Tal Día como Hoy

Genocidio de Ruanda

Exterminio de la población tutsi de Ruanda en 1994

Anúncio

El genocidio de Ruanda fue un intento de exterminio de la población tutsi ejecutada por el gobierno y la población hutu de Ruanda entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994, en el que se asesinó aproximadamente al 70% de los tutsis. Se calcula que entre 500 000 y 1 000 000 de personas fueron asesinadas.​ La violencia sexual fue generalizada; se cree que fueron violadas entre 250 000 a 500 000 mujeres durante el genocidio.​

Los asesinatos masivos se iniciaron tras el atentado del 6 de abril de 1994 contra el presidente ruandés Juvénal Habyarimana y el presidente burundés Cyprien Ntaryamira, ambos hutu, quienes murieron luego de que el avión en el que viajaran fuera derribado por misiles lanzados desde tierra.

Las teorías sobre quiénes fueron los autores de dicho ataque son aún controvertidas y no están del todo claras. En cualquier caso, inmediatamente después del siniestro los radicales hutus se hicieron con el poder, asesinando a la primera ministra Agathe Uwilingiyimana y comenzando la masacre, lo que culminó con el asesinato de cientos de miles de tutsis así como de hutus moderados, quienes estaban en contra del extremismo étnico. El genocidio continuó durante los siguientes tres meses hasta que el 15 de julio el Frente Patriótico Ruandés conquistó la capital Kigali, obligando al gobierno hutu radical a huir del país en dirección a Zaire seguido de al menos dos millones de hutus desplazados.

En Ruanda, a partir del siglo XIX, el gobierno colonial belga estableció un sistema social racista, para el que se utilizó una antigua distinción dentro de la etnia banyarruanda del pueblo bantú, a la que pertenece casi toda la población, organizándose institucionalmente como castas, aun cuando no existía ningún rasgo étnico ni lingüístico específico que las diferenciara: la minoría tutsi (15 %) fue establecida como casta dominante y la mayoría hutu (85 %) como casta subordinada. La subordinación de la mayoría hutu a la minoría tutsi, en el marco de un orden colonial, exacerbó las diferencias y la división social dentro de la sociedad ruandesa.

Antes de la independencia y durante el dominio de Bélgica, el país y sus instituciones estuvieron dominadas por los belgas, quienes impusieron el dominio de la minoría tutsi. No obstante, en 1961 Ruanda declaró su independencia y abolió la monarquía, constituyéndose como república. A pesar de esto, y lejos de eliminar el dominio de las castas, en su lugar habilitó el predominio de la mayoría hutu. Finalmente, luego del genocidio en 1994, ambas castas fueron oficialmente eliminadas.

Las potencias coloniales y la Iglesia católica han sido cuestionadas por haber impuesto y tolerado un sistema colonial que promovió la división de la población en castas. Asimismo, la ONU y las potencias occidentales ha sido cuestionadas por haber mantenido una postura pasiva durante la matanza.​​

Ruanda antes de la independencia, y origen de los grupos tutsi, hutu y twa

Entre el 8000 y 3000 a. C los twa o batwa, un grupo aborigen de cazadores-recolectores pigmeos, penetraron en las montañas boscosas de Ruanda y se instalaron allí de manera permanente.​​ Más tarde, entre el 700 a. C y el 1500 d. C, grupos bantú llegaron al actual territorio de Ruanda y comenzaron a crear tierras de cultivo.​​ Los historiadores tienen diferentes teorías sobre la naturaleza de las migraciones bantú: una teoría es que los primeros pobladores eran hutu, mientras que los tutsi llegaron más tarde, formando un grupo racial diferenciado.​ Una teoría alternativa sería que la inmigración se produjo de forma lenta a lo largo del tiempo desde regiones limítrofes, con los nuevos grupos siendo genéticamente muy similares a los ya asentados,​ integrándose en ellos en lugar de conquistarlos.​ Según esta teoría la distinción entre hutu y tutsi llegó más tarde y no como una racial, sino de clase o casta, en la que los tutsi pastoreaban el ganado mientras los hutu cultivaban la tierra.​​ Los hutu, tutsi y twa tienen un idioma común.

A pesar del dominio de los tutsis, las diferencias socioeconómicas no eran muy pronunciadas. Aunque el pertenecer a uno u otro estamento definía el estatus social, un hutu podía ascender de clase si poseía las suficientes propiedades; sin embargo, ya había comenzado una relación de vasallaje dominada por la casta menos significativa en la zona, los tutsis, con un 14 % de la población.

La población fue fusionándose, primero en clanes y más tarde en reinos. Hacia el siglo XIX, los reyes tutsis habían afianzado su dominio. Para entonces el clan real nyiginya dominaba todo el país, lo que originó una casta militar y social compuesta por tutsis y que excluía a la mayoría de la etnia hutu. Fue en este siglo, a raíz de estas circunstancias, cuando se creó una estructura socioeconómica clasista que aumentaría durante ese siglo a causa de la colonización europea, alemana en primer lugar de 1897 a 1916 y luego belga. Con el efímero colonialismo alemán y más tarde bajo el colonialismo belga, surgieron nuevas fuentes de poder y de privilegio vinculadas con el ejercicio del dominio colonial y en el beneficio de personas tutsis. La administración belga, a partir del prejuicio de que los tutsis eran más similares a los europeos [sic], instituyó un rígido sistema de clasificación étnica, basado entre otras cosas en la medición de la nariz y del cráneo –lo que dio origen al mito de asociar ciertas características físicas con un grupo específico–.​

La influencia occidental a través de la introducción artificial por parte de Bélgica de un carné étnico en 1934, otorgaba a los tutsis un mayor nivel social y mejores puestos en la administración colonial, lo que acabó institucionalizando definitivamente las diferencias sociales.​​​ Mientras tanto, los pigmeos twas gozaron de un relativo buen trato por parte de la casta tutsi, que consideraba a los cazadores de las montañas por encima de los hutus en la pirámide social.

Con la colonización belga, el sistema sociopolítico se reforzó a favor del estamento dominante: los tutsis. La necesidad de una expansión colonial consensuada dividió el continente africano en zonas dominadas por los países europeos, que reforzaron a unos grupos u otros dependiendo de sus intereses. Cuando la administración belga consideró que las reivindicaciones tutsis eran desmesuradas, cambió de comportamiento y comenzó a apoyar a la mayoría hutu. Finalmente, la rivalidad entre los dos grupos se agudizó con la creación, por iniciativa belga, de varios partidos políticos sobre bases étnicas: la Unión Nacional Ruandesa (UNR), de tendencia antihutu, la Unión Democrática Ruandesa (RADER), el Partido del Movimiento de Emancipación Hutu (PARMEHUTU) y la Avocación para la Promoción Social de las Masas (APROSOMA) de orientación antitutsi. De igual manera, se debe resaltar el papel de los misioneros europeos por legitimar el sistema social y la dominación colonial, con nuevas normas que limitaban el comportamiento injusto y la explotación de unos por parte de otros.

Durante el colonialismo se introdujo la religión cristiana, se impuso el individualismo mercantil y se dividió a la sociedad en clases, con el objetivo de eliminar todas las uniones entre los ruandeses para introducir de manera eficaz el sistema capitalista y lograr su pleno desarrollo en esta parte del continente africano.​

Revolución y relaciones entre hutus y tutsis tras la independencia

En 1958, después de que un grupo hutu redactara un manifiesto reclamando un cambio social, desde la corte real se respondió con un documento que, entre otras cosas, decía lo siguiente:

Frente a esta posición de los gobernantes tutsis, se posicionaron personas como el obispo Perraudin, que fue determinante en el proceso de emancipación hutu. En su carta pastoral del 11 de febrero de 1959, lo manifestó claramente:

Este es quizá el punto de escisión histórico más importante. A partir de aquí los hutus comienzan a intentar socavar el poder de los tutsis para llegar a un mejor reparto de la riqueza. Un incidente el 1 de noviembre de 1959 entre jóvenes tutsis y uno de los líderes hutus se convirtió en la chispa de una revuelta popular, en la cual los hutus quemaron propiedades tutsis y asesinaron a varios de sus propietarios. La administración belga, durante dos años de enfrentamientos de bajo nivel entre unos y otros, contabilizó un total de 74 muertos, de los cuales, 61 eran hutus asesinados por nuevas milicias tutsis que pretendían acabar con el movimiento revolucionario, el cual respondió con más fuerza ante la represión y durante los dos años siguientes, alrededor de 20 000 tutsis murieron asesinados. Ante esta espiral de violencia, el 31 de mayo de 1961 la ONU proclamó una amnistía tras comprobar que los enfrentamientos se agravaban y la mayoría hutu ya había provocado el exilio de unos 150 000 tutsis. Aquel mismo año, Ruanda, liderada por la población hutu, se independiza de Bélgica. Este momento fue aprovechado por la ONU para exigir la organización de un referéndum bajo la vigilancia de observadores. El resultado fue de un 80 % del NO a la continuidad de la monarquía tutsi, lo que obligó a los gobernantes a aceptar la república, provocando el exilio de miles de tutsis partidarios del sistema vigente monárquico y contrarios a conceder el poder a los hutus. Los exiliados, de corta edad de aquel momento, con el paso de los años, se llegarían a convertir en los fundadores del Frente Patriótico Ruandés, que ocuparía un lugar importante en la guerra de Ruanda de 1990 hasta 1994.

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Genocidio de Ruanda | World in Stories