Héctor García (Ciudad de México, 23 de agosto de 1923-Ciudad de México, 2 de junio de 2012) fue un fotógrafo mexicano, llamado por Carlos Monsiváis, Fotógrafo de la Ciudad. Es reconocido por su extensa obra fotográfica que retrata la vida del México de mediados del siglo XX. Reportero gráfico o fotorreportero –como se hacía llamar a sí mismo–, trabajó para distintas publicaciones como Mañana, Siempre!, Revista de América, Time, Life Cruceiros, Novedades, entre otras. Recibió en tres ocasiones el Premio Nacional de Periodismo en los años 1958, 1968 y 1979; el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el 2002 e ingresó a la Academia de Artes en el 2005; entre otras importantes distinciones y reconocimientos. Viajero incansable, recorrió con su cámara América, Europa, Medio Oriente y Asia.
Estudió en el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas de México, donde fue discípulo de Manuel Álvarez Bravo y Gabriel Figueroa.
Desde 1945 trabajó como periodista gráfico, tanto en México como en el extranjero. Fue también docente en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM.
Héctor García nació en el pequeño barrio del centro de la Ciudad de México, conocido como La Candelaria de los Patos, en la calle Juan de la Granja. Fue hijo de Amparo Cobo Soberantes, de nacionalidad mexicana, y de Ramiro do Porto, de origen portugués. De niño, como su madre tenía que salir a trabajar, lo dejaba atado del pie a una de las patas de la cama, pues desde entonces tenía una fijación especial por salir a recorrer el mundo, de ahí que su madre lo apodara Pata de Perro.
Desde su infancia y debido a su desfortuna en el aspecto económico, Héctor tuvo que trabajar para poder sobrevivir; trabajando como bolero, vendedor de periódicos y chicles, cargando canastas, etc. Más tarde aprendería otros oficios, producto de su estancia en la correccional para menores.
De la correccional para menores al Instituto Politécnico Nacional
Debido a su avidez por salir a conocer el mundo, a los siete años, Héctor García ya había abandonado su casa de la vieja vecindad en La Candelaria de los Patos, para emprender sus primeros pasos que lo llevarían a recorrer gran parte del mundo. Su primer destino fueron las calles de Bucareli donde inició vendiendo periódicos, y las cuales se convertirían también en su hogar. Ahí se encontraban las oficinas de Excélsior y El Universal, por lo que pasaba las noches en las aceras esperando que los expendedores le entregaran su paquete de periódicos para vocearlos más tarde por las grandes avenidas.
Tiempo después, acusado de haberse robado algunos panes, dulces y demás comida, fue llevado a la correccional para menores. Durante su prisión estuvo bajo la tutela del doctor Alfonso Quiroz Cuarón.
En 1940 mientras se encontraba en la correccional, su madre fallece debido a una afección cardiaca; en ese momento, solamente tuvo oportunidad de asistir al funeral con un permiso especial.
Dentro de la correccional, Héctor conoció también a quien con el paso del tiempo se convertiría en su protector, el Dr. Gilberto Bolaños Cacho. En distintas ocasiones mientras se encontraba recluido, recibió la invitación de Gilberto para acompañarlo a pescar. También fue en ese mismo instante que Héctor comenzó a tomar sus primeras fotografías con una pequeña cámara que el mismo Gilberto le obsequiara.
Al cumplir dieciocho años, el joven Héctor abandonó la correccional para menores con sus estudios de primaria y secundaria terminados, para más tarde ingresar al Instituto Politécnico Nacional, apoyado por la maestra Paquita Acosta, por Alfonso Quiroz y por el mismo Gilberto Bolaños quienes lograron conseguirle una beca para entrar en aquella institución, que para ese entonces solamente otorgaba estudios para convertirse en obreros o mecánicos.
Ahí mismo junto a otros compañeros fundó la Confederación de Estudiantes Técnicos, donde se encargaría de editar periódicos murales. Pero muy poco duró su estancia como estudiante de nivel medio superior, ya que abandonaría sus estudios para emprender nuevamente el viaje en busca de mejores oportunidades.
Viaje a Estados Unidos y su encuentro con la fotografía
En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Héctor García viaja a los Estados Unidos, para trabajar como bracero. En su viaje de camino a aquel país, llega a Querétaro donde se efectuaban las contrataciones para laborar allá.
Una mañana en pleno invierno, él y otros compañeros se dirigieron a las vías del ferrocarril para trabajar en algunas reparaciones eléctricas que habían sido dañadas debido a las bajas temperaturas; allí, mientras se encontraban trabajando, llegó de súbito un inmenso tren a gran velocidad, alzando grandes remolinos de nieve que apenas les dio tiempo de replegarse contra la pared cubierta de nieve.
En muchas otras ocasiones, habían colocado estratégicamente cohetes en las vías para darles aviso de que un tren se aproximaba, pero en esta ocasión habían fallado, y como era también costumbre de ellos enumerarse después de que pasaban los trenes para asegurarse de que nadie estuviera herido o faltara; esta vez había sido distinto, pues durante su numeración, uno de sus compañeros no respondió y al buscarlo se encontraron con lo que Héctor describió como un campo de amapolas:
Al retorno de la visión en el ámbito descubrimos sobre la nieve, cual campo de amapolas, los restos dispersos y enterrados de Ernesto. Era el cuerpo de nuestro compañero. El tren lo había arrollado, sembrando sus restos entre la nieve.
Héctor García, quien llevaba la pequeña cámara que le había sido obsequiada por el doctor Gilberto Bolaños, tomó fotografías de aquella escena. Al revelar el rollo se encontró con que las fotografías habían salido trasparentes debido a la sobreexposición ocasionada por el reflejo intenso de la nieve.