Tal Día como Hoy

Guerra de Melilla

Conflicto bélico alrededor de la ciudad de Melilla en 1909

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La guerra de Melilla (también llamada Tercera guerra de Melilla tras las de 1860 y 1893) fue un conflicto que enfrentó a tropas españolas con las cabilas rifeñas, en los alrededores de la ciudad de Melilla, en la parte este del Rif, entre julio y diciembre de 1909. Su hecho más destacado fue el desastre del Barranco del Lobo. Las protestas contra el envío de tropas de refuerzo desde la península, especialmente de reservistas, desembocaron en Barcelona y en buena parte de Cataluña en la Semana Trágica.

El Rif, región montañosa del norte de Marruecos se consideraba «zona de influencia española» por el tratado firmado con Francia el 5 de octubre de 1904. Francia, por su parte, había firmado el mismo año la Entente Cordiale merced a la cual Gran Bretaña le daba vía libre a la penetración colonial en Marruecos, y había forzado la firma por parte del sultán Abd el-Aziz de varios tratados en función de los cuales el Estado jerifiano hacía dejación de varios de sus poderes en favor de la potencia extranjera, preludiando lo que años más tarde sería el régimen de protectorado.

El Rif, región de lengua y cultura bereber, pertenecía a la parte de Marruecos conocida como Bled es-Siba o País del Desgobierno, donde la autoridad política del sultán no había sido nunca efectiva. Los rifeños, por tanto, no se consideraban implicados por los acuerdos que pudiera haber alcanzado el Majzén (poder central) con las potencias europeas.

Desde 1903 una parte del Rif estaba bajo el control de Yilali Mohámed el-Yusfi ez-Zerhuni, más conocido como Bu Hmara​ (o Abu Himara, "el del asno"), el Rogui o el Pretendiente, que había participado activamente en la campaña contra la supresión del impuesto coránico decretado por el sultán Abd el-Aziz, y que fingió ser Muley Mohámed, el hijo mayor del anterior sultán Muley Hassan, quien tenía como misión librar a Marruecos de los cristianos a los que el sultán se había “vendido”. Así en 1902 Bu Hamara fue proclamado sultán en Taza, pero al ser expulsado de allí por la mehala (cuerpo de ejército regular) enviada por Abd el-Aziz se estableció en la alcazaba de Zeluán (cabila de Beni Bu Ifrur) desde donde consiguió imponer su autoridad sobre las cabilas de Guelaya en el Rif oriental.​

Cuando se descubrió que el territorio de la cabila de Beni Buifrur albergaba riquezas mineras, Bu Hamara concedió en 1907​ la explotación de las minas de plomo argentífero de Afra a la Compañía del Norte Africano (Compagnie minière de l'Afrique du Nord), de nacionalidad española y de capital francés, y las de hierro a la Compañía Española de Minas del Rif, propiedad de la familia del conde de Romanones y de la casa Güell, emparentada con el marqués de Comillas. La concesión también incluía el permiso para construir un tren minero que uniera los yacimientos con el puerto de Melilla.​​

Las concesiones hechas a los extranjeros para que explotaran las riquezas de la región fueron rechazadas por las cabilas y en octubre de 1908 iniciaron un alzamiento contra Bu Hamara, que estuvo acompañado con el hostigamiento contra los españoles que trabajaban en las minas. La revuelta triunfó finalmente y el 4 de diciembre Bu Hamara fue expulsado del poder. El trabajo en las minas y la construcción del tren minero quedaron entonces paralizados, por lo que las dos compañías concesionarias presionaron al gobierno español, presidido por el conservador Antonio Maura, para que desplegara las tropas de la guarnición de Melilla y pudiera reanudarse así la actividad. El gobierno español al principio esperó a que el sultán Muley Hafid, que había destronado a su medio hermano Abd el-Aziz, impusiera su autoridad sobre el Rif y reconociera las concesiones mineras hechas por Bu Hamara, pero finalmente cedió a la presión ante la amenaza de la Compañía del Norte Africano de pedir la protección de las tropas francesas estacionadas en la vecina Argelia, lo que hubiera puesto en peligro las aspiraciones españolas a controlar su “zona de influencia” en el norte de Marruecos. Así el 7 de junio de 1909 se reanudaba la construcción del ferrocarril a pesar de no haber obtenido aún el consentimiento del sultán (con el que el gobierno español siguió negociando) y de no contar con el apoyo de la mayoría de las cabilas del Rif oriental, que amenazaron con responder. En los días siguientes se produjeron pequeños incidentes, durante los cuales soldados españoles apresaron a algunos insurgentes cabileños.​

El 9 de julio de 1909, un capataz y trece trabajadores españoles fueron tiroteados cuando iniciaban la jornada laboral en la construcción del puente sobre el barranco de Sidi Musa, a unos 4300 m de los límites de Melilla, en la línea del ferrocarril minero de esta ciudad a Beni Bu Ifrur, resultando muertos cuatro de ellos. Los demás lograron escapar y regresar a Melilla utilizando una locomotora de la Compañía del Norte Africano.

Este ataque de «marroquíes desleales a la generosa nación española», como los llamó el general Marina, comandante general de la plaza, fue el que desencadenó la guerra de Melilla,​ que si bien el gobierno de Antonio Maura la planteó en un principio como una operación de policía, se transformó en una guerra en la que llegaron a intervenir más de 3 Divisiones españolas, y que tuvo dos partes bien diferenciadas.

La primera parte, durante el mes de julio, correspondió a una respuesta inmediata a la agresión, un tanto precipitada, despreciando la posición dominante de los rifeños en las alturas del Gurugú, e ignorando la falta de preparación de las tropas, especialmente las que llegaron apresuradamente de Barcelona y Madrid. El avance se detuvo, desde el primer día, a unos 10 km de Melilla, ocupando posiciones aisladas, cercanas a la vía férrea. La segunda parte, entre agosto y diciembre de 1909, fue más reposada, desarrollando un despliegue más amplio, de más de 30 km, envolviendo el Gurugú y el territorio menos accidentado al sur de él, con muchas más tropas y mejor preparadas (equipadas con el Mauser Modelo 1893), y en los últimos tiempos con negociaciones con las cabilas más dispuestas a permitir la presencia española.

Cuando en la mañana del 9 de julio, los obreros que habían sido agredidos llegaron al hipódromo de Melilla, en donde se encontraban las fuerzas españolas previstas para la protección de los trabajos, inmediatamente salieron dos compañías del regimiento África 68,​ al mando del teniente coronel Baños, penetrando en el «campo moro» en auxilio de los españoles y haciendo diecinueve prisioneros (de los que solo dos permanecieron en prisión acusados de haber participado en el ataque). El diario de Melilla El Telegrama del Rif tituló al día siguiente: «Cobarde agresión. Españoles muertos». Detrás de las dos compañías se desplazó otra fuerza más numerosa de la guarnición de Melilla, y a la una de la tarde el combate había terminado, ocupando las tropas españolas varias posiciones a lo largo de la vía, como las de Sidi Musa, Sidi Amet y Sidi Alí,​ la última próxima a Nador, a unos 9 km de los límites de Melilla. La operación causó entre los militares españoles 4 muertos y 25 heridos.​

El día 10 de julio el gobierno español, presidido por Antonio Maura, decretaba la movilización de tres Brigadas Mixtas, la de Madrid (1.ª), Campo de Gibraltar (2.ª), y Cataluña (3.ª), y el envío inmediato de la tercera de ellas. La orden de movilización, que incluía la llamada a los reservistas​ de los cupos de 1902 a 1907, muchos de ellos padres de familia con esposa e hijos, provocó incidentes en los embarques de las tropas, en el puerto de Barcelona el 18 de julio, y en la estación de Mediodía de Madrid, el 21 de julio, y desató una oleada de protestas en muchos lugares, con una huelga general el 26 de julio, especialmente graves en Barcelona y en otros lugares de Cataluña, donde se producirán los sucesos de la Semana Trágica, entre el lunes 26 de julio y el domingo 1 de agosto.​

Después del primer ataque del día 9, las cabilas rebeldes, integradas por la mayoría de las cabilas de Guelaya y Quebdana, y algunas del Rif central y occidental y dirigidas por el rifeño Mohammed Amezian (de la cabila de Beni Buifrur) y por su lugarteniente el Chadly (de la cabila de Mazuza), comenzaron a hostigar Melilla desde sus posiciones en el cercano monte Gurugú, provocando una tensión en la ciudad (que contaba con unos 12.000 habitantes) que no se vivía desde la guerra de Margallo o Primera Guerra del Rif de 1893. El hostigamiento se hizo más violento sobre las posiciones que habían ocupado las tropas españolas para proteger los escasos 7 km de vía minera objeto de los ataques. Los rifeños tenían la ventaja del territorio desde el que atacaban, pues la vía discurría desde su salida de Melilla por una franja de terreno cercano al mar, teniendo siempre al oeste las estribaciones del monte Gurugú, cuyas lomas más inmediatas, que con alturas sobre los 500 m, caen hasta el nivel del mar en 2 o 3 km, proporcionaban posiciones favorables a los rifeños. Además, los sucesivos barrancos transversales a la vía (Frajana, Lobo, Alfer, Sidi Musa, Sidi Amet), dificultaban el avance español de los convoyes de aprovisionamiento de los puestos que vigilaban y defendían la vía.

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