Helsinki (en finés: Helsinki ; en sueco: Helsingfors ) es la capital y la ciudad más grande de la República de Finlandia. Está situada en la costa sur del país, a la orilla del golfo de Finlandia. Forma parte de la región de Uusimaa.
Las influencias del este y el oeste se encuentran presentes en la vida diaria de Helsinki. La arquitectura, la gastronomía, el diseño, las costumbres y hasta el argot local de las calles atestiguan un pasado bajo dominio ruso y sueco.
Situada junto al mar Báltico, la línea de costa de Helsinki se extiende unos 100 kilómetros, y acoge 300 islas frente al continente. 665 281 personas viven en la propia ciudad de Helsinki (enero de 2020) y el área metropolitana (municipios de Helsinki, Espoo, Vantaa y Kauniainen) tiene una población un millón de habitantes en total. Incluyendo otros municipios cercanos, la población es de alrededor de 1,4 millones de personas. Uno de cada cuatro finlandeses vive en Helsinki.
Helsinki es el mayor centro político, educativo, financiero, cultural y de investigación, así como una de las ciudades más importantes del norte de Europa. Aproximadamente el 70 % de las empresas extranjeras que operan en Finlandia se han establecido en la región de Helsinki.
Helsinki se eligió Capital Mundial del Diseño para el año 2012, sede de los Juegos Olímpicos en 1952 y del 52.º Festival de Eurovisión en 2007. A Helsinki se la conoce a nivel mundial por su gran diseño, que se refleja en sus calles, comercios y edificios, formando parte de la red de ciudades creativas por la Unesco desde 2014.
En la edición de agosto de 2012, el estudio del Economist Intelligence Unit la colocó en octavo lugar en el ranking general de las mejores ciudades para vivir a nivel mundial. En 2011, la revista Monocle estableció a la ciudad de Helsinki como la mejor ciudad para vivir y desarrollarse en el mundo entero.
Helsingfors es el nombre original de la moderna ciudad de Helsinki, y es todavía el nombre oficial en sueco. De cualquier modo, el nombre finlandés, Helsinki (pronunciado con el acento en la primera sílaba: ['helsiŋki]), ha sido el nombre dominante de la ciudad en otros idiomas durante décadas. El nombre sueco de Helsingfors proviene del nombre de la parroquia circundante, Helsinge (de donde también proviene el nombre finlandés Helsinki) y de los rápidos (fors en sueco) que fluían a través del lugar donde Helsinki fue fundada, al norte de la ciudad. Se cree que el nombre Helsinge, de acuerdo al folclore, tiene su origen en los primeros colonos suecos que venían de la provincia de Hälsingland. A la ciudad también se la llama Stadi en la jerga local, proveniente del sueco "ciudad" y Hesa, que es una abreviatura del nombre.
En documentos oficiales del gobierno y en periódicos finlandeses se ha usado el nombre Helsinki desde 1819, cuando el Senado de Finlandia trasladó su sede de Turku a Helsinki.
En ruso se la conocía como Gelsingfors, como parte del Gran Ducado de Finlandia dentro del Imperio ruso.
En la Edad del Hierro, la zona que hoy ocupa Helsinki estaba habitada por la tribu de los tavastianos. Allí se dedicaban a la pesca y la caza, aunque debido a la ausencia de vestigios arqueológicos es difícil determinar la extensión de esos primeros asentamientos. Un análisis polínico ha mostrado que hubo cultivos en la zona desde el siglo X. Además, hay registros del siglo XIV que ya describen esos asentamientos tavastianos.
Los suecos colonizaron la costa de la región de Helsinki a finales del siglo XIII, después de la exitosa Segunda Cruzada contra Finlandia, que llevó a la derrota de los tavastianos.
Helsinki se fundó en 1550, como una «rival» de la hanseática ciudad de Reval —hoy en día conocida como Tallin, capital de Estonia— por el rey Gustavo I de Suecia. El primer poblado estaba plagado de pobreza, guerras y enfermedades. Durante un largo periodo, permaneció como un pueblo costero poco importante, opacado por los centros comerciales más importantes del mar Báltico. La construcción de la fortaleza portuaria de Sveaborg (hoy en día conocida como Suomenlinna, literalmente Fortaleza de Finlandia) hizo crecer el estatus de la ciudad, pero no fue sino hasta que Rusia venció a Suecia en la Guerra finlandesa y se anexó a Finlandia como el Gran Ducado de Finlandia, cuando Helsinki verdaderamente comenzó a cambiar.
Siglo XIX: traslado de la capital
Para ayudar a reducir la influencia sueca, el zar Alejandro I de Rusia movió la capital de Finlandia de la ciudad de Turku (también conocida como Åbo) a Helsinki. Además, en 1827, un gran incendio devastó la mayor parte de Turku, tras lo cual se decidió trasladar también la Academia de Åbo, la única universidad del país, y con el tiempo se convirtió en la Universidad de Helsinki. Estos cambios consolidaron a la ciudad en una función completamente nueva, y durante las siguientes décadas se vio un crecimiento y desarrollo sin precedentes en Helsinki, creando los requisitos para el nacimiento de una ciudad capital de clase mundial en el siglo XX. Estas transformaciones se pueden admirar sobre todo en el centro histórico de Helsinki, el cual fue reconstruido en un estilo neoclásico para hacerlo parecerse al de San Petersburgo. Y como en otros lugares, los avances tecnológicos como la industrialización y el ferrocarril fueron un factor clave para el crecimiento.
En la guerra civil finlandesa de 1918, la mayor parte de Helsinki cayó en manos de la Guardia Roja junto con el resto del sureste de Finlandia, tras un breve periodo de lucha en enero. El Senado fue reubicado en la ciudad de Vaasa, aunque algunos funcionarios y senadores permanecieron escondidos en la capital. Después de que el curso de la guerra cambiara en contra de la Guardia Roja, las tropas alemanas, que luchaban del lado de la Guardia Blanca Finlandesa, recuperaron Helsinki en abril. Al contrario que Tampere, Helsinki sufrió relativamente pocos daños durante la guerra. Después de la victoria de las Tropas Blancas muchos soldados y colaboradores de la Guardia Roja fueron confinados en prisiones a lo largo de todo el país, siendo la más grande de ellas —con capacidad para aproximadamente 13 300 prisioneros— la antigua fortaleza naval de la isla de Suomenlinna en Helsinki.
Aunque la guerra civil dejó una considerable marca en la sociedad, la calidad de vida en el país y en la ciudad comenzó a incrementarse durante la década siguiente. Arquitectos de renombre, como Eliel Saarinen, crearon planes utópicos para la ciudad, pero nunca fueron realizados en su totalidad.
En los bombardeos aéreos de la Guerra de Invierno (1939-1940) y la Guerra de Continuación (1941-1944) Helsinki fue atacada por las fuerzas soviéticas. Los mayores ataques tuvieron lugar en la primavera de 1944, cuando más de mil aviones de combate soviéticos lanzaron más de 16 000 bombas en los alrededores de la ciudad. De cualquier modo, gracias a la exitosa defensa aérea, la ciudad se libró de una destrucción a gran escala que otras ciudades de Europa sufrieron bajo bombardeos de escala similar. Pocas bombas alcanzaron áreas pobladas.
Aunque gran parte de la primera mitad del siglo XX fue un periodo violento en Helsinki, la ciudad continuó creciendo y desarrollándose. La urbanización moderna de la posguerra en la década de los 1970, la cual ocurrió relativamente tarde dentro del contexto europeo, triplicó la población del área metropolitana, haciendo el área metropolitana de Helsinki una de las de más rápido crecimiento en la Unión Europea durante la década de los 1990.