François Hyacinthe Rigaud (Perpiñán; 18 de julio de 1659-París; 29 de diciembre de 1743) fue un pintor francés especializado en el retrato.
Fue el pintor de retratos más importante de la corte de Luis XIV de Francia. Su instinto para encontrar poses impresionantes y una presentación grandiosa se ajustaba perfectamente a los deseos de los miembros de la realeza, embajadores, clérigos y cortesanos que posaron para él. En 1682 se le otorgó el Premio de Roma.
Los cuadros de Rigaud capturan con gran exactitud el parecido de los vestidos y detalles del fondo, por lo que constituyen un documento preciso de la moda de la época. Su cuadro más famoso es el Retrato de Luis XIV de 1701, el cual se exhibe en el Museo del Louvre de París.
Para Jacques Thuillier, profesor en el Collège de France, «Hyacinthe Rigaud fue uno de esos pintores franceses que alcanzaron la mayor celebridad como retratistas bajo el Antiguo Régimen. Merecía esa admiración tanto por la sorprendente abundancia de su obra como por su constante perfección.»
Rigaud debe su fama a la fidelidad de la dinastía de los Borbones, de los que pintó retratos de cuatro generaciones. Lo fundamental de su clientela lo obtuvo en los más ricos ambientes, entre los burgueses, financieros, nobles, industriales y ministros. Su obra ofrece una galería de retratos casi completa de los dirigentes del reino de Francia entre 1680 y 1740. No obstante, una parte minoritaria de su producción está compuesta por personajes más discretos: familiares, amigos, artistas o simples comerciantes.
Indisociable de su retrato de Luis XIV, Rigaud frecuentó a todos los grandes embajadores de su época y a algunos monarcas europeos. El número exacto de cuadros pintados por este artista sigue siendo muy discutido, puesto que su catálogo es muy amplio, pero los especialistas coinciden en que tuvo más de un millar de modelos diferentes. A ello se añade el elevado número de copias registradas en el dietario del artista, en el que además no se mencionan cientos de otros lienzos recuperados desde su publicación en 1919.
Nieto de pintores doradores del Rosellón, formado en el taller de sastre de su padre, Hyacinthe Rigaud perfecciona esta formación con Antoine Ranc en Montpellier a partir del año 1671, antes de llegar a Lyon cuatro años después. En estas dos ciudades es donde se familiariza con la pintura flamenca, holandesa e italiana, la de Rubens, Van Dyck, Rembrandt o Tiziano, cuyas obras coleccionará más tarde.
Ya en París en 1681, obtiene el Premio de Roma en 1682 pero, siguiendo los consejos de Charles Le Brun, no viaja a Roma. A partir de su admisión en la Academia real de Pintura y Escultura en 1700, escala todos los grados de esta institución hasta su dimisión en 1735.
Según el escritor de arte francés Louis Hourticq «al morir, Rigaud deja una galería de grandes personajes con los cuales nuestra imaginación puebla hoy la Galería de los Espejos; Rigaud es necesario para la gloria de Luis XIV y participa en el resplandor de un reinado cuya majestad documentó.» Verdaderas «fotografías», rostros que Diderot describió como «cartas de recomendación escritas en un lenguaje común a todos los hombres», las obras de Rigaud pueblan hoy los museos más importantes del mundo.
En el año 1709 fue hecho noble en su ciudad natal, Perpiñán. En 1727 fue nombrado caballero de la Orden de San Miguel, y murió en París el 29 de diciembre de 1743.
Nació como Híacint Francesc Honrat Mathias Pere Martyr Andreu Joan Rigau-Ros i Serra en Perpiñán, ciudad española entonces, pues todavía pertenecía a los dominios del conde de Barcelona, y que pasó a dominio francés el 7 de noviembre de 1659 por el tratado de los Pirineos, poco después de su nacimiento.
«Jyacintho Rigau» entra en el Grand Siècle con su nombre catalán aún, bautizado así en la antigua catedral Saint-Jean-Baptiste de Perpiñán el 20 de julio de 1659. Nacido dos días antes en la calle de la Porte d'Assaut, Rigaud todavía no es francés porque el Rosellón y la Cerdaña no se anexionan a Francia hasta el 7 de noviembre siguiente, gracias al Tratado de los Pirineos, que pone fin a las luchas que enfrentaban a Francia con los Habsburgo de España desde 1635 y que concluyen con el matrimonio de Luis XIV con la infanta María Teresa de España.
El padre de Hyacinthe, Josep Matias Pere Ramon Rigau, sastre en la parroquia de Saint-Jean de Perpiñán, «también pintor», desciende de un linaje de artistas bien establecidos en la cuenca Perpiñán por haber trabajado en la decoración de diversos sagrarios y otras obras de uso litúrgico, pocos de cuyos restos han llegado hasta nosotros —Palau-del-Vidre, Perpiñán, Montalba-d'Amélie, Joch—. El abuelo, Jacinto major, y sobre todo el padre de este, Honorat minor, ejercen entre 1570 y 1630, probablemente tanto de doradores como de pintores, puesto que se encuentran en sus talleres «moltas estampas y alguns llibres tocants a la art de pintura y altres cosettes, com son pinzeils y coquilles de pintar» («muchas estampas y libros relacionados con el arte de la pintura y otras cosas, como son pinceles y paletas de pintar»).
Mientras trabaja, desde 1560, en el colegio Saint-Eloi de su ciudad, el 22 de noviembre de 1630 Jacinto major participa, como representante del gremio de pintores y doradores, y junto a otros orfebres y colegas, en la elaboración de los estatutos y actas del colegio de Saint-Luc de la ciudad catalana. A Honorat minor se le atribuye La canonización de San Jacinto, antiguamente en el convento de los dominicos de Perpiñán y actualmente de Joch, el sagrario de la iglesia de Palau-del-Vidre (28 de marzo de 1609) y el retablo de Montalba, cerca de Amélie-les-Bains. A su padre se le encarga el retablo de Saint-Férréol (1623), en la iglesia de Saint-Jacques de Perpiñán, antiguamente en el convento de los Mínimos. En cuanto a Honorat major, le cabe el privilegio de haber ejecutado las pinturas del retablo de la iglesia de San Juan Evangelista de Peyrestortes.
El 13 de marzo de 1647, el padre de Hyacinthe, Matías Rigau, se casa con Teresa Faget (1634-1655), hija de un carpintero. Al quedarse viudo poco después, decide de nuevo contraer nupcias el 20 de diciembre de 1655 con María Serra, hija de un comerciante de telares (pentiner, en catalán) de Perpiñán. En 1665 adquiere una casa «en lo carrer de las Casas Cremades», actual rue de l’Incendie, cerca de la catedral, y percibe las rentas de un viñedo de la zona de Bompas. Por su segundo matrimonio, también posee una casa en la place de l’Huile, que vende en seguida.
Para justificar las formidables dotes del futuro retratista de Luis XIV, a menudo se ha supuesto que el joven había realizado un temprano aprendizaje con una de las figuras emblemáticas de la pintura catalana de la época, Antoni Guerra (1634-1705). La relativa calidad de las obras de este artista no permite encontrar en él las claves de ese aprendizaje, aunque su hijo, Antoni Guerra «el Joven» (1666-1711), adoptará las fórmulas pictóricas establecidas más adelante por Rigaud, como en su Retrato del coronel Albert Manuel, recientemente adquirido por el museo Hyacinthe Rigaud de Perpiñán. El inventario realizado tras la muerte del joven Guerra demuestra, sin embargo, la existencia de vínculos entre estas familias de pintores; ejemplos: « portret du sieur Rang de Montpellier en ovalle» («retrato del señor Rang de Montpellier en óvalo»), probablemente de Antoine Ranc, porque Jean se había establecido ya en París, y « deux portrets sur papier l’un du sieur Rigaud peintre et l’autre de damoiselle Rigaud avec leurs quadres dorés» («dos retratos en papel, uno del señor Rigaud, pintor, y el otro de Mademoiselle Rigaud, con sus marcos dorados»). La cuestión que se plantea es saber si se trata de Hyacinthe o de Gaspard. Y la «damoiselle» Rigaud es difícilmente identificable.
A la muerte de su padre en 1669, «Jyacintho Rigau», cuyo nombre afrancesado como «Hyacinthe Rigaud» no tarda en aparecer, es confiado por su madre al cuidado del dorador de Carcasona Pierre Chypolt. Los archivos del departamento de Pirineos Orientales conservan todavía el contrato de aprendizaje celebrado entre este último y Maria Serra. Dicho contrato explica el gran conocimiento del oficio de dorador, que el futuro Rigaud demostrará en varias ocasiones, especialmente en su correspondencia con el marqués Gaspard de Gueidan, de Aix-en-Provence, durante los años 1720 a 1730.