La guerra ruso-japonesa (日露戦争 o Nichirosensō en japonés, Русско-японская война o Russko-yaponskaya voyna en ruso) fue una guerra entre el Imperio ruso y el Imperio japonés por sus ambiciones imperiales rivales en Manchuria y el Imperio de Corea. Las principales batallas terrestres de la guerra se libraron en la península de Liaodong y cerca de Mukden, en el sur de Manchuria, y las batallas navales tuvieron lugar en el mar Amarillo y el mar del Japón.
Rusia había seguido una política expansionista en Siberia y el Lejano Oriente desde el reinado de Iván el Terrible en el siglo XVI. Al final de la primera guerra sino-japonesa, el Tratado de Shimonoseki de 1895 le concedió la isla de Taiwán, así como el protectorado sobre Corea y la península de Liaodong a Japón antes de la Triple Intervención, en la que Rusia, Alemania y Francia convencieron a Japón de renunciar a su reclamación. Los rusos buscaban un puerto de aguas cálidas (que no se congelaran en invierno) en el océano Pacífico para uso de su Armada y para comercio marítimo. El puerto de Vladivostok solo podía funcionar durante el verano, pero Port Arthur (Imperio chino) sería capaz de mantenerse funcionando todo el año. Japón temía que Rusia interfiriera en sus planes de establecer una esfera de influencia en Asia continental, especialmente cuando Rusia construyó el ferrocarril Transiberiano, comenzó a hacer incursiones en Corea y adquirió un contrato de arrendamiento de la península de Liaodong y Port Arthur de China en 1898. Japón firmó la alianza anglo-japonesa en 1902 y comenzó a ofrecer reconocer el dominio de Rusia en Manchuria a cambio del reconocimiento de Corea como parte de la esfera de influencia de Japón. Sin embargo, esto fue rechazado por Rusia.
Después de que las negociaciones fracasaran, Japón abrió hostilidades en un ataque sorpresa contra la Flota rusa del Pacífico en Port Arthur el 9 de febrero de 1904. Ambos bandos declararon la guerra y las tropas japonesas desembarcaron en Corea, cruzaron el río Yalu hacia Manchuria en mayo y desembarcaron más fuerzas en la península de Liaodong. En agosto, los japoneses sitiaron Port Arthur, que finalmente cayó en enero de 1905. En marzo de 1905, las tropas japonesas tomaron Mukden, la capital de Manchuria, después de duros combates. La Flota rusa del Báltico, que había navegado durante siete meses y 18 000 millas náuticas (33 000 km) desde el mar Báltico, con incidente diplomático con Reino Unido incluido, llegó a la región en mayo y fue interceptada y destruida por la Flota Combinada Japonesa en la batalla de Tsushima. La guerra concluyó con el Tratado de Portsmouth, mediado por el presidente estadounidense Theodore Roosevelt.
El tratado reconocía los intereses japoneses en Corea y otorgaba a Japón el arrendamiento de la península de Liaodong por parte de Rusia, el control del Ferrocarril del Sur de Manchuria, construido por Rusia, y la mitad sur de la isla de Sajalín (Karafuto). La victoria militar completa de una nación asiática y no occidental sobre una potencia europea y occidental sorprendió a los observadores internacionales y transformó el equilibrio de poder global, con el Imperio del Japón emergiendo como una gran potencia y el Imperio ruso perdiendo prestigio entre las potencias europeas. El hecho de que Rusia sufriera importantes bajas y pérdidas por una causa que resultó en una derrota militar contribuyó al malestar interno que culminó en la Revolución rusa de 1905, durante la cual la autocracia zarista se vio obligada a hacer concesiones.
Hubo innovación tecnológica en batallas terrestres y navales de la guerra ruso-japonesa, como el uso por parte de los japoneses de la radiotelefonía (en el mar) y del teléfono (en las batallas terrestres) para coordinar las maniobras de las unidades de combate y el uso de barcos acorazados.
Victoria japonesa limitada por las potencias occidentales
En los últimos años del siglo XIX y principios del siglo XX, varios países occidentales compitieron por influir, comerciar y dominar un territorio en Asia Oriental. Mientras, el Japón se esforzaba por asumir el papel de potencia moderna.
La situación geográfica de Japón lo alentó a enfocarse en Corea y el norte de China, lo que chocaba con los intereses expansionistas rusos. El esfuerzo japonés por ocupar Corea condujo a la primera guerra sino-japonesa. La derrota china por parte del Japón condujo al Tratado de Shimonoseki (del 17 de abril de 1895), por el cual China renunciaba a sus reclamaciones sobre Corea, cediendo además Taiwán y Lüshunkou (a menudo llamado Port Arthur). Sin embargo, la presión occidental (por parte de Rusia, Alemania y Francia) obligó al Japón a devolver Port Arthur y Manchuria a China (Triple Intervención del 23 de abril de 1895).
Establecimiento ruso en la península de Liaodong
Rusia aprovechó la desestabilización de la zona y en 1896 se firmó un acuerdo con China para el uso de Port Arthur como base ubicada al extremo de la península de Liaodong, en Manchuria, así como el libre acceso ruso a todos los puertos chinos. El 3 de junio, firmaron un tratado de alianza secreto frente a posibles agresiones futuras japonesas. El 16 de diciembre de 1897, la flota del Pacífico ocupó Port Arthur, supuestamente para impedir que lo hiciesen los británicos que, sin embargo, no competían por entonces con los rusos por el dominio del puerto. La ocupación del puerto desbarató la liga entre rusos y chinos. La toma del puerto por los rusos y de la bahía de Jiaozhou por los alemanes desencadenó una serie de concesiones a otras potencias que suscitó un movimiento xenófobo que culminó luego en la rebelión bóxer del verano de 1900. En marzo de 1898, los rusos habían logrado que los chinos les arrendasen durante veinticinco años la península de Kwantung —en el extremo de la de Liaodong—, incluido Port Arthur. Este era un lugar estratégico para los rusos, que ansiaban contar con un puerto libre de hielos para su flota de extremo oriente. El acuerdo comprendía asimismo el permiso para construir un ramal del ferrocarril transmanchuriano que recorriese la península hasta Port Arthur (el ferrocarril del sur de manchuria).
En el curso de la revuelta de los bóxers de 1900, los rusos ocuparon Manchuria, pese a que parte del gobierno se mostró contrario a la medida, pues temía que la acción terminase de agriar las relaciones entre Rusia y China. La ocupación, que se verificó sin grandes problemas para los rusos, no suscitó apenas protestas de las demás potencias. Unos sesenta y cinco mil soldados rusos participaron en el aplastamiento de la rebelión, operación que resultó onerosa para la hacienda rusa. En principio, la toma del territorio manchú debía ser temporal y las provincias debían volver a China en cuanto la revuelta quedase completamente sofocada. El 8 de abril de 1902 la corte china logró que Rusia se comprometiese a evacuar Manchuria en los dieciocho siguientes meses, según un plan de retirada en tres etapas que no cumplió. Los rusos se retiraron de la parte sur de la provincia de Fengtian en octubre, pero en septiembre del año siguiente volvieron a apoderarse de Mukden. En 1901, la Flota del Pacífico rusa se había trasladado a Port Arthur desde Vladivostok, tras el fin de las obras del ferrocarril del Sur de Manchuria.
Competencia ruso-nipona en Corea
En cuanto a Corea, Rusia y Japón habían alcanzado un acuerdo para extender su influencia económica en el país en 1898 en igualdad de condiciones. El pacto favoreció principalmente a Japón, cuyos bancos y empresas se expandieron mucho más que los rusos en la península. A principios de 1901, los japoneses se negaron a mantener la neutralidad en Corea, que hubiese desbaratado su creciente influencia en el país e impedido contrarrestar la rusa en la lindante Manchuria. Personajes cercanos a la corte rusa competían por la obtención de concesiones comerciales en Corea.
Liga británico-japonesa y tensión ruso-nipona
Más adelante, en 1898, los rusos impidieron el uso de Port Arthur a los mismos chinos, y se empezó a ejercer el control que el Japón había deseado cuatro años atrás. Esto fue un desafío para el Imperio del Japón y provocó la desaprobación del Reino Unido, que vio al gigante ruso como una amenaza a sus posesiones británicas y su provechoso comercio asiático.