Gino Germani (Roma, 4 de febrero de 1911-Roma, 2 de octubre de 1979) fue un sociólogo, precursor y referente de la sociología argentina y latinoamericana.
Los primeros años: Roma (1911-1934)
Gino Germani nació en la ciudad de Roma, Italia, en 1911. Se crio en el corazón de la Roma antigua, en el seno de la familia “más pobre de un barrio de clase media”. Su padre, Luigi, era sastre de profesión y viejo militante del partido socialista y su madre, Pasqualina Catalini, de origen campesino, “católica y muy trabajadora”. Desde edad muy temprana se sintió interesado por la literatura y la política. Cuando el régimen fascista de Mussolini estaba plenamente instalado en el gobierno italiano, Germani era un joven estudiante de secundario que colaboraba con pequeños grupos antifascistas.
En marzo de 1930, fue sorprendido públicamente junto con otras ocho personas distribuyendo folletos que convocaban a una manifestación en contra de la desocupación y los impuestos. Fue apresado por la Policía Política y condenado a 4 años de confinamiento en la Isla de Ponza. Por intermediación de familiares y amigos, logró que se le reduzca la pena, y tras sólo unos pocos meses de confino, recuperó la libertad, aunque en un modo extremadamente precario, bajo la figura del “amonestado político”. Como tal, se encontraba permanentemente vigilado por la policía y con serias dificultades para conseguir un empleo. Con todo, para 1932 logró terminar sus estudios secundarios y comienza la carrera de Economía y Comercio en la Universidad de Roma.
Dentro de la familia Germani, por entonces muy agobiada por las dificultades económicas y con un hijo viviendo bajo el yugo de la constante amenaza de volver a ser encarcelado, comenzó a germinar la idea de “hacerse la América”, como lo habían hecho ya hacía tiempo parientes radicados al otro lado del Océano Atlántico. Con la muerte de Luigi Germani, padre de Gino, en 1931, “esta fantasía se vuelve una trágica necesidad”. Es así como su madre inició las gestiones para obtener un permiso para que se le permita a su hijo exiliarse en Buenos Aires, donde se encontraban instaladas sus hermanas hacía un tiempo. Este permiso, luego de un largo proceso burocrático, fue finalmente otorgado en 1934. En dicho año Germani se embarcó hacia “la América” no sólo con sus pocas pertenencias, sino, sobre todo, con la experiencia visceral del totalitarismo, que lo acompañará por el resto de su vida.
El primer exilio: Argentina (1934-1966)
Al poco tiempo de llegar a Buenos Aires comenzó a relacionarse con los círculos antifascistas de la época, contribuyendo en varias oportunidades en sus periódicos. Se destacan sus contribuciones en L’Italia del Popolo, Italia Libre y La Nuova Patria, publicaciones de carácter republicano y liberal afines al socialismo democrático. En 1937 ingresó al Ministerio de Agricultura a trabajar en una oficina que se ocupaba de elaborar estadísticas sobre el Mercado Consignatario de Yerba Mate, donde se desempeñó hasta 1949. Ese mismo año se inscribió en la carrera de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
A partir de la década del cuarenta, Germani comenzó a colaborar con el Instituto de Sociología dirigido por Ricardo Levene. Asimismo, contribuyó con las editoriales Abril (fundada en 1941 por los italianos Cesare Civita, Paolo Terni y Alberto Levi, y a la que pronto se sumará Boris Spivacow) y Paidós (fundada en 1944 por Jaime Bernstein y Enrique Butelman). Estas participaciones inauguraron una faceta importante de su vida profesional como editor, traductor, autor, entre otras actividades relacionadas con el mundo editorial. Cabe destacar la empresa en la que se vieron envueltos Germani y Butelman, entre 1948 y 1951, cuando llevaron adelante una sección titulada “El psicoanálisis le ayudará” en la revista Idilio, dirigida al público femenino y publicada por la editorial Abril. Allí, bajo el seudónimo de “Richard Rest” ofrecían interpretaciones de los sueños de sus lectoras junto a fotomontajes especialmente preparados por la artista Grete Stern. Paralelamente, participa en las reuniones preparatorias del IV Censo Nacional que se llevará a cabo en 1947.
Durante los diez años que duró el gobierno peronista (1945-1955), Germani participó activamente en el Colegio Libre de Estudios Superiores, convocando a figuras de la talla de Ernesto Sábato y Jorge Sábato o Jorge Luis Borges, entre otros. No obstante, durante ese tiempo, asistió y presentó trabajos en diferentes encuentros académicos en el país (Primera Reunión Nacional de Sociología, 1950, II Congreso Regional de Planificación Integral, 1950, Primer Congreso Latinoamericano de Sociología, 1951), y participó de actividades de investigación en la Universidad Nacional de Tucumán (1950- 1952), y en el propio Instituto de Sociología de Buenos Aires (1952- 1954). Además se presentó a tres concursos universitarios, dos en la UBA (1946 y 1949) y otro en Tucumán (1947), aunque no obtuvo ninguno de los cargos a los que se postuló.
Con el derrocamiento del gobierno democrático de Juan Domingo Perón, a manos de la autoproclamada “Revolución Libertadora”, la UBA sería intervenida.
El nuevo rector interventor, José Luis Romero, viejo conocido de Germani, le confía la organización de la carrera de Sociología y la reorganización del Instituto de Sociología, tareas que terminan por institucionalizarse entre los años 1955-1957. [cita requerida]De allí en más, su nombre y su proyecto de la “sociología científica” tomarán la primera plana de la “sociología argentina”, ensalzados por sus seguidores al tiempo que cuestionados por sus detractores.
Para los años 1962-1963 comienzan a resquebrajarse sus mayores alianzas internas, el movimiento estudiantil y la elite universitaria que conducía la UBA. Por entonces, Germani comienza a participar en el recién creado Centro de Sociología Comparada del Instituto Torcuato Di Tella, en el cual Germani toma un rol preponderante.
El segundo exilio: Harvard (1965-1975)
En 1965 se concreta su segundo exilio. Las razones de este viaje son varias, pero se pueden resumir en que el clima político-ideológico en Argentina, a nivel nacional y a nivel universitario, no era el adecuado para proseguir allí con sus tareas de enseñanza e investigación.[cita requerida] Previamente, durante el primer lustro de la década del sesenta, en un contexto de creciente agitación social y política, tanto su proyecto de una “sociología científica” como sus posiciones políticas habían sido (y seguirán siéndolo más tarde) objeto de numerosas críticas. Estas provenían, en su mayoría, del seno íntimo de la carrera de sociología que había sabido fundar, de parte de sus propios docentes y estudiantes, muchas y muchos de ellos discípulos suyos, entre cuyos nombres más rutilantes se encontraban los de Eliseo Verón, Miguel Murmis, Silvia Sigal, Juan Carlos Marín.
Entre 1962 y 1965 su posición antifascista y antiautoritaria le valió críticas provenientes de los más diversos sectores. Por un lado, fue acusado de “imperialista” por los sectores más de izquierda, quienes a su vez criticaron su concepción “cientificista” de la sociología y le endilgaron el mote de “importador del estructural-funcionalismo”. Algo paradójicamente, por otro lado, fue acusado por sectores de la derecha católica de “agente del comunismo internacional” o de ser partícipe de una “conspiración judía y anticatólica”. Según recuerda Elizabeth Jelin, exalumna y colaboradora de Germani, a principios de los años sesenta “había muchos más ataques de la derecha que de la izquierda. Cabildo y Azul y Blanco [dos revistas de orientación ultranacionalista y ultracatólica que operaban a favor de las Fuerzas Armadas] nos acusaban de vendepatrias, de pertenecer a la sinarquía internacional, de sionistas, de comunistas”.
En aquel marco, la hostilidad desde estos sectores hacia el propio Germani fue en aumento: la SIDE [Secretaría de Inteligencia del Estado] preparó un informe sobre Germani destacando su “peligrosidad ideológica” por ser consideradas sus ideas “atentatorias contra el ser nacional”, al tiempo que recibió en su propio domicilio amenazas en forma de panfletos. Las denuncias y rumores también alertaron a la Rockefeller Foundation, institución que, en el marco del financiamiento de proyectos dirigidos por Germani indagó, reiteradamente, acerca de su veracidad. Según Joseph Kahl, Germani solía comentar, en tono sarcástico: “Los domingos, hasta los sacerdotes pronunciaban sermones contra nosotros”.