Tal Día como Hoy

Guerra biológica

Combate mediante armas biológicas

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La guerra biológica es una forma singular de combate en la cual se emplean armas biológicas, siendo armas de diferentes tipos que contienen virus o bacterias capaces de infligir daño masivo sobre fuerzas militares y/o civiles.

El uso de armas biológicas está terminantemente prohibido por las Naciones Unidas; sin embargo, muchos países —potencias militares— cuentan con este tipo de arsenal en forma no solo de bombas sino de otro tipo de agentes de esparcimiento menos convencionales.

El uso de armas biológicas ha sido practicado a través de la historia. Antes del siglo XX, el uso de agentes biológicos tomó tres formas principales:

Envenenamiento deliberado de comida y agua con material infeccioso.

Uso de microorganismos, toxinas o animales, vivos o muertos, en sistemas de armas.

Uso de productos inoculados biológicamente.

Las armas biológicas son tan letales que un gramo de toxina botulínica pura puede matar a 10 millones de personas. Está claro que es 3 millones de veces más letal que el sarín.[cita requerida]

El incidente más antiguo documentado de la intención de usar armas biológicas está registrado en textos hititas del 1500-1200 a. C., en el que víctimas de tularemia fueron conducidas hacia tierras enemigas. Aunque los asirios sabían del cornezuelo, un hongo parásito del centeno que produce ergotismo cuando se ingiere, no hay evidencia de que envenenaran fuentes enemigas con este hongo, como se ha afirmado.

De acuerdo con los poemas épicos de Homero sobre la legendaria Guerra de Troya, la Iliada y la Odisea, lanzas y flechas eran untadas con veneno. Durante la Primera Guerra Sagrada en Grecia, cerca al 590 a. C., Atenas y la Liga Anfictiónica envenenaron el suministro de agua del asediado pueblo de Crisa (cerca de Delfos) con la planta tóxica eléboro. El comandante romano Manio Aquilio envenenó pozos de ciudades enemigas asediadas alrededor del 130 a. C.

Durante el siglo IV a. C. los arqueros escitas untaban las puntas de sus flechas con veneno de serpiente, sangre humana y heces de animales para causar heridas que se infectaban. Hay otros varios ejemplos del uso de toxinas de plantas, venenos y otras sustancias tóxicas para crear armas biológicas en la antigüedad.

En el 184 a. C., Aníbal de Cartago tenía recipientes de arcilla con serpientes venenosas e instruía a sus soldados para lanzar los recipientes en las cubiertas de los barcos pergaminos. Aproximadamente en el 198 d. C., la ciudad de Hatra (cerca de Mosul, Irak) alejó al ejército romano liderado por Septimio Severo lanzándoles jarrones de arcilla con escorpiones vivos dentro.

Guerra biológica en la edad medieval

Cuando el Imperio Mongol estableció conexiones comerciales y políticas entre las áreas Orientales y Occidentales del mundo, su ejército y caravanas mercantes mongoles probablemente inadvertidamente trajeron la peste bubónica desde Asia central al Medio Oriente y Europa. La peste negra arrasó a través de Eurasia, matando aproximadamente a entre un tercio y la mitad de la población y cambiando el curso de la historia de Asia y Europa.

Durante la Edad Media, víctimas de la peste bubónica fueron usadas para ataques biológicos, a menudo arrojando cadáveres y excremento sobre las paredes de los castillos usando catapultas. En 1346, los cadáveres de guerreros mongoles de la Horda Dorada que murieron de peste fueron lanzados sobre las paredes de la ciudad de Kaffa (hoy Teodosia). Se ha especulado que esta operación puede haber sido responsable de la llegada de la Peste Negra a Europa.

En el asalto de Thun l’Evêque en 1340, durante la Guerra de los Cien Años, los atacantes catapultaban animales en descomposición en el área asaltada.

En 1422, durante el asalto del castillo de Karlstein en Bohemia, atacantes husitas usaron catapultas para arrojar cadáveres (pero no infectados con peste) y 2000 cargas de estiércol sobre las paredes.

El último incidente de usar cadáveres con peste como arma biológica ocurrió en 1710, cuando fuerzas rusas atacaron a los suecos arrojando cadáveres infectados con peste sobre las paredes de la ciudad de Reval (Tallin). Sin embargo, durante el asalto de 1785 de La Calle, fuerzas tunecinas lanzaron ropa contagiada en la ciudad.

Aunque no usado para la guerra, en tiempos antiguos (cerca al 1 d. C.) una forma de ejecución o tortura era atando un cadáver a una persona viva. La persona que cargaba el cadáver se volvía un rechazo social y moría de enfermedades en cerca de una semana.

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