Tal Día como Hoy

Fuerzas Armadas Españolas (período del franquismo)

Ejército español durante el periodo 1939-1975

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Las Fuerzas Armadas Españolas fueron la institución encargada de la defensa nacional y el orden público de España durante la dictadura franquista. Su historia se desarrolla desde el inicio de la guerra civil, pasando por la dictadura militar, hasta 1978 durante los primeros años de la transición a la democracia.

Durante la guerra civil y la dictadura fueron autodenominadas como Ejército Nacional o simplemente Ejército español. Debido a su fidelidad y obediencia a Francisco Franco, también son conocidas como el Ejército franquista. De hecho, en la dictadura de Francisco Franco se convirtió en uno de los principales apoyos del régimen, y como tal se mantuvo hasta después de su muerte en 1975 y la reinstauración de la democracia durante el periodo de la Transición.

Tienen sus orígenes en las fuerzas que se sublevaron en 1936 contra el Gobierno republicano, dando comienzo a la guerra civil que duraría casi 3 años. Cuando esta finalizó con la victoria de Francisco Franco como dictador absoluto del país, su organización cambió y pasó a burocratizarse su estructura interna, manteniendo un tamaño sobredimensionado en época de paz. El historiador Gabriel Cardona destaca en sus obras la crónica penuria en medios materiales, así como las situaciones de corrupción y nepotismo que no contribuían a mejorar las Fuerzas Armadas Españolas.​ Así, el Ejército franquista constituyó más una fuerza policial y elemento de presión del régimen franquista, pero incapaz de cumplir la función de Ejército moderno que supuestamente tenía encomendada.​

Ya durante la guerra civil el Ejército quedó convertido en nervio central del nuevo Estado totalitario, y a cuya cabeza se situaba el generalísimo Franco, situación que quedó confirmada con la victoria final en la contienda.​ De hecho, el nuevo Estado sublevado estaba prácticamente articulado por una sociedad militar,​ El Ejército había invadido todos los ámbitos sociales y culturales: Por ejemplo el periódico de la Falange, Arriba, había quedado convertido en un mero órgano de información de las Fuerzas armadas.​ Como elemento de poder y apoyo al franquismo, las Fuerzas armadas también participaron activamente en la represión, en especial durante los primeros años de dictadura. Al comienzo de la guerra civil la autorización de las sentencias de muerte solo requería la firma o un simple "enterado" del comandante militar de turno.​ Como Comandante supremo, Franco se reservaba la última palabra sobre las sentencias de muerte o los indultos.​ Del mismo modo que daba el visto bueno a la ejecución, era plenamente consciente de los excesos cometidos por sus subordinados durante la represión, algo que toleraba abiertamente.​

Desde ese momento, las Fuerzas Armadas quedaron envueltas en un monolitismo en torno a la dictadura franquista, en tanto que ellas participan del poder: Su poder se manifestaba tanto en la dirección del país como a través de su influencia en el gobierno o en la administración estatal.​ El Ejército controlaba las Fuerzas de Seguridad (cuya oficialidad procedía del mismo), mientras que también se encontraba muy presente en los cuadros de la administración pública como gobernadores civiles (además de los gobernadores militares), o representantes estatales en consejos de administración o empresas del Institución Nacional de Industria (INI).​

Una escala de oficiales sobredimensionada

En 1968 el Ministerio del Ejército destinaba 17.400 millones de pesetas en remuneraciones al personal, un 82,2% del gasto total del Ministerio, mientras que en inversiones (material, tecnología) solo se destinaban 1.400 millones de pesetas (un 6,5% del total).​ En comparación, el Ministerio de Marina destinaba 3.900 millones de ptas a sueldos de personal (un 57,5% del total de su ministerio), mientras que el Ministerio del Aire destinaba 4.300 millones de ptas (un 47.5%).​ Sumando otros gastos, el total destinado a pagos de personal era de 28.707 millones de pesetas.​ A los sueldos de personal se sumaban los destinados a las fuerzas de seguridad, que sumaban cerca de 90.000 efectivos y estaban repartidos de la siguiente manera: 8.200 funcionarios del Cuerpo General de Policía, 20.000 efectivos de la Policía Armada y otros 60.000 de la Guardia Civil.​ Para entonces los gastos militares representaban hasta un 17% de los presupuestos generales del estado, que se elevaría hasta el 19 o 22% sumando los presupuestos de las Fuerzas de seguridad.​

Hacia 1970 la macrocefalia de oficiales continuaba: De 289.000 efectivos que tenían las fuerzas armadas (sin contar los de las Fuerzas de seguridad), 824 pertenecían a la escala de generales y de ellos solo 216 se encontraban en puestos activos.​​ Todavía en los años 70 buena parte de la oficialidad de las Fuerzas armadas seguía manteniendo sueldos muy bajos, por lo que se seguía recurriendo al pluriempleo tanto en la administración pública como en empresas privadas.​

La Organización territorial del Ejército de España en 1936, justo antes del inicio de la guerra civil española, se articulaba en once mandos militares territoriales de tipo divisionario. Ocho de ellos eran las Divisiones Orgánicas, otros tres las Comandancias Militares y el último correspondía al Territorio de Marruecos. Tras el comienzo de la contienda, esta estructura se vio fracturada en dos estados y quedó completamente alterada.​

Según el historiador Francisco Alía Miranda, tras el golpe de Estado en España de julio de 1936 el reparto de generales, jefes, oficiales y cadetes entre los dos bandos fue de 8.929 situados en la zona republicana y 9.294 en la zona rebelde, y en cuanto al reparto de los efectivos 116.501 quedaron en la zona republicana y 140.604 en la zona rebelde, incluyendo a los 47.127 militares que integraban el Ejército de África, la unidad militar española más preparada y con mayor experiencia de combate, lo que hace que el balance de fuerzas sea favorable en este punto a los sublevados. Otro elemento favorable a los sublevados fue que mientras los generales y altos mandos se mantuvieron mayoritariamente leales a la República, los jefes y oficiales intermedios se sumaron en buena parte a la sublevación, y además si se considera la evolución durante la guerra civil española el dato también es muy favorable para los sublevados, pues mientras durante ese tiempo la plantilla de jefes y oficiales del bando rebelde fue creciendo hasta alcanzar los 14.104 efectivos el 1 de abril de 1939, la del bando republicano fue disminuyendo hasta quedar reducida a 4.771, debido fundamentalmente al pase al bando rival de muchos jefes y oficiales en el transcurso de la guerra. Como ha señalado el historiador citado, hay que tener presente que la mayoría de los 18.000 oficiales que había en España en julio de 1936 aplaudieron el golpe, ya que predominaba entre ellos una mentalidad conservadora, corporativa y militarista.​

Los planes trazados por el general Mola fracasaron cuando a comienzos de agosto se hizo evidente que la sublevación había fracasado en tres quintas partes del país, pero a comienzos de septiembre parecía que los sublevados iban camino de obtener la victoria militar en su lucha contra la Segunda República.​

El 28 de septiembre se celebró en las cercanías de la ciudad de Salamanca una reunión de la Junta de Defensa Nacional donde los principales líderes militares del bando sublevado acordaron nombrar al general Francisco Franco como generalísimo de los ejércitos y jefe de Estado durante el periodo de guerra.​ Aunque la propuesta del general Alfredo Kindelán contemplaba que el nombramiento fuese durante el periodo de guerra, en el decreto no figuró esa limitación:​

El 1 de octubre Franco se instaló en Burgos como nuevo jefe indiscutible de los sublevados, con la confianza de que Madrid caería en cuestión de semanas y más preocupado por la organización política del nuevo estado sublevado que se fraguaba en aquellos momentos.​ En uno de los primeros decretos del nuevo Boletín Oficial del Estado se confirmaban la existencia de los Ejércitos del Norte y del Sur, que en aquel momento eran las unidades militares de mayor tamaño e importancia.​​ El general de división Queipo de Llano quedó encargado de los frentes de la II División Orgánica y de la provincia de Badajoz, en lo que se constituyó como el Ejército del Sur.​ El Ejército del Norte será mandado por el General de Brigada Emilio Mola Vidal, responsable de toda la zona norte de los sublevados, incluyendo el Cantábrico y los puertos de Somosierra y Guadarrama.​ El general Orgaz fue nombrado alto comisario español en Marruecos, mientras que el teniente coronel Juan Luis Beigbeder fue nombrado su ayudante como delegado de Asuntos Indígenas.​

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