Tal Día como Hoy

Germanías

Revuelta popular a comienzos del siglo XVI

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Se conoce con el nombre de rebelión de las Germanías a los conflictos que se produjeron en el reino de Valencia, entre 1519 y 1522, y en el reino de Mallorca, entre 1520 y 1523, a comienzos del reinado de Carlos I, sin conexión directa entre ellos, excepto en el nombre. Tuvieron lugar paralelamente a la rebelión de las Comunidades de Castilla (1520-1522).​

Según Miguel José Deyá Bauzá, de la Universidad de las Islas Baleares, «el primer rasgo a destacar de las Germanías es el protagonismo de las clases populares urbanas, a las cuales se suman después —sobre todo en el caso mallorquín— los sectores menos afortunados de los campesinos. Parece claro que las Germanías forman parte de uno de los últimos capítulos de la crisis del municipio bajomedieval».​

El beneficio del crecimiento económico que había experimentado el reino de Valencia y especialmente su capital en el siglo XV no había alcanzado al poble menut (las clases populares), excluido del gobierno de la ciudad ya que sus seis jurados eran monopolizados por el patriciado urbano (cuatro) y por la pequeña nobleza de los cavallers i generosos, (dos), así como el resto de cargos del municipio. Además, los artesanos, el grueso del poble menut, estaban sufriendo la competencia de las mercancías importadas por las compañías extranjeras establecidas en la urbe y, sobre todo, de los productos elaborados por trabajadores no integrados en el sistema gremial, ya de por sí en crisis por el excesivo número de maestros,​ por encargo de comerciantes-empresarios.​ De la competencia de estos últimos se quejaron al rey Fernando el Católico los gremios de pelaires y de tejedores en las Cortes de 1510. En el memorial que presentaron decían:​

El principal portavoz de estas reivindicaciones era el paraire Joan Llorenç —líder inicial de la Germania— quien pedía que los artesanos pudieran ser jurados, poniendo como modelo las comunas italianas como la de Génova o la de Venecia (que «València haja de ser comuna, així com Venecia», parece que dijo según un cronista[¿quién?]). La idea no era nueva y es posible que Llorenç la sacara del tomo doce de Lo Crestià de Francesc Eiximenis en el que este afirmaba (en valenciano) que «de aquí en adelante no habrá reyes, ni duques, ni condes, ni nobles, ni grandes señores, sino que de aquí al fin del mundo reinará por todo el mundo la justicia popular, y todo el mundo por consiguiente será partido en comunas, así como hoy se rigen Florencia y Roma y Pisa y Siena y otras ciudades de Italia y de Alemania» —de hecho se ha constatado que algunos agerrmants poseían ejemplares de obras de Eiximenis—.​​ Lejos de cualquier «republicanismo», lo que Llorens pretendía con la entrada de los artesanos en los jurados era, como le escribió en una carta a Guillem Sorolla, otro de los futuros líderes de la Germanía, reformar el mal govern (mal gobierno) de los jurados y de los oficiales reales.​ De hecho los jurados se estaban resistiendo a cumplir la orden del rey Fernando el Católico de 1515 de armar a los gremios para hacer frente a la piratería berberisca ya que armar al poble menut representaba una amenaza todavía mayor para las clases dirigentes, temor que se acabaría cumpliendo con la revuelta de las Germanías.​​

Creación de la Germania e inicios de la rebelión

En 1519 se produjo un brote de peste negra en Valencia que provocó que parte de las autoridades abandonaran la ciudad para evitar el contagio. Coincidió con una crisis de subsistencias, originada por las lluvias y la riada de 1517, y con la amenaza de un posible ataque de los piratas berberiscos, cuyas incursiones en el litoral valenciano eran muy frecuentes. Para hacerles frente se ordenó armar a los gremios (ratificando una orden del rey Fernando II el Católico de 1515), oportunidad que estos aprovecharon para plantear una vieja reivindicación: entrar en el gobierno de la ciudad, monopolizado por el patriciado urbano, que contaba con cuatro jurados, y por la pequeña nobleza (caballeros y generosos), que tenían dos.​​ Como respuesta al motín que se produjo el 7 de agosto durante el cual la Catedral fue asaltada para apresar a un sodomita, posteriormente ejecutado, el gobernador de Valencia prohibió las reuniones y los desfiles, y los gremios respondieron con la formación el 29 de septiembre de la Germania ('Hermandad').​

Para conseguir el reconocimiento de la Germanía por el rey Carlos I —que había accedido al trono de la monarquía hispánica tres años antes, tras la muerte de su abuelo Fernando el Católico— una comisión de agermanados, compuesta por Joan Llorenç, Guillem Sorolla, Joan Caro y Joan Coll se desplazó a Molins de Rei donde se encontraba entonces el joven monarca (tenía 19 años). Este los recibió el 4 de noviembre y el 25 decidió legalizar la Germanía a cambio de que el braç real (los representantes de las ciudades y villas de realengo) aceptara la jura de los Fueros de Valencia, obligatoria para todo monarca que iniciara su reinado, por delegación, sin necesidad de desplazarse a Valencia. En su decisión influyó que en aquel momento Carlos estaba más interesado en su prevista elección en Aquisgrán como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Tras este reconocimiento se procedió a organizar la Germania que sería presidida por la Junta dels Tretze ('Junta de los Trece', a imitación del Consejo de los Diez de la República de Venecia, según un cronista),​ formada por trece síndicos de los gremios elegidos por sorteo y con mandato anual («aquestos tretze vingueren a tenir lo mando de tota València», escribió un cronista). Sin embargo, el 4 de enero el rey dio marcha atrás, haciendo caso a las demandas de la nobleza y del patriciado urbano que le pedían la disolución de la Germanía —y también que el rey fuera a Valencia para jurar en persona los fueros— y tras recibir los informes desfavorables a los agermanados de las dos personas que había enviado a Valencia para que gestionaran su juramento de los fueros por delegación. La Junta del Tretze protestó y el rey Carlos, que tenía urgencia de desplazarse a Alemania donde esperaba ser coronado emperador (lo sería el 20 de octubre), acabó transigiendo y envió a Valencia a uno de sus principales consejeros Adriano de Utrech —también con el propósito de que fuera él quien jurara los fueros en su nombre—.​

Adriano de Utrecht se entrevistó con la Junta dels Tretze pero no se comprometió a nada, interesado sobre todo en ganar tiempo. Los Tretze exigieron que fuera nombrado un jurado representando a los gremios, pero la decisión del rey fue enviar una lista de la ceda (el procedimiento establecido desde hacía un siglo para nombrar a los seis jurados, cuatro ciudadanos y dos de la pequeña nobleza) acompañada del nombramiento como virrey de Valencia del noble castellano Diego Hurtado de Mendoza (un «extranjero», protestaron los Tretze) a quien Carlos I le había encargado la triple misión de obtener el juramento del braç real, imponer la ceda y disolver la Junta dels Tretze. La respuesta de los agermanados fue la resistencia, que derivó en abierta rebelión. Las unidades militares de la Germania, organizadas unos meses antes (con su capitán general, coroneles y capitanes), tomaron las calles de Valencia a finales de mayo y consiguieron que el Consejo General eligiera dos jurados populares (un cirujano y un velluter ['terciopelero']). El virrey Hurtado de Mendoza, apoyado por la nobleza, intentó anular la elección y disolver la Germanía pero se vio obligado a huir de la ciudad, refugiándose a principios de junio en Játiva, donde se negó a recibir una embajada enviada por los Tretze, quienes acabaron ocupando todos los cargos de la ciudad, incluido el Racional para Joan Caro.​​

Mientras tanto, enviados de la Germanía, alegando que había sido autorizada por el rey, habían ido extendiendo la rebelión por otras localidades del reino, donde se constituyeron sus propias Germaníes, presididas por juntas formadas por trece miembros subordinadas a la del cap i casal. Las que eran de señorío (laico o eclesiástico) adoptaron un programa antifeudal más radical.​​​​ En estas zonas rurales el protagonismo inicial lo desempeñaron los labradores acomodados, deseosos de liberarse o al menos recortar el poder señorial,​ pero pronto se vieron desbordados, como sucedería en los núcleos urbanos, por los sectores más radicales, que demandaban la abolición de todas las rentas y que se dedicaron al saqueo de las tierras señoriales y al bautismo forzoso de sus vasallos mudéjares. Este fue otro factor que explica el alineamiento sin fisuras de la nobleza valenciana, encabezada por el duque de Gandía y el conde de Oliva, con el bando realista.​

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