Los Heraldos del Evangelio, también conocidos en algunos lugares como Caballeros de la Virgen (en latín: Evangelii Præcones, cuya sigla es E.P.), son una asociación privada internacional de fieles de derecho pontificio de la Iglesia católica. Fueron fundados en Brasil por monseñor João Scognamiglio Clá Dias, reconocidos por la Santa Sede el 22 de febrero de 2001 por el papa Juan Pablo II y confirmados definitivamente en sus estatutos y orden de costumbres por Benedicto XVI.
Pertenece al ámbito del tradicionalismo en el ámbito eclesiástico y a la derecha en el ámbito político.
Según sus propios datos, cuenta con más de cuatro mil miembros (mayoritariamente jóvenes) de vida común y están presentes en 50 países distribuidos del siguiente modo: África (8), Asia (6), Europa (13), Norteamérica y Centroamérica (12), Oceanía (1), Sudamérica (10). Las familias comprometidas en obras de evangelización son cerca de 40 000.
Esta asociación dio origen a otras dos más, una clerical, la Sociedad Clerical de Vida Apostólica Virgo Flos Carmeli, y otra de hermanas religiosas, la Sociedad de Vida Apostólica Regina Virginum, ambas de Derecho Pontificio; así como la Fundación Misericordia, de ayuda a los más necesitados.
Presente en 78 países, la asociación de los Heraldos del Evangelio tiene su casa principal, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario o "Monte Tabor", en las proximidades de la Sierra de Cantareira, entre las ciudades de Caieiras y Mairiporã, en la región metropolitana de São Paulo, y el conjunto de edificios anexo, construidos con la ayuda de donaciones, que ocupa un área de 107 km² de bosque en un terreno donado por el propietario de un extinto club hípico. La casa principal también alberga un seminario donde los estudiantes aprenden italiano, inglés, español, hebreo y griego, así como cursos de filosofía y teología basados en el pensamiento de Tomás de Aquino, así como ciencias de la religión y canto gregoriano.
Sus orígenes provienen del pensador brasileño Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995), fundador de la asociación ultraconservadora y tradicionalista Tradición, Familia y Propiedad, del cual monseñor João Clá Dias fue su secretario personal durante 40 años y en quien se inspiró para fundar los Heraldos del Evangelio después de su fallecimiento en 1995.
Los Heraldos fueron fundados por monseñor João Scognamiglio Clá Dias el 21 de septiembre de 1999, pero su aprobación y reconocimiento por parte de la Iglesia Católica ocurrió el 22 de febrero de 2001, a través del Papa Juan Pablo II, y en 2009 fue elevada a la categoría de sociedad de vida apostólica por el Papa Benedicto XVI. Además de ser el fundador, monseñor Clá Días fungió como superior general de los Heraldos desde su fundación hasta junio de 2017, cuando, a los 77 años, renunció al cargo.
Dos años antes de fundar la asociación, en agosto de 1997, Clá Días había creado la Asociación Cultural Nuestra Señora de Fátima (ACNSF), que es considerada precursora de los Heraldos, y cuya propuesta es la difusión del mensaje mariano de Fátima, considerada contrarrevolucionaria.
Sus miembros de vida consagrada practican el celibato y se dedican al apostolado, viviendo en casas destinadas específicamente para hombres o para mujeres separadamente, que alternan la vida de recogimiento, estudio y oración con actividades de evangelización en las diócesis y parroquias donde se encuentran, haciendo especial énfasis en la formación de la juventud. Esta congregación católica se caracteriza por su carisma específico, entre este, el de solemnizar ceremonias litúrgicas, además de utilizar medios de evangelización como la música, el teatro, el arte y diversas obras de apostolado como visitas a los hogares, formación de familias y jóvenes, catequesis, obras de misericordia, etc.
El hábito (vestimenta) de esta asociación es otra característica peculiar. Calzados con botas de color negro para la orden masculina y color vino para la orden femenina, usan túnicas hasta la altura de las rodillas de colores diferenciados según la edad y el nivel de formación, encima de la cual se revisten del escapulario marrón y la cruz de Santiago en la parte delantera, con forma y colores adaptados por la propia Asociación de fieles. Se ciñen de una cadena cromada a la cintura (simbolizando su consagración como esclavos de amor a Jesús por María, según el método de San Luis María Grignion de Monfort), de la cual cuelga, al lado derecho, un gran rosario de madera oscura. Al lado derecho del pecho, sujeto al escapulario, usan el escudo de la Asociación, y a la altura del cuello, colocadas en la túnica, las llaves pontificias, símbolo de amor al Papado. Suelen profesar devoción a la advocación de Nuestra Señora de Fátima, visible en sus signos y como advocación de sus apostolados de evangelización, como el del oratorio.
Los Heraldos tienen varias similitudes con órdenes de caballería medievales, como los caballeros templarios, los caballeros teutones, entre otras, similitudes que van desde sus reglas internas, como los votos de castidad, pobreza, devoción altruista y una vida monástica rígida y disciplinada, hasta el derecho a responder directamente ante el Papa, concedido por decreto del propio Vaticano, además de poder ordenar a sus propios sacerdotes y construir sus propias iglesias.
La autoridad suprema de los Heraldos es la Asamblea General, que elige al Consejo General que asiste al presidente de la asociación. También cuenta con consejos regionales que administran los asociados en los distintos países en los que opera. Además de la organización interna, cuenta con colaboradores y miembros de honor, que son personas y familias que participan activamente, ya sea contribuyendo a la asociación o utilizando sus enseñanzas y celebraciones.
Su estructura se compone de tres "órdenes":
Orden I: hombres consagrados (por votos privados) que se dedican por entero a la Iglesia católica y a la propia entidad. Si además se ordenan sacerdotes o diáconos, se integran formalmente a la Sociedad de Vida Apostólica Virgo Flos Carmeli;
Orden II: mujeres consagradas (por votos privados) que se dedican por entero a la Iglesia católica y a la propia entidad. Al formalizar su consagración institucional, se integran a la Sociedad de Vida Apostólica Regina Virginum;
Orden III (cooperadores): Hombres o mujeres que se dedican a los ideales de la entidad en sus círculos laborales, familiares y sociales, por medio de una emisión de promesa privada a la asociación.
Los Heraldos son consagrados a Jesucristo por medio de Nuestra Señora, según el método descrito por San Luis María Grignion de Montfort en su Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Los consagrados laicos pueden optar a formar parte de los cooperadores al además tomar la promesa privada a la asociación. Los cursos de consagración por medios digitales suele ser el apostolado más numeroso de sus iniciativas. Según sus medios oficiales, para el año 2025 contaron con 2.543.710 consagrados.
Es una organización devocional piadosa dedicada a la devoción a la Virgen de Fátima por medio de imágenes oratorio que peregrinan de casa en casa de quienes reciben como familia al mismo; estos grupos poseen un coordinador local por zona.