Hermila Galindo Acosta (Villa de San Fernando, Durango, 2 de junio de 1886-Ciudad de México, 18 de agosto de 1954), también conocida como Hermila Galindo de Topete, fue una política, escritora, maestra, oradora, periodista y activista feminista sufragista mexicana cuyo principal periodo de actividad se desarrolló durante la Revolución mexicana.
Durante sus primeros años laborales, obtuvo diversos trabajos para subsistir como taquígrafa y profesora. Hasta que, en 1909 incursionó en la política al difundir ideas contra el gobierno de Porfirio Díaz.
En los años siguientes se convirtió en secretaria privada de Eduardo Hay y de Venustiano Carranza. Se destacó como miembro del Primer Congreso Feminista de Yucatán en 1916. En su faceta de periodista y escritora fue fundadora de la revista La Mujer Moderna y autora del libro La Doctrina Carranza y el acercamiento indolatino.
Después de que Carranza tomara el cargo como presidente electo de México, la comisionó para extender el carrancismo a nivel nacional y latinoamericano. En 1918 se postuló ilícitamente como diputada federal, pero perdió el cargo luego de que se publicaran los cargos de la controvertida elección.
Tras el asesinato de Carranza en 1920, se retiró de la vida pública y pasó el resto de sus días con una vida tranquila, fuera de cualquier acto público; aunque, en alguna ocasión, fue reconocida por sus «méritos revolucionarios». En 1954 falleció víctima de un paro cardiaco.
Actualmente es considerada una de los sufragistas que promovieron y lograron el voto de la mujer en México.
Nació el 2 de junio de 1886 en la Villa de San Fernando, hoy Ciudad Lerdo (Durango). Su madre fue Hermila Acosta (nacida en Canatlán)
Se desconoce a ciencia cierta la razón de que su padre la haya reconocido, pero quizás influenciado por la orfandad de Hermila, le dio su apellido —razón de su cambio de nombre— y la dejó al cuidado su tía soltera Ángela Galindo. Cursó la primaria entre su ciudad natal y Chihuahua; en este último lugar, estudió en la Escuela Industrial de Señoritas en donde se le instruyó en teneduría de libros, taquigrafía, telegrafía, mecanografía e inglés.
Daniel Muñoz, un reportero del periódico mexicano El Universal en su reportaje Ocho periodistas mexicanas (publicado el 15 de octubre de 1954) afirmó que el padre de Hermila, al ver su capacidad intelectual y aplicación escolar sobresaliente a su temprana edad, pensó en enviarla a alguna escuela estadounidense para estudiar Química, no obstante, falleció en 1902 —cuando Hermila tenía dieciséis años—.
En el testamento de su padre él dejó su fortuna como herencia a sus hijos (incluyéndola). Sus hermanos le imposibilitaron acceder al dinero que legalmente le correspondía, razón por la que se vio obligada a trabajar como profesora de taquigrafía en diversas primarias particulares en Ciudad Lerdo,
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Conforme los años pasaban en México —que estaba bajo la dictadura porfiriana— Hermila comenzó a simpatizar con el reyismo y, posteriormente, con el maderismo por las ideas antireleccionistas. Su primer acercamiento directo a dichas corrientes comenzó con el abogado Francisco Martínez Ortiz, dirigente del semanario antiporfirista El Nuevo Mundo.
El comienzo de su vida pública se originó por un suceso ocurrido en 1909, cuando ella tenía veintitrés años. El 21 de marzo se conmemoró en Torreón el natalicio de Benito Juárez; ahí, el abogado Francisco Martínez Ortiz pronunció un discurso en el que glorifica los tiempos de la República Restaurada bajo el gobierno de Juárez y atacaba abiertamente el régimen de Porfirio Díaz. El alcalde de Torreón, Miguel Garza Adalpe, eliminó el discurso original para evitar su propagación.
Sin embargo, Hermila, en un acto de desobediencia civil a las autoridades municipales y tomó taquigrafía del discurso para que, posteriormente, fuese distribuido en diversas ciudades de Durango y Coahuila. Ese mismo año llegaron a la ciudad opositores públicos de Díaz: Diódoro Batalla, Heriberto Barrón, Benito Juárez Maza y José Peón del Valle. Batalla y Barrón pidieron copia del discurso para obsequiárselo a Juárez Maza, aunque, tras darse cuenta de la valentía de la joven, la adentraron al mundo de la propaganda antiporfirista.
En 1911, se trasladó a Ciudad de México, donde pronto fue secretaria del general Eduardo Hay. Tras el derrocamiento de Francisco I. Madero, ocurrido en la Decena Trágica, Hermila se quedó sin un trabajo permanente; impartía cursos de taquigrafía en la escuela Miguel Lerdo de Tejada en Ciudad de México.
Durante ese tiempo, es probable que mantuviera contacto o perteneciera a clubes revolucionarios, ya que en 1914 fue elegida por el club Abraham González para que fuese parte del comité de bienvenida al Ejército Constitucionalista. De esta forma, conoció a Venustiano Carranza, quien la invitó a colaborar como su secretaria particular. A partir de entonces, trabajó y promovió la política carrancista.
En 1915, fundó y dirigió el semanario literario y político la Mujer Moderna, la cual tuvo una vigencia de cuatro años. A través de esta publicación, promovió la educación laica, la educación sexual, así como la igualdad de la mujer y los hombres.
En 1916, envió una ponencia al Primer Congreso Feminista de Yucatán, "La mujer en el porvenir", que causó revuelo entre las mismas feministas. En dicho texto expuso sus ideas sobre el feminismo: explicaba la necesidad de igualdad entre mujeres y hombres, incluyendo sus derechos sexuales y políticos. Solicitó la necesidad de implementar un plan de educación sexual, y dijo que la religión era la principal responsable de la ignorancia de la población al respecto de este tema, por tratarlo como un tabú. Impartió conferencias sobre feminismo en diversos lugares del país, en los que fundaba clubes feministas: Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán. Viajó a La Habana para dar a conocer la postura política de Venustiano Carranza y para protestar en contra de la política intervencionista de Estados Unidos en México. Fue autora del libro La doctrina Carranza y el acercamiento indolatino.