Tal Día como Hoy

Hungría

País de Europa Oriental

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Hungría (en húngaro: ) es uno de los veintisiete Estados soberanos que forman la Unión Europea. Está situado en la llanura panónica, y tiene fronteras con Eslovaquia (por el norte), con Ucrania y Rumanía (por el este), con Serbia y Croacia (por el sur), con Eslovenia (por el suroeste) y con Austria (por el oeste). Su capital y mayor ciudad es Budapest. Su idioma oficial es el húngaro, también conocido como magiar, que pertenece al grupo ugrofinés y que, además, es la lengua no indoeuropea con más hablantes de toda Europa.​

Hungría es un Estado miembro de la OTAN, de la OCDE, del Grupo de Visegrád y del Acuerdo de Schengen.

Después del paso por el territorio de pueblos como los romanos, los celtas, los hunos, los eslavos, los gépidos, los pechenegos y los ávaros, el gran príncipe Árpád fundó Hungría en el siglo IX. Su bisnieto Esteban I accedió al trono en el año 1000 y convirtió el país al cristianismo. El Reino de Hungría existió durante cinco siglos y en algunos momentos de su historia llegó a ser uno de los centros culturales del mundo occidental.​ Tras la derrota magiar en la batalla de Mohács ante los otomanos en 1526, gran parte de Hungría integró el imperio otomano durante casi 150 años (1541-1699). Tras el Tratado de Passarowitz (1718), todas las partes restantes de Hungría bajo dominio otomano fueron transferidas al dominio de los Habsburgo.​ Más tarde, se formó parte del Imperio austríaco, dentro del cual obtuvo autonomía desde 1867 como parte constituyente de la Doble Monarquía del Imperio austrohúngaro.

Hungría como parte del Imperio se desarrolló hasta alcanzar el estatus de potencia regional hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando la derrota llevó a la firma del Tratado de Trianon que le supuso la pérdida de más de dos tercios de su territorio.​​ En la Segunda Guerra Mundial el país luchó en el bando del Eje y también sufrió importantes pérdidas materiales y humanas. Entre 1947 y 1989 Hungría estuvo regida por un gobierno socialista, un período en el que fue el centro de la atención mundial por la Revolución de 1956 y por la pionera apertura de su frontera con Austria en 1989, hecho que aceleró el colapso del Bloque comunista.

Desde 1989 Hungría es una república parlamentaria y se le considera un país desarrollado. Es un destino turístico importante, pues atrae a más de diez millones de visitantes todos los años.​ El país cuenta con el mayor sistema de cuevas de aguas termales del mundo,​ el mayor lago de Centroeuropa, el lago Balatón, y las mayores praderas naturales del Viejo continente, en Hortobágy.

Cada 15 de marzo se celebra una de las tres fiestas nacionales de la República Húngara, en conmemoración del inicio de la revolución por su independencia del Imperio austríaco en 1848, a partir de lemas como «A haza minden előtt», o sea, «La Patria ante todo».

Durante el Imperio romano, el territorio de la actual Hungría formó parte de las provincias de Panonia y Dacia. A fines del siglo IV, Roma perdió Panonia, ocupada desde entonces por tribus germanas y eslavas, y por los «pastores romanorum», pastores que hablaban un idioma derivado del latín vulgar. Odo de Deogilo, participante en la Segunda Cruzada (1147), habla de las Pabula Iulii Caesaris (Los pastos de Julio César), mientras que Ricardo escribió en su obra Ungaria Magna (1237) que Hungría era llamada antes «Pascua Romanorum». El diácono Tomás de Spalato también escribió alrededor del año 1250 que Hungría solía llamarse de ese modo, en su obra Historia Salonitana, in Monumenta spectantia historiam Slavorum meridionalium, XXVI (Scriptores III), página 42. La planicie central recibió a hunos, búlgaros (que finalmente se asentaron más al sur, en las actuales Bulgaria y Macedonia del Norte) y ávaros: pueblos nómadas provenientes de las estepas del norte del mar Negro. Los ávaros dominaron la cuenca del Danubio entre los siglos VII y VIII, hasta ser sometidos por el Imperio de Carlomagno.

Los sucesores de Carlomagno organizaron una serie de ducados en la mitad oeste y norte de la mayor cuenca, mientras que el Imperio bizantino y Bulgaria ejercieron cierta autoridad sobre el sur y el este de la región. El Ducado de Croacia se independizó en el año 869 y Moravia luchó tenazmente contra los carolingios, hasta la aparición de los magiares, pueblo de origen fino-ugrio (emparentado con fineses, estonios, carelios, udmurtos, etc.). Estos organizaron, al oeste del bajo Don, una federación de tribus (integradas por diversos clanes y dirigidas por un jefe hereditario), llamada On-Ogur (Diez Flechas), que dio origen al nombre húngaro, por lo que su reino se acabó conociendo como Hungaria, que posteriormente derivó en «Hungría».

El endónimo del país, la palabra usada por los propios húngaros, es Magyarország (pronunciado /ˈmɒɟɒrorsaːɡ/ (), compuesta de magyar «húngaro» y ország «país»). El término magyar viene del nombre de una de las siete principales tribus seminómadas húngaras, los magyeri.​​​ Originariamente provendría del proto-úgrico *mäńć- «hombre»; esta raíz también aparece en el nombre del pueblo siberiano de los mansi.​

Entre los primeros en llegar estuvieron los hunos, que construyeron un poderoso imperio bajo Atila el Huno. Atila fue considerado como un gobernante ancestral de los húngaros, pero este argumento ha sido rechazado hoy día por la mayoría de los estudiosos. Después de que el reino de los hunos se desvaneciera, los germanos ostrogodos y lombardos llegaron a Panonia, y los gépidos ocuparon la parte oriental de la cuenca de los Cárpatos durante unos cien años. En el año 560 los ávaros fundaron el janato de Avar,​ un Estado que mantuvo la supremacía en la región durante más de dos siglos. Su poder militar queda demostrado por las frecuentes batallas y victorias sobre todos sus vecinos. El janato de Avar se vio debilitado por las constantes guerras y la presión externa. Finalmente, el gobierno de los ávaros terminó cuando el janato fue conquistado por el Imperio de Carlomagno en occidente y los búlgaros con Khan Krum en el este. Ninguno de los dos, ni otros fueron capaces de crear un Estado duradero en la región, y en el siglo IX la tierra estaba habitada solo por una escasa población de eslavos.​

Los magiares (húngaros) recientemente unificados, guiados por Árpád, comenzaron a establecerse en la cuenca de los Cárpatos a partir del 895. De acuerdo a los lingüistas los húngaros tendrían su origen en una antigua población ugrofinesa que habitó originariamente las zonas boscosas situadas entre el río Volga y los montes Urales. El rey Arnulfo I de Baviera invitó a los húngaros a ocupar las tierras de Svatopluk al este del río Danubio. En 894, mientras que Simeón de Bulgaria atacó al imperio bizantino, Svatopluk cuestionado Arnulfo invadiendo Panonia.​ Tanto Arnulfo como León VI el Sabio buscaron la ayuda de los húngaros, quienes estaban en condiciones de atacar a los búlgaros y los moravos de la parte posterior.​ Arnulfo mantuvo la alianza con los húngaros hasta su muerte en 899.​

La tradición sostiene que Hungría fue fundada por siete tribus magiares (húngaras) que emigraron desde la región de los montes Urales cerca del límite de Europa y Asia hasta el territorio actual en el siglo VIII. Estas fueron guiadas por siete jefes: Álmos, Előd, Ond, Kond, Tas, Huba y Töhötöm. Un par de décadas después de haber llegado a las tierras del Danubio, Árpád —el hijo mayor de Álmos— se convirtió en príncipe y líder absoluto de las tribus, que hicieron un pacto de sangre para simbolizar una unión indivisible. Así comenzó la historia de la nación húngara y la dinastía de los Árpád.

El tataranieto de Árpád fue Esteban I (r. 1000-1038), hijo del príncipe Géza. Esteban había nacido como pagano con el nombre de Vajk y posteriormente fue bautizado con su nombre cristiano. Esteban sabía que si su nación quería sobrevivir, debía ser reconocida como un reino cristiano y estar bajo la tutela del papa. Así, comenzó su lucha contra el paganismo tras haber sido coronado rey de Hungría en el año 1000. El principal adversario de Esteban fue un familiar suyo llamado Koppány, que deseaba la corona de Hungría y repudiaba el cristianismo. Cuando este murió, Esteban ordenó que fuera descuartizado y que las partes de su cuerpo fueran enviadas a ciudades importantes como muestra de lo «poco conveniente» que podría ser el paganismo.

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