Gregorio Salvador Caja (Cúllar, Granada, 11 de julio de 1927 - Madrid, 26 de diciembre de 2020) fue un filólogo, escritor y crítico literario español, especialista en dialectología y lexicografía. Discípulo de Manuel Alvar, colaboró con él en la elaboración del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía. Fue académico de la Real Academia Española, donde ocupó el sillón q desde 1986 hasta 2020.
Era hermano de Antonio Salvador Caja, funcionario socialista encarcelado durante la Guerra Civil, y de Jesús Salvador Bedmar, alcalde de Alcorcón desde 1991 hasta 1999. También era tío del poeta Álvaro Salvador Jofre y del político Luis Salvador.
Su padre, Antonio Salvador Arcas, era natural de Cúllar, entonces llamada Cúllar-Baza, en la provincia de Granada. Había emigrado años antes de su nacimiento a Argentina, donde fundó la ciudad de General Alvear, en la provincia de Mendoza, y desarrolló varios negocios, mientras en paralelo escribía y dirigía una compañía de teatro. Durante la Gran Guerra se arruinó, por lo que en 1919 regresa a Cúllar-Baza y se convierte en secretario del ayuntamiento de dicha localidad. Allí nació Gregorio en 1927.
Al morir su madre cuando tenía seis años, fue a vivir a Pontevedra con su hermano mayor Antonio, que era delegado provincial del Ministerio de Trabajo. En 1936, con el inicio de la Guerra Civil, su hermano fue encarcelado en la isla de San Simón. Su padre y otros dos hermanos habían sido, a su vez, encarcelados en la zona republicana.
Gregorio Salvador pasó los años de la guerra con su cuñada, en Lalín, donde a sus nueve años estaba encargado de cuidar del ganado de la familia. La casa que habitaban contaba con una gran biblioteca, que fue decisiva para que desarrollara su afición por la lectura, a través de los Episodios Nacionales de Galdós y las obras de Pío Baroja. Al finalizar la guerra, pudo volver a Granada, donde prosiguió sus estudios.
Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Granada, cuando todavía era estudiante organizó con otros compañeros el primer homenaje a Federico García Lorca celebrado en la ciudad. Durante los años de licenciatura conoció a Ana Rosa Carazo, compañera de estudios con la que estuvo casado hasta enviudar en 2018. Catedrática de Instituto de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas y poeta, Gregorio Salvador la admiraba especialmente como lectora y crítica literaria.
Se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid en 1953. En los años siguientes, desarrolló, junto a Manuel Alvar y Antonio Llorente, el trabajo de campo necesario para la elaboración del Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía. El Atlas requirió visitar más de 300 localidades andaluzas. En cada una de ellas se informaba a las autoridades de su llegada, se localizaba a un informante, preferiblemente analfabeto, que cumpliera una serie de requisitos y se realizaba un cuestionario para recoger una serie de palabras y sus usos. Algunos de estos pueblos estaban aislados, sin carreteras, y en algún caso extremo Gregorio Salvador solo pudo llegar a su destino a lomos de un burro.
Si Alvar fue su mentor intelectual, durante la preparación del Atlas encontró a su mentor espiritual, Curro el Pilaro, al que entrevistó durante tres días en Facinas, una pedanía de Tarifa. En palabras de Gregorio Salvador, «Lo llamaban Curro el Pilaro, tendría 60 años y me hizo ser quien soy». «Mirando mis papeles, lo que había escrito en el cuestionario, me dijo esto: No se desinquiete, maestro, que todas esas cosas que tiene apuntás las tengo yo en mi cabeza y cada una jalará de la que tenga que jalar. Me estaba descubriendo el principio saussiriano de la lingüística, la red de relaciones que sostiene lo que llamamos idioma».
El Atlas se inscribe en la línea dialectológica marcada en otros países, como Alemania, donde se habían empezado a realizar atlas regionales. Se convirtió en una obra de referencia por sus soluciones innovadoras, como la inclusión de mujeres como informantes y de ciudades en su red de encuesta. La mayor parte de atlas anteriores se circunscribían al ámbito rural y apenas contaban con mujeres en los cuestionarios. A partir de los datos del Atlas Gregorio Salvador fue pionero en la publicación de trabajos que comparaban el habla masculina y la femenina, como por ejemplo con Fonética masculina y fonética femenina en el habla de Vertientes y Tarifa (1952). Los autores del Atlas concluyeron de que las mujeres tienden a adoptar variantes más rurales y conservadoras, pero no siempre, puesto que en ocasiones la dinámica interna se impone a las influencias externas. Las mujeres urbanas son proclives por su parte a adoptar variantes que perciben normativas y de prestigio.
En 1959 ganó por oposición la cátedra de Lengua y Literatura Españolas de Instituto, desempeñando la labor docente en Cartagena, Algeciras y Astorga. De Algeciras fue obligado a desplazarse forzosamente a Astorga por desencuentros con el obispado de Cádiz, en particular con el obispo Añoveros. El traslado a Astorga fue decisivo en su carrera porque le permitió convertirse en director de instituto y optar a estancias en Estados Unidos. Desde su cátedra de Gramática Histórica, obtenida en 1966 en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, introdujo en España el pensamiento de Eugenio Coseriu y Bernard Pottier, principales figuras en el ámbito de la semántica estructural. Fue decano de esta facultad desde 1967 hasta 1974. Allí creó una fértil escuela de estudios semánticos estructuralistas, conocida como la «Escuela Semántica de La Laguna». Ejerció como profesor visitante en la Universidad de Maryland, en El Colegio de México y en la Universidad de Buenos Aires. A partir de 1975, continuó su magisterio en la Facultad de Letras de la Universidad de Granada y, en 1979, recaló en la Universidad Autónoma de Madrid. En 1980 alcanzó la cátedra de Lengua Española de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid donde, tras su jubilación, fue nombrado catedrático emérito.
Fue un crítico literario de reconocido prestigio. Publicó estudios literarios sobre poetas como Federico García Lorca, Blas de Otero, Miguel Hernández, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Defendió la validez de las teorías del círculo lingüístico de Copenhague, cuyo método de análisis siguió en sus trabajos.
En junio de 1986 fue elegido para ocupar el sillón q de la Real Academia Española, e ingresó en febrero de 1987 con un discurso acerca de la mencionada letra, considerado por el experto Pedro Álvarez de Miranda «una pieza magistral, como salida de la pluma de un verdadero maestro de la prosa».
En la RAE colaboró en la preparación de la vigésimo primera edición del diccionario académico (1992) y se encargó de la preparación de la vigésimo segunda (2001). Fue bibliotecario de la institución desde 1990 hasta 1998 y vicedirector de la Real Academia desde diciembre de 1999, cuando sustituyó a Ángel Martín Municio, hasta diciembre de 2007, cuando fue sustituido por José Antonio Pascual. No podía volver a presentarse, dado que los estatutos de la Real Academia Española no permiten que un hombre mayor de ochenta años se presente a cargo alguno. Al fallecer, era el primer académico en el escalafón de la RAE, con 2.385 asistencias acumuladas a los plenos de la institución.
Falleció a los noventa y tres años de edad, en su apartamento de Madrid, en la calle Santa Cruz de Marcenado, número 4, mientras leía.
Salvador expresó en múltiples ocasiones su desacuerdo con la política educativa y lingüística que se realizó en España desde la Transición Española. Publicó varios artículos y libros denunciando los problemas de la enseñanza española, hecho que se acentuó, a su juicio, desde la implantación de la LOGSE. Salvador criticó las reformas educativas de PP y PSOE por considerarlas insuficientes y agravar los problemas existentes.
El académico no creía que la finalidad de la lengua fuese la de crear identidad, sino comunicarse con el mayor número de personas posible. De ahí que sostuviera que los nacionalistas debían fijarse en otros aspectos si pretendían diferenciarse, ya que su posición era contraproducente y únicamente los perjudicaría a largo plazo. Con todo, bajo el prisma de estos movimientos los idiomas «suelen trocarse, (...) intencionadamente, en símbolos y, convertido en símbolo el instrumento, resulta fácil humanizarlo» y convertirlo en arma. Sin embargo, desde su perspectiva, «la guerra es afición de los hombres, no asunto de las lenguas». Como ejemplo, Salvador esgrimió que una de las grandes desgracias de muchos países africanos fue la incomunicación de gran parte de sus habitantes, los cuales no hablan las lenguas mayoritarias, lo que origina que sólo el grupo que domine esa lengua (generalmente francés o inglés) acceda a posiciones dominantes.