Tal Día como Hoy

Guerras italianas (1494-1559)

Conjunto de campañas militares en la península italiana

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Las guerras italianas, también conocidas como las Grandes Guerras Italianas y las Guerras de Italia, fueron una serie de conflictos sucedidos entre 1494 y 1559 que implicaron, en distintas ocasiones, a los principales Estados de la Europa Occidental: Francia, Corona de Castilla, Corona de Aragón, Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, la República de Venecia, los Estados Pontificios y la mayoría de las ciudades-estado italianas, así como también el Imperio otomano.

Inicialmente se trató de una disputa dinástica acerca de los derechos hereditarios de Francia sobre el Ducado de Milán y el Reino de Sicilia Citerior, pero las guerras se convirtieron rápidamente en luchas territoriales y de poder entre los distintos participantes, que estuvieron marcadas por juegos de alianzas, contra-alianzas y frecuentes traiciones.

La península itálica había sufrido durante la Edad Media numerosos y constantes conflictos entre las diversas entidades políticas que ocupaban su territorio.

Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XV, aunque frágil, se alcanzó cierta estabilidad. En el norte, el Tratado de Lodi (4 de abril de 1454) puso fin a las guerras de Lombardía y trajo la paz para el desarrollo de los posteriores y florecientes gobiernos de Cosme y Lorenzo de Médicis en Florencia. En el sur, la Casa de Aragón, que reinaba en Sicilia Ulterior (desde 1282), Cerdeña (1323) y Sicilia Citerior(1442), mantenía su hegemonía e integridad apoyada en la fuerza disuasoria que le confería su potente armada.

Sicilia Citerior (conocida también como Reino de Nápoles), por cuya disputa se iniciaron las guerras de Italia, pertenecía a la Corona de Aragón desde que, en 1442, Alfonso V el Magnánimo se la arrebató a Renato de Anjou. Desde entonces estaba regida por monarcas de la dinastía aragonesa, lo que en la práctica lo convertía en un protectorado del rey de Aragón. Además era feudatario del Papa.

Primera guerra italiana (1494-1498)

Creyendo haber neutralizado a Fernando el Católico mediante el tratado de Barcelona (1493), tras la muerte de Fernando I de Sicilia Citerior (1494) Carlos VIII de Francia intenta obtener para sí, esgrimiendo su parentesco con Renato de Anjou, la soberanía de ese reino. Al no acceder el papa Alejandro VI a coronarle, decide satisfacer sus pretensiones manu militari: En una rápida campaña, en la que sólo Venecia y el Papado se le oponen, sus ejércitos recorren toda la península italiana y ocupan Nápoles.

En abril de 1495 se forma la llamada Liga de Venecia (Milán, Venecia, el Sacro Imperio Romano Germánico, España y los Estados Pontificios) para combatir contra el invasor.

La batalla de Fornovo (6 de julio de 1495) concluyó sin un vencedor militar claro, pero tras ella Carlos VIII tuvo que evacuar sus tropas del norte de Italia. En el sur, con inferioridad numérica y procurando por ello evitar un gran enfrentamiento a campo abierto con ellos, el Gran Capitán consiguió no ser expulsado de la península por los franceses. Sin embargo, en contra de su criterio, su superior Fernando II de Nápoles le obligó a presentar batalla junto a él en Seminara (28 de junio de 1495), donde fueron vencidos por Bérault Stuart d'Aubigny.

Los españoles siguieron resistiendo y tras recibir refuerzos pasaron a la ofensiva y tomaron varias plazas fuertes al norte de la posición que ocupaba Stuart con el grueso de su ejército. Mientras tanto Ferrandino, valiéndose de una insurrección popular, consiguió acorralar a Gilberto de Montpensier en dos castillos de Nápoles, y después expulsarlo de la ciudad. Fernando el Católico abrió otro frente en los Pirineos con Francia, para que esta desviara soldados y recursos hacia allá. La victoria del Gran Capitán en Cosenza estrechó aún más el cerco sobre Montpensier, que acantonó sus hombres en Atella. Los aliados tomaron la fortaleza en julio de 1496, y Francia quedó a partir de entonces en clara desventaja.

Los últimos episodios militares notables de la guerra fueron las conquistas españolas de Roccaguglielma y Diano, en 1497. El 4 de agosto de 1498 Fernando el Católico firmó con Luis XII, el sucesor de Carlos VIII, el Tratado de Marcoussis, concluyendo así definitivamente el conflicto.

El nuevo rey francés, Luis XII, siguiendo la política de su antecesor, siguió reclamando para sí el ducado de Milán y el reino de Nápoles. Con la intención de ocupar el norte de Italia por la vía militar pactó alianzas con la república de Venecia, a la que ofreció a cambio de su ayuda Cremona, y con Alejandro VI y su hijo César Borgia, a quienes ofreció territorios en la Romaña. En agosto de 1499 un ejército francés cruzó los Alpes y marchó sobre el Milanesado, bajo el gobierno del duque Ludovico Sforza. Ante la superioridad militar francesa, este abandonó Milán, que fue ocupado por Gian Giacomo Trivulzio al mando de las tropas de Luis XII.

Sforza buscó la ayuda de los turcos del sultán Bayaceto (enfrentado ya desde antes con Venecia), y reclutó un ejército de mercenarios suizos con los que en enero consiguió recuperar las principales ciudades del ducado, pero en abril fue traicionado por los soldados suizos en Novara, siendo apresado al igual que su hermano Ascanio.

César Borgia, mientras tanto, tomó Imola, Forli, Rímini, Pésaro y Faenza, en la Romaña, ante la pasividad o la prudencia de los pequeños estados vecinos, temerosos del enfrentamiento contra la coalición franco-veneciana-papal.

Conquistado el norte de la península y antes de atacar Sicilia Citerior, Luis XII buscó la alianza con la única potencia militar capaz de frenar su avance hacia el sur: en noviembre de 1500 firmó con Fernando II de Aragón el tratado de Granada, por el que ambos acordaban dividirse el reino de Sicilia Citerior: el sur quedaría para la corona de Aragón, anexándose a Sicilia Ulterior, y el norte para Francia, formándose el Reino de Nápoles. En marzo de 1501 las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba ocuparon Calabria y Apulia, y en el verano siguiente los franceses avanzaron desde el norte y tras tomar Génova conquistaron el Abruzzo y Campania. El rey Federico de Sicilia Citerior, sin dinero ni ejército tras la guerra anterior, fue incapaz de contener el avance de ambos contendientes; en octubre fue depuesto y su reino dividido.

Pronto surgieron entre Francia y España los desacuerdos sobre los términos de la partición: la posesión de las provincias centrales de Sicilia Citerior no había sido especificada en el tratado de Granada. En los enfrentamientos armados que se siguieron, las tropas del Gran Capitán derrotaron contundentemente a las francesas a lo largo de 1503 en las batallas de Ruvo, Seminara, Ceriñola y Garellano.

En 1504 Luis XII cedió el Reino de Nápoles a Fernando de Aragón mediante el tratado de Lyon. Nápoles absorbió todo el territorio que había sido de Sicilia Citerior antes de su partición, y permaneció bajo soberanía española hasta 1707.

Guerra de la Liga de Cambrai (1508-1516)

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