Guillermo Patricio Kelly (Avellaneda, Buenos Aires, 29 de julio de 1921-Buenos Aires, 1 de julio de 2005) fue un activista, periodista y dirigente político argentino, líder de la Alianza Libertadora Nacionalista de 1953 a 1955.
De padre irlandés y madre suiza, desde muy joven militó en la Alianza Libertadora Nacionalista. Hasta entonces, liderada por Juan Queraltó con un perfil antisemita que Kelly combatió. Expulsado de la Alianza en 1946 por supuesta conducta delictiva, volvió a ser admitido en 1951. En ese momento, Kelly -con supuesto apoyo del gobierno nacional- escaló posiciones, debido a sus cualidades para amedrentar rivales y liderar grupos de choque. En 1953 se apoderó de la conducción de la Alianza en un golpe de mano que incluyó el secuestro y las torturas de su líder fundacional, Juan Queraltó, el cual se tuvo que ir del país amenazado de muerte. Kelly torció el rumbo de la agrupación, cambió su nombre e hizo pública su alineación absoluta e indiscutida con el gobierno de Perón.
Kelly dio su versión a la revista Humor en octubre de 1982: "Intenté derribar en el 51 a Queraltó, y fui preso. Recién lo conseguí en abril del 53. (...) Le cambié el nombre, y le puse Alianza Popular Nacionalista (...) Todos los nacionalismos de esa época, esto es importante entenderlo, estaban impregnados de alguna manera de la propaganda de los países del Eje. La disciplina era del fascismo; las consignas, del nazismo, y la Falange aportaba los libros. Cuando le tomamos el local a Queraltó, derribamos a los nazis, a los fascistas y a los falangistas".
Queraltó acusó a Kelly de estar al servicio del entonces ministro del Interior, Ángel Borlenghi, que había tenido "militancia comunista" y estaba casado con una judía: "Un día la policía entra al local de San Martín y Corrientes, y mete de prepotencia a Guillermo Patricio Kelly, a quien la Alianza había expulsado en 1946. Así se apodera de nuestra organización por medio de un acto de fuerza apoyado por la policía mandada por Borlenghi. A mí me llevan preso a Orden Político (...). A los quince días de encierro, Perón me manda a llamar y me ordena que "desensille hasta que aclare". Me designaron en la embajada argentina en Paraguay".
La designación en la embajada parece obedecer a la intención del gobierno de quitar del medio a Queraltó, quien era considerado una amenaza al verticalismo que se le exigía a la Alianza para continuar en funcionamiento. El 19 de abril, la destitución de Queraltó es anunciada por la Alianza a través de un "comunicado oficial" en el diario La Nación en el que se expresa "la férrea decisión del nacionalismo argentino de apoyar al líder de la Revolución, General Juan Domingo Perón".
Actividad durante la «Revolución Libertadora»
El golpe de Estado del 55 que derrocaría a Perón encontraría a los últimos aliancistas atrincherados en su búnker con armas en la mano defendiendo a un Perón que ya estaba organizando la huida que lo llevaría a la embajada de Paraguay y al exilio. En el primer piso, los últimos militantes aliancistas habían colgado una pizarra con una leyenda desafiante: "Si quieren el cadáver de Ingalinella, vengan a buscarlo". Se jactaban del asesinato del médico comunista Juan Ingalinella, el 17 de junio, un día después del anterior intento de golpe de Estado, y considerado el primer "desaparecido" argentino. Nadie de la Alianza tenía relación con ese crimen. Ingalinella murió en Rosario, mientras era picaneado por policías de la ciudad. Pero el cartel era una provocación hacia los militantes de la Federación Juvenil Comunista que en las calles celebraban la caída de Perón. El 17 de septiembre hubo un intercambio de golpes entre aliancistas y militantes de la FJC que intentaron ingresar en respuesta a la provocación.
El 21 de septiembre de 1955 dos tanques Sherman del Ejército se apostaron en la avenida Corrientes y apuntaron hacia el viejo local del primer piso de San Martin 392, sede de la ALN, en la "city" porteña. Bajo una lluvia torrencial, diecisiete militantes ocupaban el piso. Un oficial de apellido Guillenteguy envió a otro, de menor grado, a pactar la rendición. Lo sacaron a empujones. "Decile al que te mandó que la Alianza no se rinde... Nosotros no aflojamos ni traicionamos...". Poco después, Guillermo Patricio Kelly llegó al local partidario e intentó, según su relato, ingresar para unirse a los militantes. Fue detenido por las tropas que lo rodeaban. Los nacionalistas comenzaron a disparar sobre los camiones del Ejército. Se cruzaron proyectiles de fusiles y ametralladoras, hasta que los cañonazos de los tanques golpearon la mole de cemento y demolieron el viejo edificio.
Los militantes intentaron crear un mito inspirador en este ataque, circularon rumores sobre decenas o cientos de muertos, hasta 400 en algunas versiones. "Lo cierto es que, pese a lo espectacular de la operación, no murió nadie en el procedimiento y sólo se registraron dos heridos: la doctora Varela y un activista de apellido Beceiro. El resto de los ocupantes del local se habían refugiado en una habitación fuera del alcance de la línea de fuego, debido al vértice del mismo. Por lo demás, en ese momento sólo había 17 personas en el local de San Martín y Corrientes".
Kelly permaneció detenido hasta 1957 cuando logró evadirse de la cárcel de Río Gallegos junto con John William Cooke, Jorge Antonio y Héctor Cámpora y otros presos políticos. Tras la huida llegó a Chile y solicitó asilo político pero éste le fue denegado. Cuando estaba a punto de ser remitido a la Argentina, volvió a fugarse, vestido de mujer. Permaneció prófugo en Chile durante dos meses durante los cuales durmió algunas noches en un compartimiento desocupado de la jaula de los leones del zoológico de Santiago, y hasta llegó a esconderse en la chimenea de la residencia de veraneo del juez que había ordenado su detención, a la que había ingresado con la excusa de ser el deshollinador. Después, para escapar, le robó la sotana al cura de la parroquia. Pudo huir a Venezuela, donde se encontraba Perón. Cuando partió de Chile con destino a Caracas, usaba otra identidad: el "doctor Vargas, psicoanalista".
Cuando estalló la revolución en Venezuela, Perón fue otro de los objetivos de los insurrectos junto con sus colaboradores, entre los que se encontraba Kelly, y debieron refugiarse en la Embajada de la República Dominicana. Afuera, más de mil personas zamarreaban el portón de entrada. Llevaban dos días encerrados, y la gente seguía afuera. Los argentinos miraban de reojo a Kelly. "Nos van a matar a todos por culpa de éste", gruñían. Varios querían echarlo y alguien elevó la moción: que se votara si debía retirarse. No hizo falta: Kelly decidió dar la cara. Sólo pidió dos condiciones: que le dieran un par de anteojos oscuros y un sombrero. Pidió plata. Cuando salió de la embajada caminando y se mezcló con la multitud, nadie pudo reconocerlo. En medio de la convulsión, Kelly tomó contacto con dos agentes de la CIA: —Los comunistas van a entrar a la embajada y van a matar a Perón. Y si lo matan queda comunizado todo el continente — les advirtió. Los Estados Unidos se dispusieron a rescatarlo, intercediendo ante el gobierno revolucionario para que despejara la zona y facilitara su salida hacia República Dominicana. Cuando el 26 de enero de 1958 el diario El Nacional tituló "Perón dirigió la represión contra el pueblo venezolano", lo identificó junto con Kelly como "asesores de torturas de la Seguridad Nacional" y publicó cartas fraternales de Perón al titular de ese organismo.
Kelly se fue apedreado del aeropuerto de Caracas, consiguió refugio en Haití y, luego de una turbulenta estadía en la que fue de nuevo encarcelado, cruzó la frontera hasta República Dominicana, donde permaneció unos días. Regresó a la Argentina clandestino en 1958 con el pasaporte que le robó a Roberto Galán; a los seis meses fue detenido y trasladado de nuevo a la cárcel de Ushuaia. Se lo liberó el 15 de agosto de 1963.
Comenzó a editar el periódico "Marchar". Abjuró de su pasado antisemita; llegó a decir que nunca lo había sido. En representación de la derecha nacionalista, viajó a Israel y se convirtió en un crítico del antisemitismo, y hasta se reunió con el cazador de nazis Simon Wiesenthal lo que hizo que muchos lo acusaran de ser un agente del Mossad.