El teatro de operaciones del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar en el océano Pacífico, sus islas y en Asia Oriental, entre 1941 y 1945. En la actualidad, muchos japoneses usan el término guerra del Pacífico (太平洋戦争, Taiheiyō Sensō), mientras que otros emplean Gran Guerra de Asia Oriental (大東亜戦争, Dai Tōa Sensō).
En 1937, el Imperio del Japón inició nuevamente su expansión por China, dando inicio a la segunda guerra sino-japonesa. Los japoneses ocuparon las capitales chinas de Nankín y Wuhan entre 1937 y 1938, aunque la resistencia china continuaría en los años posteriores. En 1939, después de librar dos batallas con la Unión Soviética, con resultados adversos, Japón ocupó la Indochina, colonia francesa, buscando finalizar la larga contienda en suelo de China. Reino Unido, Estados Unidos y otras naciones con intereses en la región respondieron imponiendo un embargo económico que amenazaba con asfixiar al pequeño país. Después de fallidas negociaciones, Japón atacó simultáneamente, sin previa declaración de guerra, a territorios controlados por Estados Unidos, Reino Unido, Tailandia y Países Bajos en diciembre de 1941.
El ataque japonés no logró acabar con la Armada estadounidense en el Pacífico, aunque la debilitó. Japón logró conquistar Filipinas, Malasia, Birmania, las Indias Orientales Neerlandesas, Hong Kong y emprendió una ofensiva en el océano Índico y el sudoeste asiatíco en 1942. El avance japonés se detuvo ese mismo año, luego de las derrotas en la batalla del mar del Coral y la batalla de Midway, esta última con resultados desastrosos para Japón.
En los siguientes años, Japón continuó lanzando ofensivas en China, sin obtener la rendición del gobierno de Chiang Kai-shek. Los británicos lograron detener el avance japonés en Birmania y a su vez, repelieron el ataque de japoneses e hindúes nacionalistas contra la India británica.
El avance estadounidense por el Pacífico logró forzar una gran batalla naval conocida como la batalla del mar de Filipinas, donde la Armada nipona sufrió pérdidas irreparables, que fueron explotadas en la batalla del golfo de Leyte. Desde entonces la superioridad naval estadounidense en el Pacífico fue indiscutible.
Para 1945, los aliados habían recuperado Birmania, Nueva Guinea, Borneo, las Filipinas, las islas Aleutianas y ocupado territorio japonés, Iwo Jima, y ambos bandos se preparaban para prestar batalla en las grandes islas niponas. El lanzamiento de las bombas atómicas en agosto de 1945 coincidió con la invasión soviética de Manchuria, controlada por Japón desde 1931.
Japón aceptó la rendición incondicional 15 de agosto de 1945, siendo ocupado por tropas anglo-estadounidenses y viendo reducida su extensión territorial a las islas del archipiélago principal. La guerra del Pacífico significó la caída del Imperio japonés, convirtió a Estados Unidos en la primera potencia del Pacífico, inició el declive anglo-francés en el sudeste de Asia, y debilitó el gobierno nacionalista en China, que fue reemplazado luego por el gobierno comunista de Mao Zedong. La Unión Soviética conservó el control de sus territorios en el Lejano Oriente y luego participó en la división de Corea.
Los combatientes fueron Japón por un lado, y las principales potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo a China, Estados Unidos, el Imperio Británico y por el otro. La Unión Soviética rechazó un temprano ataque japonés en 1939, y permaneció neutral hasta la derrota de Alemania nazi. Tailandia fue convencida tras el inicial ataque japonés de unirse a su bando. La Alemania nazi y la Italia fascista también eran aliados de Japón, y unidades testimoniales de sus Armadas operaron en el Pacífico entre 1940 y 1945.
El teatro de operaciones del Pacífico incluyó cuatro frentes de operaciones:
China: incluye las campañas en China, Manchuria, Mongolia, Hong Kong y Corea.
Pacífico: incluye las campañas en el océano Pacífico Central y Norte.
Sudeste de Asia: incluye las campañas en Indochina, el océano Índico, Birmania y la India.
Sudoeste del Pacífico: incluye las campañas de las Filipinas, las Indias Orientales Neerlandesas, Borneo, Australia, Nueva Guinea (incluyendo el archipiélago de Bismarck), la parte occidental de las Islas Salomón y algunos territorios aledaños.
Japón vivió un proceso de modernización acelerado a partir de la Era Meiji que le llevó de ser un país feudal de economía agraria durante el Shogunato Tokugawa a convertirse en la mayor potencia industrial de Extremo Oriente, en apenas sesenta años. Este ritmo brutal creó un desfase entre el nivel tecnológico del país y sus costumbres, plasmado perfectamente en su sistema político: a pesar de ser nominalmente una democracia parlamentaria, el Ejército y la Marina eran dirigidos por los ministros de Guerra y Marina (que debían ser obligatoriamente generales o almirantes retirados o en activo) que no estaban sujetos a la autoridad del primer ministro, sino directamente a la del emperador. Los militares, por tanto, constituían un poder fáctico al margen del control de los políticos civiles, que solo contaban con la asignación de presupuestos como medida de presión, e intervenían activamente en la vida política del país. Además, de las veintinueve personas que ocuparon el cargo de primer ministro durante el periodo 1885-1945, quince eran almirantes o generales retirados o en activo (durante el periodo 1932-1945, fueron ocho de once).
Esta anómala situación, combinada con el paso de un ejército permanente a otro reclutado (lo que obligaba a dar instrucción militar a todos los jóvenes del país), favoreció la progresiva militarización de la sociedad japonesa; el ejército y la marina, escasamente controlados por el poder civil, definían sus propios objetivos y se peleaban por los recursos presupuestarios disponibles, pero ambos coincidían en su desprecio a la clase política. Se formaron grupos de opinión enfrentados dentro de las fuerzas armadas (el revolucionario Kōdōha y el llamado Tōseiha, respaldado el segundo por el emperador) que llevaban una «política paralela» a la del Gobierno. Japón, un conjunto de islas con gran cantidad de población pero falta de recursos naturales, entró en el siglo XX con el firme propósito de imitar el sistema económico de las potencias occidentales, incluyendo el colonialismo, como forma de mantener su propio desarrollo, y volvió sus ojos hacia el continente asiático.
En 1894 Japón, que ya hacía tiempo que se disputaba la península de Corea con el Imperio chino, inició la Primera Guerra Sino-japonesa con un ataque por sorpresa sin previa declaración de guerra. Para sorpresa de todos, el pequeño Imperio de Japón aplastó a las fuerzas del mastodóntico Imperio chino e impuso un tratado de paz que le granjeó la cesión de Taiwán, de las islas Pescadores y de Liao-dong. La Rusia Imperial intentó limitar el dominio local de la emergente potencia: subvencionó el pago de las deudas de guerra chinas con Japón y, apoyada por Alemania y Francia, humilló a Tokio e impuso la restitución de Liao-dong a China.
Rusia y Japón se vieron desde ese momento enfrentadas en la lucha por la influencia en la parte nordeste de China. Rusia obtuvo la concesión para la construcción del ferrocarril Transmanchuriano, y aumentó su presencia militar en el sector con la creación de una base naval en Port Arthur, en la parte sur de la península de Liao-dong. La política rusa se encaminaba a desarrollar su influencia sobre toda Manchuria y Corea. Japón se inquietó e intentó en un principio negociar una repartición de áreas de influencia en Manchuria, aunque sin éxito. De modo que en 1904 la Marina Imperial Japonesa atacó y destruyó (de nuevo sin previa declaración de guerra) la flota rusa estacionada en Port Arthur. Japón estaba bien preparado, dominaba los mares de la zona en conflicto y sus bases se hallaban cerca. Por el contrario, Rusia estaba minada por tensiones internas, dirigida en el este por un mando incompetente e incapaz de asegurar un enlace eficaz con el oeste, ya que el Transiberiano era su única vía terrestre, por lo que no pudo plantar cara. La guerra ruso-japonesa terminó en 1905 con un armisticio que humilló a Rusia y dejó Liao-dong en manos de Japón, junto con la mitad meridional de la isla Sajalín y la preeminencia absoluta sobre Corea. En 1914, Japón declaró la guerra a Alemania; al final de la Primera Guerra Mundial obtuvo las posesiones alemanas del océano Pacífico septentrional.