Tal Día como Hoy

Honorio III

177.º papa de la Iglesia católica

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Honorio III (Roma, c. 1148-Roma, 18 de marzo de 1227) fue el 177.º papa de la Iglesia católica de 1216 a 1227.

De nombre secular Cencio Savelli,​ fue canónigo de la iglesia de Santa María la Mayor hasta que, en 1188, fue nombrado Camarlengo de la Iglesia por el papa Clemente III. El papa Celestino III lo nombra cardenal diácono de Santa Lucía in Silice, y continuará con el cargo de Tesorero de la Iglesia hasta que, en 1197, pasó a ser el tutor del futuro emperador Federico II.

El 13 de marzo de 1198, el papa Inocencio III lo nombró cardenal presbítero de la iglesia de San Juan y San Pablo,​

dignidad que ocupará hasta que el 18 de julio de 1216, tras la muerte en Perugia de Inocencio III, los diecinueve cardenales presentes en dicha ciudad eligieron al anciano Cencio (Honorio III) como nuevo papa. El nuevo pontífice será consagrado como obispo el 24 de julio de 1216 en Perugia y coronado en Roma el 31 de agosto de 1216.​

Honorio III enfrentó una vasta serie de problemas que afectaban a la Iglesia católica de la época: opresión de Tierra Santa y la península ibérica por los musulmanes, la expansión de la herejía cátara en el sur del Reino de Francia, la difusión del cristianismo entre los paganos de los países bálticos y la defensa del Imperio latino de Constantinopla de los musulmanes.

El objetivo principal de su pontificado fue la realización de la Quinta Cruzada, que había sido decretada en el Cuarto Concilio de Letrán y que la muerte de Inocencio III había paralizado.

Para recaudar los fondos económicos necesarios estableció que tanto el papa como los cardenales contribuirían a la causa, durante tres años, con la décima parte de sus rentas, mientras que el clero restante aportaría la vigésima parte.

A pesar de que la recaudación fue insuficiente y que el principal príncipe cristiano, el antiguo pupilo de Honorio III y rey de Alemania (Rey de Romanos), Federico II no cesaba de retrasar su participación en la cruzada, un ejército al mando del rey Andrés II de Hungría puso rumbo hacia Tierra Santa tomando, en 1219, la ciudad de Damieta en Egipto.

Honorio III, en un intento de que Federico II se uniera a las tropas cruzadas, le coronó emperador del Sacro Imperio Romano Germánico el 22 de noviembre de 1220 en una ceremonia celebrada en Roma.

Sin embargo, Federico siguió contemporizando en el envío de tropas, lo que unido a una desastrosa estrategia en Egipto, donde los cruzados habían rechazado un acuerdo por el que el sultán Al-Kamil ofrecía todas las posesiones musulmanas en Tierra Santa a cambio de que las tropas cristianas abandonaran Egipto optando por dirigirse a El Cairo para conquistarla provocó una gran derrota y la pérdida, el 8 de septiembre de 1221, de Damieta y el retorno de los cruzados a Europa.

Honorio III no cejó, a pesar del fracaso de la Quinta Cruzada, en su idea de recuperar los territorios de Tierra Santa para la Cristiandad, y aprovechando que Federico II había enviudado, organizó el nuevo matrimonio del emperador con Yolanda de Jerusalén que al ser heredera del reino de Jerusalén suponía un incentivo para su participación en la embrionaria Sexta Cruzada.

Se fijó como fecha de salida de las tropas imperiales el 21 de junio de 1225, pero nuevamente logró el emperador retrasar la salida, mediante la firma de un tratado en la Dieta de San Germano, de dos años.​

Represión de la herejía cátara

Este aplazamiento permitió a Honorio III dirigir su atención a apoyar la cruzada contra los albigenses que, encabezada por el rey Luis VIII de Francia, tenía lugar en el sur de Francia y que probaría la toma de Aviñón a pesar de las protestas de Federico II que la consideraba una ciudad imperial.

Protección del imperio latino de Oriente

Honorio III continuó los esfuerzos de su predecesor Inocencio III para latinizar el imperio de Oriente y lograr terminar el cisma de oriente.

Coronó al heredero al trono Pedro de Courtenay en Roma el 9 de abril de 1217 mientras salía de Francia para reclamar sus dominios.​

Refugió al nuevo emperador de Constantinopla, Roberto I de Constantinopla quien tuvo que escapar de su reino por una revuelta producida en su contra debido a su vida disoluta. Honorio III le reprochó por su conducta y le ordenó regresar a Constantinopla y redimir su conducta, pero Roberto muere de una enfermedad a su regreso, durante una escala en Morea.​

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