Tal Día como Hoy

Guerra de sucesión austríaca

Conflicto bélico europeo (1740-1748)

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La guerra de sucesión austríaca (en alemán: Österreichischer Erbfolgekrieg), también conocida como guerra de la Pragmática o guerra de la Pragmática Sanción,​ fue un conflicto bélico que involucró a la mayoría de las potencias de Europa sobre el tema de la sucesión de la archiduquesa María Teresa en la Monarquía de los Habsburgo. La guerra incluyó eventos periféricos como la guerra del rey Jorge, en la América británica, la guerra del Asiento (que comenzó formalmente el 23 de octubre de 1739 en el Caribe), la Primera Guerra Carnática, en la India, la Rebelión jacobita de 1745, en Escocia, y la Primera y segunda guerra de Silesia, además de la guerra ruso-sueca 1741-1743.

La causa de la guerra fue la alegada inelegibilidad de María Teresa para suceder a su padre Carlos VI en las diversas coronas que ostentaba (incluyendo la del Imperio Habsburgo), porque la ley sálica impedía la herencia real de una mujer. Esta iba a ser la justificación clave de Francia y Prusia, junto con el Electorado de Baviera, para desafiar al poder de los Habsburgo. María Teresa era apoyada por el reino de Gran Bretaña, la República neerlandesa y el Electorado de Hannover, conocidos colectivamente como los Aliados Pragmáticos. A medida que el conflictó se expandió, atrajo a otros participantes, entre ellos España, el reino de Cerdeña, el Electorado de Sajonia, Suecia y Rusia.

La Guerra comenzó el 16 de diciembre de 1740, cuando Federico II de Prusia invadió Silesia, una de las provincias más ricas de los Habsburgo. Su ejército derrotó a los austriacos en Mollwitz en abril de 1741 y se apoderó de Silesia. Su victoria aumentó la sospecha en Europa de que los dominios de los Habsburgo eran incapaces de defenderse y, por lo tanto, aseguró que la guerra se generalizara. En menos de un mes, el francés Charles-Louis-Auguste Fouquet, conde (más tarde mariscal y duque) de Belle-Isle, construyó una alianza con Baviera y España y, más tarde, con Sajonia y Prusia contra Austria. María Teresa obtuvo su principal apoyo extranjero de Gran Bretaña, que temía que, si los franceses lograban la hegemonía en Europa, el imperio comercial y colonial británico sería insostenible. Así, la guerra de sucesión austriaca constituyó, en parte, una fase del conflicto entre Francia y Gran Bretaña que duró desde 1689 hasta 1815.

España, que desde 1739 libraba con Gran Bretaña la guerra del Asiento por el control de las colonias y el comercio con la América Española, entró en la guerra en el continente para restablecer su influencia en el norte de Italia, revirtiendo aún más el dominio austríaco sobre la península italiana que se había logrado a expensas de España como consecuencia de la guerra de sucesión española a principios del siglo XVIII (1701-1713).

Para comienzos de 1748, Francia poseía la mayor parte de los Países Bajos austríacos, pero estaba al borde de la bancarrota debido al coste de la guerra y a un bloqueo naval británico paralizante. La guerra terminó con el Tratado de Aquisgrán en 1748, mediante el cual se confirmó a María Teresa como archiduquesa de Austria y reina de Hungría, pero que no logró resolver las tensiones subyacentes entre los firmantes, muchos de los cuales estaban descontentos con los términos. Francia obtuvo ganancias mínimas a cambio de un enorme gasto, mientras que los españoles obtuvieron los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla. Prusia, a menudo considerada la ganadora más clara, mantuvo el control de Silesia, resultado que socavó la antigua alianza anglo-austriaca, ya que María Teresa quedó profundamente resentida por la insistencia británica en que cediera Silesia para hacer la paz, y se propuso recuperarla como su principal objetivo. Al mismo tiempo, la guerra demostró que Hannover, que para entonces estaba en unión personal con la Corona británica, era vulnerable a ataques prusianos, mientras que muchos políticos británicos sentían que habían recibido pocos beneficios de los enormes subsidios pagados a Austria.

El resultado fue el realineamiento conocido como la Revolución diplomática. Austria y Francia pusieron fin a la rivalidad que había dominado los asuntos europeos durante siglos, mientras que Prusia se alió con Gran Bretaña. La paz pronto se rompió cuando el deseo de Austria de recuperar Silesia se entrelazó con la agitación política en Europa, que culminó en la guerra de los Siete Años (1756-1763).

La causa inmediata de la guerra fue la muerte en 1740 del emperador Carlos VI (1685-1740) y la herencia de la monarquía de los Habsburgo, a menudo denominada colectivamente como Austria. El Pacto mutuo de sucesión de 1703 preveía que si los Habsburgo se extinguían en la línea masculina, estas posesiones pasarían primero a María Josefa y María Amalia, hijas del emperador José I, y luego a manos de Carlos, su hermano menor. Dado que la ley sálica excluía a las mujeres de la herencia, este acuerdo requería la aprobación de los diversos territorios de los Habsburgo y de la Dieta Imperial.​

Carlos sucedió a José en 1711 y dos años después emitió la Pragmática Sanción de 1713, que confirmó el principio de la herencia femenina. Sin embargo, también modificó el acuerdo de 1703 al colocar los derechos de sus propios hijos en primer lugar y, tras el nacimiento de su primera hija, María Teresa, en 1717, la política interna y externa de Carlos estuvo dominada por asegurar su sucesión por delante de la de sus dos sobrinas.​ Antes de sus respectivos matrimonios con Federico Augusto de Sajonia y Carlos Alberto de Baviera en 1719, ambas sobrinas se vieron obligadas a renunciar formalmente a sus derechos a la herencia. Carlos asumió que la rivalidad entre Sajonia y Baviera aseguraría el trono de su hija, ya que ninguna de ellas estaba dispuesta a permitir que la otra heredara, pero en cambio dio a sus dos mayores rivales un derecho a las tierras de los Habsburgo.​

Carlos también buscaba asegurar la sucesión de María Teresa no sólo de las tierras de su familia, sino también de los títulos y poderes del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Aunque había estado en manos de los Habsburgo durante más de 300 años, este era un cargo electivo y no podía ser ocupado por una mujer. El problema se vio exacerbado por las tensiones dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, causadas por los dramáticos aumentos en el tamaño y el poder de Baviera, Prusia y Sajonia, reflejados en la expansión posterior a 1683 del poder de los Habsburgo en tierras que anteriormente estaban en manos del Imperio otomano. Estas fueron las fuerzas centrífugas detrás de una guerra que reformó el equilibrio de poder europeo tradicional; las diversas reclamaciones legales fueron en gran medida pretextos y se consideraron como tales.​

Baviera y Sajonia se negaron a estar sujetas a la decisión de la Dieta Imperial, mientras que en 1738 Francia acordó respaldar las «justas reclamaciones» de Carlos Alberto de Baviera a pesar de haber aceptado previamente la Pragmática Sanción en 1735.​ Intentos de contrarrestar esta situación hicieron que Austria se viera envuelta en la Guerra de sucesión de Polonia (1733-1735) y en la Guerra ruso-turca (1735-1739), viéndose debilitada por las pérdidas sufridas. La situación se agravó por la falta de preparación de María Teresa para su nuevo papel, y muchos estadistas europeos se mostraron escépticos respecto de que Austria pudiera sobrevivir a la contienda que seguiría a la muerte de Carlos, que finalmente se produjo en octubre de 1740.​

En 1740, tras la muerte de su padre, Carlos VI, María Teresa le sucedió como archiduquesa de Austria, reina de Hungría, Croacia y Bohemia, y duquesa de Parma. Su padre era emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, pero María Teresa no era una buena candidata para ese título, que nunca había sido ocupado por una mujer; el plan era que ella fuera aceptada en los dominios hereditarios, y su esposo, Francisco Esteban, fuera elegido emperador del Sacro Imperio. Las complicaciones que conllevaba la existencia de una gobernante femenina Habsburgo eran previsibles, y Carlos VI había persuadido a la mayoría de los Estados de Alemania para que aceptaran la Pragmática Sanción de 1713.

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