Tal Día como Hoy

Galo Plaza Lasso

Presidente de la República del Ecuador (1948 - 1952)

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Galo Lincoln Plaza Lasso de la Vega (Nueva York, 17 de febrero de 1906-Quito, 28 de enero de 1987) fue un político y diplomático ecuatoriano, presidente de la República del Ecuador entre el 1 de septiembre de 1948 y el 31 de agosto de 1952 y secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) desde 1968 a 1975. Fue además alcalde de Quito en 1937, embajador del Ecuador en los Estados Unidos de 1944 a 1946 y firmante de la carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945.

Nació en Nueva York en 1906 durante el exilio de su padre, el general y expresidente Leonidas Plaza Gutiérrez. Su madre fue Avelina Lasso de la Vega y Ascázubi.

Heredero de dos de las familias más opulentas del país, fue propietario de extensos latifundios en la Sierra ecuatoriana, entre estos la Hacienda Zuleta, en la provincia de Imbabura, en donde pasó buena parte de su vida y fue conocido por los indígenas como Patrón Galito. Políticamente, fue adversario del presidente José María Velasco Ibarra.

El 7 de marzo de 1933, contrajo matrimonio con Rosario Pallares Zaldumbide,​ con quien tendría seis hijos, cinco mujeres y un varón:​​​

Elsa Plaza Pallares, casada con Ricardo Crespo Zaldumbide. Con descendencia.

Luz Avelina Plaza Pallares, casada con Manuel Polanco, Con descendencia.

Rosario Plaza Pallares, casada con Patricio Álvarez Drouet. Con descendencia.

Galo Plaza Pallares, casado con María del Rosario Gómez de la Torre y Arteta. Con descendencia.

Marcela Plaza Pallares, casada con Mario Zambrano Iturralde. Con descendencia.

Diana Margarita Plaza Pallares, casada con Álvaro Ponce Almeida. Con descendencia.

Hubo dos pasatiempos que ocuparon la vida y la pasión de Galo Plaza Lasso: los deportes y los toros. Sobre el primero, desde su juventud practicó muchos deportes en la escuela y el colegio, desde el fútbol cuando jugaba en el Club Benalcázar hasta los deportes olímpicos por lo que cooperó para que se construya el estadio Olímpico Atahualpa, y el fútbol americano que practicó durante sus estudios universitarios en Estados Unidos. También fue dirigente deportivo. Por otro lado, su afición por los toros lo motivó a impulsar la construcción de una plaza de toros. Era asiduo espectador de las corridas desde las pequeñas realizadas en el campo y su hacienda como en la ciudad durante las fiestas de Quito.​

Debido a que fue hijo de Plaza, la política formó parte de su vida desde temprana edad, de manera indirecta. Cuando era joven, al ver las experiencias de su padre en la política buscaba mantenerse al margen puesto que lo consideraba como «un deporte de golpes bajos». Años más tarde, se iniciaría en la política a los treinta años como concejal, y posteriormente como presidente del Consejo Municipal de Quito. Posteriormente fue nombrado por Aurelio Mosquera Narváez Ministro de Defensa, teniendo un papel decisivo en la disolución de la nueva Constitución no promulgada en 1938. Fue elegido diputado por Pichincha en 1946, puesto que lo llevó a la presidencia. Al terminar su mandato fue enviado de las Naciones Unidas para mediar los conflictos en África y Chipre. Fue candidato presidencial por el Partido Liberal en las Elecciones presidenciales de Ecuador de 1960 perdiendo ante Velasco Ibarra. Su cargo más importante fue asumir la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos en el año 1968.

Cuando llegó a la presidencia, ceñiría en la sesión solemne del Congreso, la misma banda que había usado su papá, Leonidas. Durante su discurso de posesión afirmaría:Pienso que el concepto «democracia» ha insurgido en el mundo de posguerra como un planteamiento liberal de avanzada, en cuanto ha hallado y se dispone a continuar hallando soluciones prácticas y vigorosas para el mejor entendimiento humano, singularmente en el campo de la economía social y en los primeros pasos hacia una paz durable entre pueblos y naciones. Creo sinceramente que el Ecuador necesita remozar el espíritu liberal, dar impulso y energía permanente a los postulados esenciales del liberalismo, e imprimirles una dirección firme hacia la justicia social.Plaza fue un gobernante conciliador en lo político y desarrollista en lo económico. Contó en el Congreso con el apoyo de los liberales. A la mitad del período ejecutivo llamó a los socialistas a colaborar en su Gabinete. Carlos Cueva Tamariz ocupó la cartera de Educación y el liberal Andrés F. Córdova, la de Gobierno. Respetó la separación de la Iglesia y el Estado, abrió las puertas a las misiones protestantes y profesionalizó la burocracia con la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa. Los conservadores y velasquistas y la Concentración de Fuerzas Populares (C. F. P.), partido populista recién fundado por Carlos Guevara Moreno, le hicieron oposición. La más violenta y corrosiva provino de Guevara en Momento, revista de la C. F. P que, como escribe el biógrafo de Velasco, Rafael Arízaga Vega, «usaba un lenguaje no oído en el Ecuador desde los tiempos legendarios de las campañas de Manuel J. Calle». De ordinario moderado, Plaza Lasso halló una coyuntura legal para silenciar la revista, enjuiciar a los líderes cefepistas y encarcelarlos por más de un año. La clase media simpatizaba con Plaza Lasso, pero el pueblo era velasquista y los marginados empezaban a engrosar el cefepismo. El núcleo de la política económica de Plaza fue la producción. Para moverla se asesoró con numerosas misiones internacionales públicas y privadas y se apoyó en el capaz ministro de Economía Clemente Yerovi Indaburo.

Ecuador se convirtió en importante exportador de banano. Mejoró la producción de arroz, cacao, café, algodón y petróleo. Creció la ganadería. Se tecnificó la agricultura y se combatió la erosión del suelo. Se reforestó. Las exportaciones se duplicaron entre 1948 y 1952 y el dólar se mantuvo en 17 sucres. En 1950, se llevó a cabo el primer censo nacional de población: Ecuador tenía 3 211 916​ habitantes; Quito, 209 932 y Guayaquil, 256 966. Y la CEPAL elaboró el primer informe económico global que se hacía sobre Ecuador. El 5 de agosto de 1949, un terremoto en la provincia de Tungurahua destruyó parcialmente a Ambato, sepultó a Pelileo y arrasó a Pillaro. Ocho mil fueron los muertos y decenas de millares las viviendas afectadas. Ayudado por la solidaridad de los ecuatorianos y de todo el continente, Plaza emprendió con fortaleza y método la tarea de la reconstrucción. El historiador Jorge Salvador Lara juzga así a Galo Plaza: «Sus claras dotes de realismo le hicieron ganar batallas difíciles ante las cuales otros habrían sucumbido o desertado». El sociólogo izquierdista Agustín Cueva anota que «la administración de Plaza representa el mayor logro de la dominación burguesa en el Ecuador».​

Como presidente logró fomentar la exportación agrícola del Ecuador, creando estabilidad económica durante su gobierno. Durante su presidencia ocurrió el terremoto de Ambato, en el cual murieron aproximadamente ocho mil personas, y los daños afectaron las provincias de Tungurahua y Cotopaxi, especialmente en la ciudad de Ambato y los pueblos aledaños de Pelileo y Píllaro. Para su reconstrucción encargó al arquitecto Sixto Durán Ballén dichas labores. Además, fue el primer presidente electo en terminar su presidencia en veintiocho años. En su gestión se restauró el Teatro Nacional Sucre, inaugurado en 1886.

Su estilo de trabajo era sencillo pero intenso, y estableció una jornada única en el Palacio. Empezaba sus labores en su propia casa, ya que no quería ocupar una casa presidencial especial. Con su hábito madrugador de agricultor adelantaba sus responsabilidades y despachaba su correspondencia ágilmente. Después de un largo periodo de incertidumbre democrática, con Galo Plaza empezó de nuevo la estabilidad, lo que lo convirtió en referente para la prensa internacional, ya que Ecuador era «uno de los pocos países libres y democráticos en el Hemisferio Occidental. Sólo en otros cinco países Latinoamericanos hay ahora completa libertad de imprenta: Uruguay, Chile, México, Cuba y Costa Rica» y consideraban que su presidente era un «liberal entusiasta que no ha prometido milagros ni auspiciado teorías revolucionarias».​

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