Tal Día como Hoy

Gregorio VII

157.º papa de la Iglesia católica

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Gregorio VII (en latín: Gregorius PP. VII), de nombre secular Hildebrando di Soana (Sovana, c. 1020-Salerno, 25 de mayo de 1085) fue el 157.º papa de la Iglesia católica y regente de los Estados Pontificios, entre 1073 y 1085. Es venerado como santo de la Iglesia católica.

Uno de los grandes papas reformadores, se le recuerda tal vez principalmente por el papel que desempeñó en la Querella de las investiduras, su disputa con el emperador Enrique IV para establecer la primacía de la autoridad papal, y la nueva ley canónica que gobernaba la elección del papa por parte del Colegio Cardenalicio. También estuvo al frente de desarrollos en las relaciones entre el emperador y el papado durante los años previos a su elección como papa. Fue el primer papa en introducir una política de celibato obligatorio para el clero, quienes hasta entonces estaban por lo general casados,​​​y atacó también la práctica de la simonía.

Durante los conflictos de poder entre el papado y el Imperio, Gregorio excomulgó a Enrique IV tres veces, y Enrique nombró al antipapa Clemente III para oponérsele. Si bien Gregorio ha sido alabado como una de los más grandes pontífices romanos cuando sus reformas resultaron exitosas, durante su propio reinado fue criticado por algunos por su uso autocrático de los poderes papales.​

En tiempos posteriores, Gregorio VII se convirtió en un ejemplar de supremacía papal, y su memoria fue invocada en términos positivos y negativos, reflejando la actitud de escritores posteriores hacia la Iglesia católica y el papado. El cardenal Beno de Santi Martino e Silvestro, quien se opuso a Gregorio durante la querella de las investiduras, lo acusó de nigromancia, crueldad, tiranía y blasfemia. Estas acusaciones fueron adoptadas ávidamente por opositores posteriores a la Iglesia católica, como el protestante inglés John Foxe.​

Hildebrando nace en la Toscana, en el seno de una familia de modesta extracción social. Crece en el ámbito de la Iglesia romana al ser confiado a su tío, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, donde hizo los votos monásticos.​

En el año 1045 es nombrado secretario del papa Gregorio VI,​ cargo que ocuparía hasta 1046, en que acompañará a dicho papa a su destierro en Colonia tras ser depuesto en un concilio, celebrado en Sutri, acusado de simonía en su elección.

En 1046, al fallecer Gregorio VI, Hildebrando ingresa como monje en el monasterio de Cluny, donde adquirirá las ideas reformistas que regirán el resto de su vida y que le harán encabezar la conocida Reforma gregoriana.

Hildebrando no regresa a Roma, pero en el año 1049 es requerido por el papa León IX para actuar como legado pontificio, lo que le permitirá conocer los centros de poder de Europa. Además, León lo nombró abad de San Pablo Extramuros. Actuando como legado, se encontraba, en 1056, en la corte alemana, para informar de la elección como papa de Víctor II. Tras la muerte de Esteban IX en 1058 se eligió como sucesor al antipapa Benedicto X. Hildebrando se opuso a esta elección al considerar que se había realizado mediante simonía y logró reuniéndose con los cardenales disidentes en Siena que se eligiese papa a Nicolás II.

En 1059 el papa Nicolás II le nombra cardenal, archidiácono y administrador efectivo de los bienes de la Iglesia, cargo que le llevó a alcanzar tal poder que se llegó a decir que echaba de comer a “su Nicolás como a un asno en el establo”.

Fue enviado a Milán junto a Anselmo da Baggio (el futuro Alejandro II) para apoyar al diácono San Arialdo contra el arzobispo simoníaco Guido da Velate.

Del «siglo oscuro» hacia la hierocracia

Hay que tener en cuenta el conflicto de poderes que se había vivido en el siglo X: dada la influencia que ejercían los obispos sobre la gente de sus diócesis, los reyes pretendían tenerlos como “aliados” (pero desde su punto de vista político). Tener la posibilidad de elegirlos, (entregarles el cargo, es decir, “investirlos”) prácticamente aseguraría su fidelidad.

La Santa Sede fue cayendo en manos de las facciones de condes y príncipes, auténticos clanes nobiliarios. Con el tiempo quedó sometida al tiránico dominio de estas familias, que lograron la elección de pontífices afectos, que fueron, en su mayoría, individuos insignificantes o indignos y que hicieron descender el pontificado a los más bajos niveles que ha conocido en su historia. Así, el siglo X fue el Siglo de hierro o Siglo oscuro de la Iglesia. Durante siglo y medio, desfilaron cerca de cuarenta papas y antipapas, muchos de los cuales tuvieron pontificados efímeros o sufrieron una muerte violenta, sin dejar apenas memoria.

Pero ya en el siglo XI surgía la escolástica, corriente teológico-filosófica dominante que usaba la filosofía para entender la fe (Philosophia ancilla theologiae, es decir, la filosofía es sierva de la teología). La escolástica predominaría en las escuelas catedralicias y en los estudios generales que dieron lugar a las universidades medievales europeas hasta mediados del siglo XV.

El cesaropapismo, que había sido inaugurado por la práctica política de Carlomagno, tendrá que ceder definitivamente ante el peso de la hierocracia, que tiene en Gregorio VII a uno de los teóricos de las máximas formulaciones del poder universal de los sucesores de Pedro.​

Elección papal y el Dictatus Papae

A comienzos del siglo XI, ante un papado impotente ante las facciones nobiliarias, se verificó un auténtico cesaropapismo con el emperador Enrique III (1039-1056), verdadero dispensador de cargos eclesiásticos.​

Tras la muerte de Enrique III surge un movimiento tendiente a liberar al papado del sometimiento al Imperio. En todo el mundo cristiano comienza a reivindicarse la libertad de la Iglesia, principalmente para nombrar sus funcionarios. Se tratará de dignificar la vida moral de los clérigos, condenando la simonía, el nicolaísmo e imponiendo el celibato. Se pretenderá fortalecer la autoridad papal en contra de la voracidad de los príncipes imperiales.

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