Tal Día como Hoy

Guerra árabe-israelí de 1948

Primera guerra árabe-israelí

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La guerra árabe-israelí de 1948, sucedida desde mayo de 1948 hasta mediados de 1949, fue el primero de una serie de conflictos armados que enfrentaron a Israel y a sus vecinos árabes, en lo que se conoce globalmente como el conflicto árabe-israelí. Para el pueblo palestino esta guerra marcó el comienzo de la Nakba (en árabe النكبة, Catástrofe o Desastre). Para el pueblo israelí fue la guerra de Independencia (hebreo: מלחמת העצמאות) o guerra de Liberación (hebreo: מלחמת השחרור).

Las Naciones Unidas acordaron la partición del Mandato Británico de Palestina en dos estados: uno judío, con el 55 % por ciento del territorio (incluyendo por completo el desierto del Néguev), y otro árabe, con el resto del territorio excepto el área circundante de Jerusalén y Belén, que sería considerada una zona internacionalizada. Esta resolución fue aceptada por los dirigentes judíos, pero rechazada por las organizaciones paramilitares sionistas y por los árabes en su conjunto.​

Dicho mandato expiró el 15 de mayo de 1948. En la tarde del 14 de mayo, David Ben-Gurión proclamó la independencia de Israel en Tel Aviv, y el nuevo estado fue reconocido rápidamente por los Estados Unidos, la Unión Soviética y muchos otros países. El mismo día de la retirada británica de la región, tropas egipcias, iraquíes, libanesas, sirias y transjordanas, apoyadas por voluntarios libios, saudíes y yemeníes, comenzaron la invasión del recién proclamado estado judío.

Tras la derrota del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de las Naciones garantizó a británicos y franceses la administración temporal de las provincias otomanas. Estas regiones, que bajo el dominio otomano se denominaban valiatos, quedaron divididas en mandatos: Francia tomó control de Siria, mientras que el Reino Unido administró los mandatos de Mesopotamia (posteriormente Irak) y de Palestina.

En noviembre de 1917, durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno británico realiza la Declaración Balfour en la que anunció su apoyo al pueblo judío para el establecimiento de un «hogar nacional» en la región de Palestina. El texto traducido de la declaración es el siguiente:

Las fronteras del Mandato Británico de Palestina fueron revisadas repetidamente bajo la dirección de Winston Churchill, posteriormente, se dividió en dos áreas: la parte al este del río Jordán se nombró como Transjordania (renombrada como Jordania en 1950), mientras que el área occidental conservó el nombre de Palestina.

En 1922 la población del mandato (incluyendo Transjordania) estaba conformada por 589 200 musulmanes, 83 000 judíos, 71 500 cristianos y 7600 de otras confesiones. Durante todos estos años, la inmigración judía fue aumentando, en gran parte debido a la persecución que los judíos sufrían en Europa. Esta inmigración, junto con los continuos llamamientos para el establecimiento de un estado judío en Palestina, no fue bien recibida por los árabes.

Bajo el mando de Amin al-Husayni, el gran muftí de Jerusalén, los árabes locales se rebelaron contra los británicos y atacaron repetidamente a la creciente población judía. Estos ataques dieron lugar a diversos disturbios como el motín de Palestina de 1920, el motín de Jaffa de 1921 o el motín palestino de 1929, en el que 135 judíos fueron asesinados en Hebrón y alrededores.

Gran Revuelta Árabe y sus consecuencias

En abril de 1936, los dirigentes árabes en el Mandato Británico de Palestina, encabezados por Amin al-Husayni, declararon una huelga general para protestar contra la inmigración judía. Alrededor de un mes después del inicio de la huelga general, estos dirigentes declararon su negativa a pagar impuestos, como oposición explícita a la inmigración judía, lo que dio comienzo a una insurrección armada. En un principio, dicha insurrección fue esporádica, volviéndose más organizada con el tiempo, y prolongándose hasta 1939. Cuando el orden se estableció en marzo de ese mismo año, más de 5000 árabes, 400 judíos y 200 británicos habían muerto.

Los ataques árabes a la población judía durante esta revuelta tuvieron tres efectos: en primer lugar, dieron lugar a la formación y desarrollo de milicias paramilitares judías de autodefensa como la Haganá, que en la guerra de 1948 resultó ser decisiva. En segundo lugar, cobró fuerza la idea de que ni judíos ni árabes podrían convivir en un mismo estado y la consecuente partición del territorio en dos estados. Por último, los británicos promulgaron el Libro Blanco de 1939, que restringía severamente la inmigración judía, lo que provocó que segmentos de la población judía se radicalizaran y se negaran a colaborar con los británicos.

Ocaso del dominio colonial en la región

Mientras tanto, las naciones árabes comenzaron a deshacerse del dominio colonial. Transjordania, bajo el dominio de la dinastía hachemita de Abdullah, declaró su independencia de Gran Bretaña en 1946. Los británicos pusieron al hermanastro de Abdullah, Faysal, en el trono de Irak. En 1945 Egipto negociaba los términos de su independencia. Líbano sería un estado independiente en 1943, si bien los franceses no retiraron sus tropas hasta 1946, el mismo año que Siria declaró su independencia de Francia.

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181 que ponía fin al Mandato Británico de Palestina y que dividía el territorio en dos estados: uno judío y otro árabe. Jerusalén y Belén, debido a su importancia histórico-religiosa, permanecerían como zona internacional administrada por la ONU. Aunque tanto judíos como árabes criticaron determinados aspectos del plan, pues era territorialmente poco viable para ambos, fue recibido con entusiasmo por la mayoría de la población judía, incluyendo la Agencia Judía. Sin embargo, fue considerado inaceptable por parte de los estados árabes vecinos y de los propios árabes que vivían en Palestina.

La resolución 181 de la ONU otorgó a las aspiraciones sionistas el aval jurídico y la legitimación moral para constituir su propio Estado, pero sin asegurar su realización, ya que en aquel entonces la ONU no contaba con fuerzas armadas para garantizar sus propias decisiones. Tampoco Estados Unidos, que creía ver intenciones filosoviéticas en Ben Gurión y en el Mapai, estaba dispuesto a apoyar el envío de un contingente internacional e incluso embargó la venta de armas a Palestina. Ante el aumento de las tensiones, se llegó a plantear el aplazamiento del Plan. Por su parte, la única potencia colonial en la zona, Reino Unido, se inhibió en la complicada tarea de hacer cumplir el plan de partición e, incluso, en ciertos momentos lo boicoteó, oponiéndose a todo mandato internacional que redujese su influencia en la zona. Todos esos factores, adversos al plan de partición, se unieron a la abierta oposición árabe y arabopalestina, al considerar que la decisión de la ONU era «injusta [e] ilegal», advirtiendo que, de llevarse a cabo, provocaría una guerra.

La URSS fue la única potencia que apoyó decididamente el plan aprobado, oponiéndose a la marcha atrás de Estados Unidos en aquellos meses que transcurrieron entre la resolución de la ONU y el final del mandato británico. La URSS confiaba en poder establecer un Estado satélite en la zona, afín al bloque socialista. En estrecho contacto con la Agencia Judía, impidió que ninguna otra resolución de la Asamblea General se opusiese al Plan de Partición. Andréi Gromiko, al frente de la delegación soviética, declaró el 23 de marzo de 1948: «El único medio de reducir el baño de sangre es la creación rápida y efectiva de dos Estados en Palestina». Para los dirigentes de la Agencia Judía y del yishuv, la creación del Estado no podía depender exclusivamente de la vía diplomática, sino de la firme determinación de los propios sionistas para llevarla a cabo.

En noviembre de 1947, la Haganá contaba con una fuerza móvil, Hish, compuesta por 20 000 soldados y 10 000 reservistas (con edades entre los 18 y 25 años) y una unidad de élite, Palmaj, compuesta por 2100 soldados y 1000 reservistas. Todas estas unidades estaban respaldadas por una fuerza de guardia (Heil Mishmar), compuesta por hombres y mujeres mayores de 25 años. Las fuerzas del yishuv ascendían a cerca 35 000 soldados: de 15 000 a 18 000 soldados de la Haganá más la fuerza de guardia, unos 20 000. Los otros dos grupos clandestinos, Irgún y Lehi, contaban con 2000 y 500 miembros respectivamente, además de aquellos soldados que lucharon en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial y que no sirvieron en ninguna de las milicias sionistas clandestinas, pero que prestaron apoyo logístico durante la guerra.

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