca Atahualpa. Aún se pueden encontrar restos de construcciones Incas. Los datos históricos y antropológicos afirman que en la conquista española se construyó una ciudad colonial sobre la villa Inca, se usaron las mismas piedras talladas para construir casas coloniales. También existe la teoría de que Atahualpa nació en Caranqui.
Durante el periodo de supervivencia del Estado de Quito (1811-1812), Ibarra fue una de las ocho ciudades que enviaron se representante al Supremo Congreso que se instaló el 11 de octubre de 1811 en el Palacio Real de Quito; obteniendo la diputación el Dr. Calixto Miranda Suárez de Figueroa. De igual manera, durante este período la ciudad y sus alrededores fueron elevados a la categoría de Provincia. De igual forma, el 16 de noviembre, dio a la villa de San Miguel de Ibarra el título de ciudad. Posteriormente el 11 de noviembre de 1829, el libertador, Simón Bolívar, nombró a la ciudad capital de la provincia.
En la madrugada del 16 de agosto de 1868, un terremoto provocado por una falla geológica devastó la ciudad y la provincia. Ibarra quedó prácticamente destruida y cobró la vida de más de 13 000 personas. Los sobrevivientes de este suceso se trasladaron a los llanos de Santa María de la Esperanza, en las faldas del volcán Imbabura a 2800 m s. n. m., donde se reubicaron y vivieron por cuatro años. Gabriel García Moreno fue comisionado por el presidente de la República para reconstruir la ciudad. Finalmente, el 28 de abril de 1872, los ibarreños regresaron a la rehecha ciudad. Esta fecha se considera la segunda más importante después de la fundación de Ibarra. El 5 de marzo de 1987 otro devastador terremoto dejó en ruinas gran parte de la ciudad. El sismo alcanzó 7,5 grados en la escala de Richter. En 2002 debido a la falla geológica un nuevo sismo destruyó edificaciones del barrio el Tejar ubicado en el sur de la ciudad. Después de este terremoto los ibarreños celebran la fiesta del Retorno en conmemoración del regreso de las personas a la ciudad, incluso la calle por donde regresaron se llama Avenida El Retorno.
Después de la catástrofe, la población empezó a tomar la decisión de restablecer la ciudad de Ibarra, pues empezaron en el primer mes la reparación de los caminos, puentes y casas. El Gobierno del Presidente Javier Espinoza, nombró Gobernador a Gabriel García Moreno, es cuando, el 24 de diciembre de 1870 el gobernador de la provincia de Imbabura informaba al Ministerio del Estado:
"A través del crudo invierno que estamos sufriendo la limpia de las calles de Ibarra avanza con asombrosa presteza. La calle de la entrada hasta dar con la calle principal se halla limpia en la extensión de 4 cuadras y con la anchura de nivelación y ademas 3 cuadras en contorno de la misma plaza; por manera que hacen 7 y han quedado expeditas las entradas y las salidas del lugar, por el Norte, Sur, Este y Oeste." Entre 1870 y 1872 se trabajó intensamente para restablecer la ciudad destruida, reconstruyendo y ampliando las calles, encauzando la canalización hacia el río Ajavi. Al no existir mano de obra calificada para los levantamientos topográficos se dispuso la formación inmediata de jóvenes en la especialidad.